Jean Michelle Jarre, Oxygene Tour
Cuando la electrónica no era sólo música de baile.

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  23 de Abril de 2008: Auditorio Miguel Delibes

Hubo un tiempo en el que la música electrónica no existía como tal. Si es cierto que artistas como Brian Eno, Tangerine Dream, Pink Floyd, Walter Carlos y otros tantos habían explorado música ambiental y electrónica mucho antes que Jarre, y los sintetizadores ya existían desde hacia tiempo pero la gente en general pensaba que la electrónica era para ingenieros de sonido, músicos de estudio, locos de la performance y un puñado de enfervorecidos fans. Aquí está el papel de Mike Oldfield con "tubullar bells" y Jarre en la historia, con "Oxygene", su segundo álbum, consiguió que millones de oyentes abrieran sus oídos a este nuevo sonido. Fue el big bang de la electrónica a nivel comercial.

Pues bien 30 años después Jarre se decidió a regrabar este hito y representarlo por Europa con los antiguos sintetizadores con los que se grabó el primero, hoy piezas de museo de gran valor (el propio Jarre los compara presuntuosamente con stradivarius) ya que han sido sustituidos por ordenadores.

Con el auditorio a rebosar, las entradas volaron poco después de ponerse a la venta, el publico era variopinto. Desde niños de 9 años hasta gente que rondaba los 70, todas las posibles franjas de edad estaban cubiertas. Lo único en común era la excitación que se palpaba en el teatro.

A las 9.15 se apagaron las luces al tiempo que se silenciaba unos de los tracks del músico que amenizaba la espera y teatralmente apareció Jarre de una silla-huevo saludando a la audiencia y dando una pequeña charla en la que recordaba el tema ecológico que preside el álbum, incidía en la importancia de los instrumentos y presentaba a los músicos que le ayudan en la interpretación, en su inglés afrancesado y con la ayuda de un traductor.

Aunque la gira ya casi lleva un mes rodando (comenzó el 16 marzo y lleva 20 conciertos) el concierto no comenzó sin un simbólico afinado de los por lo menos 50 sintetizadores que a modo de cabina de mandos de una película de ciencia ficción de los 60 rodean a los músicos en el escenario. Simbólico porque aparte de la evidente prueba de sonido que se ha realizado al acoplar estos instrumentos en el escenario y que ya llevan un recorrido como para sonar a la perfección la intención final es (posiblemente) que mas allá de los que nos han dicho acerca de la dificultad de recrear este disco con esos, digamos, cacharros lo apreciemos con nuestros propios ojos y quizás tengamos una tolerancia mayor a cualquier fallo.

El nuevo preludio inició el concierto y dejó paso a la suite del Oxygene. A medida que las primeras notas de la melodía de Oxygene 1 se introducían, el publico aplaudía fervorosamente. La primaria iluminación inicial, sólo con los teclados y sintetizadores que rodean a Jarre totalmente expuestos bajo una intensa luz azul sobre cada uno emulando un circulo, se rompe en este momento jugando con la acción solista sobre el instrumento que esta siendo tocado en cada momento, pasando a un amarillo que contrasta con el resto de los azules y va saltando a medida que este va siendo usado.

Como apreciaremos a lo largo del concierto la iluminación y efectos visuales, aunque mas recatados que en otras performaces, han sido cuidadosamente estudiados. Jarre sabe que cuatro tipos enfrascados en sus teclados y sin mucha posibilidad de movimiento no es precisamente divertido o empático a la hora de transmitir a la audiencia así que por lo menos engaña nuestro ojo.

Avanza Oxygene 1 acercándose al latido inicial del segundo ‘movimiento’ y baja del techo una gigantesca barra de neón que se para a 5 metros de los músicos, aportando distintas tonalidades cálidas (que van desde el morado, rojo o amarillo al blanco), mas luz sobre toda la maquinaria del escenario y un punto ochentero indiscutible. Coincide con uno de los pocos momentos libres que tiene Jarre, que aprovecha para saltar y aplaudir al ritmo siendo rápidamente imitado por la ensimismada audiencia.

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Musicalmente la recreación es literal. Salvo unos solos de piano en el Oxygene 2, el solo de Theremin que veremos en Oxygene 3 y mas adelante con el Moog Liberation (un teclado portátil con sintetizador para efectos tipo órgano) Jarre añade, quita y modifica las capas de sonido rigurosamente como en la grabación original, siendo el resultado un impecable Oxygene que no gana en emoción al ser interpretado en directo pero se aprecia mucho mejor.

Al pasar por Oxygene 4, la insignia mas característica de este disco y quizás lo que ha traído a mucho del público de esta velada. Se nos presenta otro nuevo truco: un espejo gigantesco desciende y se coloca en 45º sobre los músicos de tal forma que todos los presentes somos introducidos en el escenario, reflejando perfectamente cada movimiento de los 4 músicos con Jarre al frente en su círculo de máquinas. La iluminación no se queda atrás, en este caso todos los sintetizadores comparten una misma base luminosa pero un color claro va frenéticamente saltando de teclado a teclado, esté o no esté siendo usado, a un ritmo que acompasa a la música. Un truco efectista digno de ver.

Casi al final del concierto se despliega la pantalla al fondo de los intérpretes y vemos la famosa pintura del mundo-calavera con una infografia en 3D. Sinceramente uno puede pensar que podían haber sacado mas partido de estas proyecciones, pero a mi juicio el resultado en cuanto a la iluminación era todo lo íntimo que requería el disco.

Finalizó la suite original (recordemos que abarca Oxygene 1-6) y como ha hecho en otros conciertos de esta gira cierra con Oxygene 12 (de la segunda parte de este disco que se grabó en 1997, 20 años después) una pieza mucho mas cercana, accesible y sencilla que fue de las pocas aplaudidas antes de concluir.

Y terminó. Bueno después de conseguir un bis del tacaño Jarre que fue sacado por el publico con sus aplausos en tres ocasiones de detrás del escenario, hasta que por fin él solo interpretó Oxygene 13. La presentación había acabado con la sensación de haber visto un espectáculo único en estos dias, visualmente llamativo y no precisamente apto para todos los oídos a pesar de la gran cantidad de público.

Texto por David González
Fotos por Víctor Alonso
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