MARINA HEREDIA
Café España, Valladolid

25 Enero 2008

por Ana Alvarado

 

 

 

 

La granaína Marina Heredia dejó su impronta en el Café España, tras un recital basado casi en su totalidad en cantes de su zona, y con la única concesión a Jerez de unas bulerías. En el resto del programa, Marina demostró, con una acertada elección de cantes, que es uno de los valores más firmes dentro del panorama flamenco y que su evolución y aprendizaje bien merecen la pena ser esperados.

La imponente presencia de la cantaora llena el escenario, y su seriedad ya avisa de que no va a "aliviarse", a pesar de que comenzó con unas Alegrías con las que fue calentando la voz para pasar acto seguido al cante por Malagueñas rematadas por dos Fandangos del Albayzín, en lo que ella llamó "una especie de rebujo", Fandangos, que por cierto, tenían un fuerte parecido con los Verdiales. No en vano todo viene de lo mismo. Ecos muy antiguos en estos Fandangos-Verdiales y clásica la Malagueña, cantada como todo en Marina con una especie de aparente naturalidad y facilidad que no es tal: se pelea los cantes y suple sus limitaciones con  buen gusto y armonía. Continuó con Soleares, pieza básica en cualquier repertorio flamenco y remató la primer aparte con unos especiales Cantes de Levante, el primero de los cuales era una Minera muy sentida, mezcla de taranta y minera, en cuya interpretación demostró ser capaz de aunar con inteligencia ortodoxia con aires innovadores sin que nadie se tenga que rasgar las vestiduras.

Comenzó la segunda parte del recital con una Granaína en la que una vez más los presentes evocamos la voz de la maestra, Carmen Linares, figura que estuvo revoloteando toda la noche por el Café. Sin tener ni la misma voz, ni los mismos registros ni la misma capacidad, Marina recuerda a Carmen, lo cual es una buena noticia, porque tiene muy buen referente. Siguió una serie de fandangos con tres finales de Alosno, sones otra vez antiguos y una interpretación impecable del cante por Tangos. El final fueron las tradicionales Bulerías, las primeras de las cuales dedicó a la figura de Joselito (no en vano está ligada por matrimonio a un profesional de la tauromaquia), momento en el que, descalza y en pie, fue marcando el compás con los pies y las palmas, demostrando su categoría flamenca, pero eso sí, dentro de una seriedad que exhibió toda la noche. La mención a los barrios flamencos de Santiago y San Miguel fueron la única alusión a Jerez en todo el recital, al que de propina, y sin micrófono, añadió otro par de Fandangos. 

En el haber de esta joven cantaora se encuentra sin lugar a dudas su sentido de la armonía, su gusto al recrear los cantes antiguos y hacerlos suyos con su personal manera de interpretarlos y su presencia flamenca rotunda.
En su debe, la falta de remate en la mayoría de sus cantes, tal vez por algún problema de salud que parecía tener la otra noche. No obstante, Marina encandiló y emocionó al público, y la gente terminó hablando y discutiendo de flamenco, y eso ya es mucho.

Del guitarrista, Luis Mariano, cabe decir que es un joven que acompañó muy bien a la cantaora, y que su interpretación destila clasicismo con toques de modernidad muy medidos. Tendremos la oportunidad de volver a verle en fechas próximas.

txt. ANA ALVARADO (enero 2008)
fotos Fernando Fuentes


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