The Bongolian.
Bar Porta Caeli. Valladolid
9 - Septiembre - 2008

Segunda visita de los estupendos "The Bongolian" a Valladolid, formando parte de una de las muchas giras que acostumbran a hacer por el territorio nacional. No en vano reconocen encontrarse aquí como en casa, y así nos lo hicieron notar el pasado Martes.

La formación ha sufrido ligeros cambios con respecto a su anterior visita. Si en el concierto de "La Polar" les acompañaba Bruce Brand a la batería, ésta vez vino el que debe de hacer las sustituciones en los "Pantera", a tenor por cómo le daba a los parches...Bromas a parte, hay ciertos estilos musicales en que es más importante lo que no se toca que lo que sí. La guitarra de Bradley Burges también fué sustituida ésta vez por un piano Rhodes que aportaba el "colchón" sonoro necesario y también contestaba los solos de teclado de Nasser; muy eficaz.

Desde las primeras notas se nos animó a vencer la acostumbrada distancia de seguridad que solemos guardar por expectación o por mera timidez. La gente conectó enseguida. No en vano, se trata de una música "fácil"...muy cercana...oida/intuida tantas veces en las pelis españolas de los 60 y puesta ahora al día por formaciones más conocidas como "Frak Popp Ensemble" o los más veteranos "James Taylor Quartet". Para entonces el bar ya presentaba una entrada inferior a las grandes ocasiones, pero con toda la zona de la pista completa.

Hay matices que hacen de "The Bongolian" algo realmente original; a veces psicodelia, a veces acid jazz, a veces boogaloo...R&B. Los temas son repetitivos, como mandan los cánones de toda música enfocada al baile, pero no están exentos de sorpresivos cortes que rompen para después recuperar el "groove" con más fuerza si cabe. Su estructura no es cerrada y, tal como hacen los combos de jazz, los músicos están siempre pendientes de las señas que Nasser va dando para pasar de una parte a otra. También hay bajones/subidones, como los del tecno maquinero actual...ásperos solos de Hammond que alternan con percusiones latinas...Pocas letras, fácilmente coreables; a la segunda todo el mundo se sabía los estribillos, ante la aparente sorpresa de la banda, que se daba cuenta de lo bien que lo pasábamos.

Nadie perdía ripio de lo que ocurría en el escenario y en cuanto terminaron, enseguida tuvieron que marcarse unos bises ante la insistencia popular. Gusta ver que semejante propuesta goza de aceptación entre un público presumiblemente más habituado a los guitarrazos y a las canciones con estrofa y estribillo de toda la vida.

Total; disfrutamos de un conciertazo de lujo, a la altura del gran nivel de las grabaciones llevadas a cabo por Nasser en el estudio, pero con toda la magia del directo.

Gracias de nuevo a las gentes del Reducto Sónico por mantener éste nivelón.

Fdo. Floro

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