“Cruce de Vias”:
Consuma bajo su responsabilidad

  14, 15 y 16 de Marzo de 2008: Palacio de Congresos de Valladolid

Con gran entusiasmo y expectación, ocupamos varios redactores el día del estreno nuestras butacas del Auditorio de la Feria de Muestras de Valladolid ajenos al bochornoso espectáculo de tres horas de duración que se nos avecinaba. Una vez sentados, vemos la burda estructura de aluminio que decora el escenario principal dividida en dos niveles con pantallas de proyección en el nivel superior, que desprende un tufo a esos cutre decorados de los programas de TV casposos donde bailan chicas en minifalda... y no íbamos muy descaminados.

Tras más de veincitinco minutos de retraso, comienza la actuación: Un texto de chat en la pantalla central del escenario. Son los dos protagonistas planeando conocerse tras haber hablado un largo tiempo por internet. El público sonríe. Es una buena forma de empezar, actual, fresca, cercana, desenfadada... Seguidamente, una imagen en 3D de un tren nos mete en situación; estamos en una estación, personalizada para la ocasión con un letrero de La Cistérniga, otro buen punto para ganarse al público. Por fin aparecen los actores cuyo primer diálogo es algo así:

-¡Tío! ¡Qué super-fuerte que te vayas! ¡Te hemos traído una sorpresa!

Y de pronto y sin saber muy bien cómo, el escenario se convierte en una auténtica locura sinsentido.

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Los actores cantan en inglés, algo que no viene al caso, y aparecen bailarines que, tan absurdamente como se introducen en la acción desaparecen, dejando la sensación de "¿Qué demonios ha sido esto?" (aka WTF?)

Bueno, estamos empezando...

El protagonista toma el tren, llega a su destino y comienza a cantar "Everybody needs somebody", de nuevo sin relación alguna con la acción. A partir de ahí, nuestra desilusión crece de manera exponencial con cada minuto que pasa, sonando sucesivamente temas metidos con calzador en escena: "Sex Bomb", "Great Balls of fire" con las bailarinas vestidas de cabareteras... en fin...

Pronto nos percatamos de que no sólo las canciones no tienen nada que ver con la acción transcurrida ni el estilo es coherente, sino que ni se preocupan por hacer una mísera versión de ninguno de los temas. Este grupo de "profesionales" se dedicaron a reproducir íntegramente las canciones igual que sus autores, limitando de esta manera a los músicos (lo mejor del musical). Los pocos coros que hubo (porque los tenía la canción original por supuesto) fueron bastante mediocres, acordes eso sí, a la mediocridad de los solistas. Tan solo se salvan de la quema los dos protagonistas. Además, de vez en cuando algún cantante nos asombraba liberando un bonito gallo o desafinando que, unido al excesivo volumen de los micrófonos, era una auténtica delicadeza y al menos nos hacía reir a los asistentes y alegrar algo la velada.

Seguidamente, del escenario, ahora "ambientado" como un bar de ambiente, sale una travesti reinona que no duda en bajar al patio de butacas y hablar con el público sucediéndose las mismas bromas, situaciones y actuaciones que este tipo de personajes ofrecen en los espectáculos. "It's rainning men" y "I'm outta love" se suceden en el espectáculo gayer mientras el público aguanta decenas de flashes y láseres en la cara que parecía estar escaneándonos la retina para entrar en nuestros cerebros y sugerirnos un buen sabor de boca al término del musical. Las coreografías que acompañan parecen salidas de las mentes de cuatro quinceañeras de instituto carentes de cualquier tipo de originalidad, haciendo que los bailarines desaprovechen por completo su (suponemos) calidad. Decenas de "actores" disfrazados de locas reinonas al son del himno de la YMCA remató esta primera historia tras la que muchos ya deseábamos el descanso para poder huír despavoridos del recinto.

Decidimos otorgar al equipo una última oportunidad permaneciendo hasta la segunda historia, que comenzó destrozando el himno del soul "Georgia on my Mind" que apunto estuvo de levantar al difunto Ray de su tumba... Como era de esperar, el argumento y diálogos de esta segunda historia suponemos también lo escribieron tres niñas de once años en la media hora de retraso inicial del espectáculo...

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Desaprovechada la pantalla 3D, esa de la que tanto se jactaban en su nota de prensa, no hizo más que mostrar absurdas infografías a lo largo de toda la obra que más bien parecían protectores de pantalla de Windows 95, llegando incluso a introducir pubicidad de los patrocinadores del evento; algo realmente cutre y casposo que parecía salir de las manos de Jose Luis Moreno.

Tópico tras tópico se suceden en una historia protagonizada por snobs que acuden a un lounge y una galería de arte que acabó ofendiendo nuestra inteligencia. Tras ello, ¡por fin el descanso! No nos lo pensamos ni dos veces y marchamos despavoridos a tomar unas cañas para quitarnos el mal sabor de boca de las casi dos horas de infierno soportados ¡y quedaban otras dos para el resto de asistentes! (que por cierto no llenaban ni el 60% del aforo)

En definitivia, si estáis pensando en ver un musical, planteáos si queréis ver un sketch de Noche de Fiesta alargado hasta los ciento-ochenta minutos en los que la creatividad y pretensiones artísticas son nulas, o si por el contrario preferís disfrutar de un MUSICAL. Si os decantáis (esperamos) por la segunda opción, pasáos por Madrid o por cualquiera de las obras maestras de la cartelera Londinense o bien, sin salir de nuestra ciudad, podéis darle una oportunidad a los grupos amateurs que no dispondrán de pantallas 3D pero tienen mil veces más imaginación y talento y ni una décima parte de pretensiones.

texto por Maggie y Vito
fotos por Vito

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