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El espectáculo estaba condicionado por el público, que mayoritariamente rondaba entre los 2 y 10 años en las primeras filas y los padres en un segundo plano, lo que hace más difícil la interactuación entre el mago y el público, aunque Gori supo entender la situación y solventarla mediante chistes y gracias con doble sentido, lo que hacía las delicias de peques y papás.
De este modo nos acercó a los malabares, espectáculos de magia con cuerdas, pañuelos… y, como no, un papel muy importante fue ocupado por el teatro, con la participación de dos personajes del público, y la globoflexia, donde parece que Gori se encuentra muy a gusto con su perro Camarero (el que nunca viene y el que mejor se hace el muerto). |