Manos de Topo
Sala Polar. Valladolid. 11 de abril de 2008

Casi una hora después de lo anunciado, a eso de las 23:00, los chicos de Manos de Topo se subieron al escenario de la planta baja de la Sala Polar. Parece que por estos lares la hora de comienzo del concierto se está convirtiendo en la hora de apertura de puertas, aunque en las entradas y carteles decía claramente que el concierto empezaba a las 22:00. Deber ser que ahora vivimos en Canarias.

El grupo más amado y odiado de la actualidad musical española comenzó el concierto con ‘Brumel’, ‘No doy la talla’ y la conocida ‘El cartero’ (primer single del disco). La pose del vocalista y guitarrista Miguel Ángel fue completa cuando además de acentuar más si cabe su característica forma de cantar, decidió clavar la mirada (como si de un loco psicópata se tratara) en el público mientras seguía con los temas como si nada. Así la pose era total y queda claro que aunque se presentaran como “somos Manos de Topo y no tenemos talento” creo que se podría traducir muy libremente como “somos Manos de Topo y tenemos talento, pero queremos haceros creer que no lo tenemos y así todos juntos nos reímos de nosotros mismos”.

Luego siguieron otro par de canciones de su primer y sorprendente disco, Ortopedias bonitas (La Colazione, 2007) y un luego un pequeño parón cuando el bajista Pau hizo un muy aplaudido baile para el público. Después ‘Morir de celos’ y un tema inédito que comienza así: “Deberías dejar / de hablar con extraños / y tratar de olvidar / cómo hacerme daño”. Uno de los momentos más freaks de la noche llegó cuando Alejandro Marzoa cantó (y horriblemente mal, como debe ser) una canción del colegio de los Maristas, acompañado por los exmaristas que se encontraban en la sala.

El resto del concierto siguió siendo tan rotundo como el disco (a los que no les gusten las canciones de estudio que no se esperen otra cosa) y extrañamente a lo que uno pensaba, nadie abandonó la sala Polar antes de tiempo (excepto una amiga, aunque por motivos diferentes a los musicales), aunque sí que es cierto que entre copa y copa y bla bla bla, hubo gente que estuvo a todo menos al concierto (y casi es preferible que se vayan a que molesten a los que van a disfrutar de la música).

Y de regalo tocaron otro tema inédito llamado ‘No es un francés cualquiera’ y una excelente versión del tema de Sergio Dalma ‘Bailar pegados’, que la verdad encaja a la perfección con su discurso de canciones de amor y desamor. Ojalá veamos esta versión en un futuro disco (¿tal vez en un “grandes éxitos de otros”? Visto lo visto sería fantástico, aunque no sé hasta qué punto les haría gracia a los artistas originales).

El concierto lo cerraron con ‘La estatua de la libertad’ y ‘La chica tripolar’, algo más de una hora de música topil para el público vallisoletano. Al acabar se escucharon muy diversas opiniones (aunque la gran mayoría favorables), imagino que dependiendo de quienes los habían escuchado más o menos en su casa, aunque en lo que sí que no hubo discusión alguna fue en las bonitas camisetas: ¿quién no se llevó una?

José Luis Merino

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