Bebo y Chucho Valdés

  JUNTOS PARA SIEMPRE

por Borja Sánchez Mayoral

 4 de Noviembre de 2008: Auditorio Miguel Delibes, Valladolid

El hecho de que nos hubiera visitado Bebo o Chucho Valdés hubiese sido un acontecimiento a tener en cuenta, pero la presencia de padre e hijo compartiendo escenario supuso una oportunidad histórica para apreciar el talento de estos dos gigantes de la música latina. Antes de comentar su actuación es conveniente aportar unos breves apuntes a modo de recordatorio: Bebo empezó su carrera en los años 40, se exilió de Cuba tras la Revolución de Fidel Castro en 1960, pasó bastante tiempo en Estocolmo y recuperó su espacio musical a partir de mediados de los 90 gracias al disco ‘Bebo Rides Again’, la repercusión del documental de Fernando Trueba ‘Calle 54’ y el éxito del disco ‘Lágrimas Negras’ grabado con el cantaor Diego El Cigala. Chucho empezó a tocar el piano a los 3 años de edad, realizó estudios musicales, actuó con su padre, formó parte de La Orquesta Cubana de Música Moderna y fundó en 1973 un grupo fundamental en la escena, Irakere, aumentando su prestigio. Como puede verse, trayectorias diferentes para unos artistas que, en definitiva, comparten las mismas raíces en el terreno musical y que han estado demasiado tiempo separados.

En junio 2007 se reunieron para grabar el excelente ‘Juntos Para Siempre’, su único álbum firmado conjuntamente (anteriormente habían grabado dos temas –“El Manisero” junto a Paquito D’ Rivera y “La Comparsa” para ‘Calle 54’-) y dieron unos conciertos. Recientemente, el 9 de octubre de 2008 (fecha en la que Bebo y Chucho cumplían 90 y 67 años respectivamente), se puso a la venta el disco citado, al que se sumó una breve gira de presentación. El ambiente relajado y familiar que rodea ‘Juntos Para Siempre’ (una colección de clásicos cubanos, standards de jazz y composiciones propias) se hizo palpable en su actuación de Valladolid, que se inició con el tema de Ernesto Lecuona “La Comparsa”. A lo largo del concierto se interpretó el nuevo álbum (“Tres Palabras”, “Son De La Loma”, “Lágrimas Negras”, etc) junto a otras joyas que permanecen en la memoria de ambos pianistas y tanto han significado para sus vidas, como la “La Negra Tomasa” y “El Manisero”. Algunas piezas se tocaron en solitario, aunque la mayoría fueron conjuntas, en las que en ocasiones uno llevaba el peso y el otro le complementaba, cediéndose el protagonismo y consiguiendo mantener diálogos fluidos fruto de una sana complicidad y una buena compenetración.


La Comparsa (‘Calle 54’, Fernando Trueba 2000)

Elegancia y sutileza eran unas constantes en el discurso pianístico, ya fuera en momentos luminosos y coloristas, en pasajes ocres y otoñales o en los cambios de registro y vericuetos escogidos, dando como resultado interpretaciones generalmente concisas. En el standard compuesto por Vincent Youmans “Tea For Two” Bebo pidió que el público acompañara con las palmas y, al igual que ocurrió con “Perdido” de Juan Tizol, el efecto del corte se resintió por la descoordinación entre la musicalidad de los pianistas y el ritmo que llevaban los animados espectadores. A partir de “Descarga Valdés” (con un papel aquí destacado de Chucho), el concierto fue ganando intensidad, incluyendo una versión de “Sabor A Mí” de interesantes matices y otras piezas de notable ejecución. Llegando al final tuvo lugar una situación entrañable en la que ambos músicos compartiendo el banco tocaron en un mismo piano, en lo que parecía una visión del pasado trasladada al presente, donde padre e hijo -maestro y alumno -aprenden mutuamente y comparten su sabiduría.


Tres Palabras

Al asociarse la naturalidad y delicadeza de Bebo con esa cadencia y toque característicos con la versatilidad de Chucho, un pianista de impresionante técnica que se mueve cómodamente entre filigranas y notas más simples, el resultado irradia calidad y emoción. Un espectáculo que disfrutó un auditorio lleno y entregado a la música sabrosa de estos confidentes del piano.

BORJA SÁNCHEZ MAYORAL

 

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