JULIO DE LA ROSA
Auditorio de Fonseca (Salamanca).
06 de febrero de 2009.

 

 

Es triste, pero es cierto. La oferta musical indie en Salamanca está en estado terminal. Saltar por los MySpaces de los grupos que marcan tendencia sólo sirve para descubrir una y otra vez la misma realidad: no hay paso por Salamanca, es una pena. Con todo, siempre se escapan algunas excepciones.

La Universidad mantiene una pequeña programación de música pop en el Auditorio Fonseca, con entrada gratuita además. Y, al igual que pasase con Russian Red, aparecen ‘caramelos’ en forma de artistas que ofrecen propuestas interesantes. Turno para Julio de la Rosa.

El jerezano ha tomado carrerilla y pasado alguna reválida pendiente con la publicación de un disco muy atractivo, ‘El espectador’ (2008), cuyo directo es de los que dejan indiferente a pocos. En este caso, a un público poco bullicioso (la audiencia está sentada en Fonseca) pero atento a todo lo que surgía del escenario.

Quedan lejos sus años en el Hombre Burbuja (2002) y no hay mucha actividad en el grupo Fantasma#3, tiempo para romper en solitario. Y así se enfrentó en los primeros pasajes al concierto. Solo sobre las tablas, a toda luz, con su guitarra y su voz para empezar a recordar temas de sus anteriores trabajos, ‘M.O.S.’ (2004) y ‘Las leyes del equilibrio’ (2006).

Y como las canciones, introspectivas y relajadas, fueron apareciendo poco a poco los acompañantes de Julio en el escenario, quienes iban aumentando progresivamente los tempos y la energía de los temas. Una base rítmica de bajo y batería muy definida, la densidad de las guitarras de Pau Roca (La Habitación Roja, Fantasma#3, Electra) y Abraham Boba saltando entre el piano y el acordeón, forman una barrera de sonido sólida, pero logran sonar alto y limpio.

Así, De la Rosa desgranó una a una las canciones de ‘El espectador’ con el denominador común de jugar mucho con la voz y de reproducir de forma fiel gran parte de los arreglos del disco. Cayeron temas ya destacados en su discografía como ‘La cama’, ‘El transformista’, ‘Cosas que pasan’, ‘Caradura’, ‘Amigos de mirar’… un derroche de decadencia y una imagen bohemia de todos ellos sobre el escenario, sumidos en los claroscuros de las propias canciones.

El final también fue en solitario para Julio de la Rosa. Sentado, cercano y, como él mismo dijo “así mola más, antes de los bises se marchan a los que no les ha gustado y os quedáis a los que sí”.

Rubén Arévalo

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