THE SOUNDTRACK OF OUR LIVES
– KAFE ANTZOKIA – BILBAO 
9 DE DICIEMBRE 2009
 


No es la primera vez que oimos, dicho por los medios y cronistas del ramo musical, que los TSOOL tienen uno de los mejores directos de la actualidad, si no el mejor. El pasado miércoles, en el Kafe Antzokia bilbaino volvieron a demostrar por qué lo dicen. Cuatro veces hemos visto a estas bestias pardas de la escena underground (aunque cada vez les va menos el término, sobre todo si vemos un Kafe Antzokia con el aforo cubierto y los requerimientos de merchandising a la salida del concierto) y las dos últimas han sido, sin dudarlo, las mejores (en el Azkena Rock Festival plantearon un concierto a degüello, sin respiro, que para mi fue uno de los mejores del festival junto al revival soul también grandes triunfadores).

El rock escandinavo lleva bastantes años dando en el clavo a la hora de pulsar la tecla que permite facturar un rock rocoso, aguerrido, con garra, pero en ningún momento exento de melodía. Nos vienen a la cabeza los Hellacopters, Gluecifer, Yum Yums, Mando Diao, etc y, en mi opinión a la cabeza de todos ellos los TSOOL, con una suerte de rock ‘n’ roll que bebe de las fuentes de la psicodelia más lisérgica lo que le permite ganar matices que otros no abordan y que dotan a sus canciones de un rasgo distintivo propio, de un influjo casi hipnótico para quienes las oyen. Su último disco, por otra parte, añade a todo esto un cierto toque comercial lo que no le hace perder ninguna de sus características y le permite ganar nuevos adeptos para la causa. Desde luego, no es obstáculo para que lo consideremos el mejor de su discografía y eso que ante un disco doble tuvimos nuestras dudas.

Pero donde realmente se disfruta de todos estos grupos es en directo. Los TSOOL salieron a morder y lo consiguieron con un show bien planteado en el que todo parecía ir in crescendo: el sonido (quizás un poco apelmazado, sobre todo desde las primeras filas), las canciones, la actitud tanto de público, como de los miembros del grupo y la atmósfera que poco a poco parecía ir envolviéndonos. Un concierto que nos enganchó y ya no nos soltó hasta el final; planteado sobre la base de su último disco, supieron colocar los pildorazos necesarios de sus primeros discos para aumentar la tensión y la intensidad como hacía tiempo que no veíamos hacer a nadie.

Si sus temas señeros rezuman fuerza y contundencia, sus canciones más tranquilas enseguida empezaban a crecer y a desparramarse por el escenario al mismo tiempo que los miembros del grupo. El ensotanado cantante, Ebbot Lundberg, bramaba por el escenario y entre el público, el teclados se contorsionaba sobre su instrumento del que saca chispas, el bajo y batería se mantenían imperturbables dentro de lo posible (como toda sección rítmica que se precie que para eso son el sustento de todo el cotarro) y los guitarristas ejercieron como tales con poses, muecas, gestos y saltos por doquier, gustándose, sobre todo Mattias Barjed, vestido de rojo y amarillo para la ocasión (qué coño, sobre gustos no hay nada escrito).

Momentos culminantes hubo unos cuantos, coincidiendo casi siempre con sus temas más antiguos, excepción hecha del “Lost prophets in vain” y “Thrill me” que si en vinilo suenan como un tiro, en directo adquiere una consistencia que ríanse ustedes de una carga del Séptimo de Caballería.

Los que asistimos a esta gozada de concierto quedamos citados, sin dudarlo, para su nueva entrega. Esperamos que mantengan Bilbao (o alrededores, vale) como una de sus plazas fuertes y que, como poco, mantengan la ilusión y las fuerzas, para permitirnos salir de sus conciertos con la convicción de que no hay nada más fascinante que un concierto de rock ‘n’ roll ejecutado con furia, con ganas, con pasión.

Texto y fotos Larrypas

 

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