ALBERT PLA

    Teatro Carrión, Valladolid
     14 de noviembre de 2009

 

Al entrar en el teatro Carrión (sólo medio lleno esta vez, me pregunto por qué…) notas un zumbido como de masa de amplificador que te molesta. En el escenario sólo un gran ampli Marshall, un enorme reproductor de cassete de los antiguos y un panel con focos al fondo.

No tarda en aparecer cruzando el patio de butacas el duende Albert, vestido con el harapo habitual, y una Stratocaster colgada. Nada más llegar se pone a dar golpes al ampli hasta que desaparece el ruido y de pronto sientes ese alivio de que desaparezca una molestia de la que ya no eras consciente. Albert mira con expresión de triunfo al público. Se apagan las luces. Se ha hecho el dueño de la sala de un solo golpe.

Y seguirá siendo dueño durante la hora y media aproximada que dura el espectáculo, él solo con su guitarra que rasguea con pulso minimalista. Más narrativo que otras veces y menos apoyado por el play back que aparenta accionar en su reproductor de cassete. No hay cuartel, mantiene en vilo a todo el mundo con sus historias que van de lo cómico a lo trágico, de lo más truculento a lo más cursi, zarandea al respetable a su antojo.

El espectáculo se inicia con Sargento Pérez, historia de un sereno violento y malhechor que acaba siendo asesinado por un comando “terrorista feminista” que se reúne en los locales de una peluquería. Luego Corazón, que habla de personas cuyo corazón les abandona por las noches, por lo que se ven obligadas a cometer actos terribles de maldad. Siguen la mayoría de los temas de su último trabajo publicado, La diferencia , que si bien no es su mejor disco, saca buen provecho de los géneros más festivos y taberneros que existen, de la ranchera al country pasando por el rock duro y la rumba. Destaca La colilla , historia surrealista de cómo una colilla en la boca de un “espalda mojada” decapitado consigue quemar enteros los Estados Unidos de América. Nos llevó luego de juerga por toda Catalunya, de Puig Cerdá a Amposta, en compañía de su amigo Quim, consumiendo toda clase de sustancias y conociendo a todo tipo de personajes, cuando en realidad sólo había bajado de casa para tirar la basura .

En realidad con todos los temas consigue hipnotizarte su capacidad para contar historias y ambientarlas con su voz, la guitarra, sus gestos y otros mínimos acompañamientos. Mínimo también es el juego de luces, al que saca todo el partido posible haciendo como que lo acciona con pedales o pases mágicos.

Para el bis dejó uno de sus temas más famosos. El bar de la esquina, bajando luego al patio de butacas para despedir al personal de cerca y luego desaparecer por la puerta de entrada de la sala.

En fin, un espectáculo único que esta vez se perdieron muchos. Albert Pla mantiene su magnetismo, sigue siendo capaz de sacar todo el partido a los recursos que utiliza, sea un tocaor flamenco, un cuadro de palmeros, una dj o de una guitarra, un cassete y unos cuantos efectos de luces como en esta ocasión. Gracias a X-trañas producciones por traerlo y a él por seguir así.

 

texto Chail
Fotos:
Paula Álvarez wego revista digital

 

     

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