BILLY BRAGG   
PALACIO EUSKALDUNA (18/10/09)
Bilbao
 




El izquierdismo militante y activista de Billy Bragg visitó Bilbao por primera vez  a lo largo de una carrera de más de 25 años. Ya tuvimos ocasión de disfrutarlo hace ya unos 15 años en la mítica sala The End de Vitoria en un concierto que recordamos con cierta veneración, como siempre que es la primera vez.

En Bilbao Billy Bragg se presentó de la manera en que es más disfrutable, con su guitarra y su voz. Cuando apareció en los 80 supuso un shock dentro de la imaginería musical; aquellos primeros vinilos que atesoramos mostraban una suerte de cantautor eléctrico que bebía de fuentes inimaginables en aquellos tiempos para el tipo de música y mensaje que quería mandar. Tal y como él se encargó de explicar ayer, la visión de los Clash en un concierto antifascista y antirracista le llevó a empuñar su guitarra y a luchar contra todo aquello que él consideraba injusto, llegando hasta nuestros días en esa pelea; de ahí surgieron sus primeros discos que mezclaban por igual la rabia de los mencionados The Clash con el mensaje y el gusto por la melodía de su propia cosecha.

Con estos precedentes era inevitable la visita al Euskalduna para ver a uno de nuestros artistas preferidos. Y todo fue como se esperaba; Bragg salió a escena, se encasquetó la guitarra y nos emocionó a todos con un repertorio que mezcló por igual, viejas gemas de su discografía con canciones más recientes pero no menos comprometidas y con una suerte de trilogía en honor de Woody Guthrie procedente de su colaboración con Wilco. A pesar de un comienzo un tanto frío, poco a poco fue entrando en calor (gracias al té caliente que le iban sirviendo cada poco), modulando la voz y haciendo  “gruñir” a su guitarra. La acústica perfecta del Palacio Euskalduna ayudaba a entender sus largas parrafadas introductorias a sus canciones, así como gran parte de las letras, lo que, para un poco conocedor de la lengua de Shakespeare, ya es bastante. El se esforzó en realizar un discurso coherente, con lenguaje alejado de la jerga cockney (ya nos avisó de que no era un buen maestro si lo que queríamos era mejorar nuestro inglés), pero ciertamente alguno de sus discursos se nos hizo demasiado largo.

Musicalmente hablando no le podemos reprochar nada; sus canciones antiguas sonaban a gloria y las nuevas, que en disco aparecen arregladas y edulcoradas, sobre el escenario mostraban una fuerza y una pegada que ya les suponíamos, sobre todo después de oir su disco Mr. Love & Justice (disco doble donde el segundo disco es una versión del primero pero sólo con acompañamiento de guitarra). A todo ello ayudó también una entrada más que aceptable y un estado vocal del artista excelente.

Si a todo esto añadimos que el fin de fiesta fue “New England”, una canción con uno de los mejores estribillos del rock & roll (nos lo sabíamos todos y lo cantamos) y que al final del concierto estuvo cercano y simpático, firmándome todos los discos que le llevé a tal fin, pues eso, que me fuí para casa más contento que unas castañuelas. Tal y como has prometido, esperamos verte pronto por aquí otra vez Billy.

 

Lorenzo

valladolidwebmusical******crónicas