THE ANSWER

KAFE ANTZOKIA  -  BILBAO 11/03/2010

 

Un poco de blues, algo más de rock, unas gotas de psicodelia, y todo, pasado y triturado en la batidora del hard rock más setentero. Eso es lo que nos encontramos de bruces todos aquellos que nos acercamos la noche del jueves a un Kafe Antzokia bilbaino.

He de reconocer que The Answer es un grupo del que no conocía demasiado y que me acerqué más por el hecho de habérmelos perdido como teloneros de AC/DC (a estos sí que vimos después de una larga espera a la caza de la entrada). De ahí su entrada a un parco escenario a los sones del single del último disco de los Young & Cia.; un guiño de agradecimiento, sin duda, a los que les han llevado a actuar por estadios de gran capacidad de medio mundo. Las buenas críticas hacia sus directos y discos en las revistas señeras que todos conocemos también influyeron en nuestra decisión. Y no defraudaron; el grupo se fajó ante la concurrencia, que llenó el local. Y no era tarea fácil, en un día no muy habitual de conciertos, aunque este mes los jueves son los días más interesantes en el plano musical.

La banda salió a morder y se notaron las tablas de unos elementos que han teloneado a lo más granado del rock & roll (los australianos, Deep Purple y los Rolling Stones nada menos). Presencia escénica no les falta, con una sección rítmica contundente, marcando los tiempos, y un guitarrista efectivo que llenaba los resquicios que dejaban sus compañeros y que se fajó con mesura en los punteos en solitario. Todo ello devenía en una especie de muro de sonido en el que el cantante se encontraba en su salsa, dirigiendo el cotarro y lanzando continuos guiños en euskera a la concurrencia (bien apuntados los tenía al lado del setlist en una transcripción fonética de lo más divertida). Se le nota, desde luego, de dónde ha mamado musicalmente; un gritón en la línea del joven cuervo que fue Chris Robinson, del que coge hasta la estética, y con guiños a otras luminarias del género.

El concierto devino en una continúa visita al granero del rock, al blues y a los sesentas/setentas pero con la capacidad de separar el grano de la paja. Por allí sonaron ecos de unos primigenios Led Zeppelín y, más cercanos, se asomaron al vivero que, de nuevo, han abierto los Cuervos, pero endureciendo su sonido y sonando menos bucólicos que éstos. No hubo cabida para las baladas, allí sólo tenía sitio el músculo y éste lo derrocharon a espuertas. Sólo en un medio tiempo a mitad de concierto se permitieron un respiro. Cogieron fuerzas y se lanzaron en tromba a un sprint final en el que no dieron tregua al respetable.

No se salieron del guión. Vinieron a presentar su último disco “Everyday Demons” y lo fueron desgranando, retornando, de cuando en cuando, a perlas de sus anteriores discos. Mucho mejor en los momentos más rockistas, tensionados hasta el extremo eso sí, que en los que se acercaron al sonido “stoner”, ese que lo empasta todo hasta el paroxismo en aras de un primitivismo mal entendido. Ejem, se nota que a mi no me va demasiado.


No hay peros a lo visto sobre las tablas del Antzokia. Un grupo que, por lo que se ve, está en estado de gracia. La gente disfrutó de lo lindo, el grupo dio la impresión de que también lo hacía y nadie les puede negar el tirón entre los medios siendo el concierto, con diferencia, que más fotógrafos congregó en la primera fila. Algo tienen, está claro.

Txt y fotos Larrypas

 

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