Texto y fotos: Luis Ángel del Caño
El miércoles
pasado se presentaron en el patio del Palacio de Santa Cruz Diego Agujetas
y Manuel Parrilla, o sea, un desembarco jerezano. Llenazo absoluto, de
los de acabarse el papel, para escuchar a estos dos personales artistas
llegados de la mano de la Universidad de Valladolid dentro del programa
del ciclo "Estival Santa Cruz" de este año.
El recital
constó de dos partes. Lo inició Parrilla con su guitarra,
solo con su guitarra, como él mismo hizo constar al auditorio: "no
soy un guitarrista comercial. Como veis no hay bongos ni flauta...sin jolgorio"
Parrilla, efectivamente, no es comercial pero es un gran guitarrista que
ha alcanzado un sello personalísimo sin apenas alejarse del sonido
jerezano, hasta tal punto que incluso los que no estamos muy duchos en
esto de la guitarra podemos reconocer su estilo, tanto solista como acompañando
el cante. De todo esto dejó constancia en el repertorio interpretado:
soleares, aires buleareros, siguiriyas, carcelero con malagueña
(un sentido homenaje caracolero) y bulerías. El público se
partía las manos a aplaudir. Gracias Manuel.
Seguidamente apareció Diego Agujetas, un artista poco conocido
fuera de los círculos jerezanos, que se trajo ese acervo cantaor
de su tierra, de aires decimonónicos, acompañado de su habitual
falta de
facultades.
Esta justeza de fuerzas la suple con entrega y con la emoción que
produce el cante al límite. Diego Agujetas cantó con igual
pasión que desorden (marca de la casa) por soleá, siguiriyas,
fandangos, romances por soleá, martinetes, romance, cabal y tarantos.
Él se divirtió y el público aplaudía a rabiar,
incluso después de que los músicos desapareciesen del escenario.
Así que, tras unos momentos de incertidumbre, volvieron a presentarse
para rematar el recital por fandangos y bulerías.
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