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Atípico lugar un teatro para presenciar un concierto de rock-blues
teniendo en cuenta los días de incultura generalizada que vivimos.
Pero el caso se torna doblemente extraño al tratarse de Valladolid,
una ciudad gobernada por fachas que nada quieren saber acerca del Heavy
Rock. A ver si esto se convierte en una costumbre, y podemos presenciar más
espectáculos rockeros en sitios como éste.
Pero lo que más me llamó la atención fue la gente que
acudió al evento. ¡Joder!, al entrar me asusté, puesto
que daba la sensación de estar en una gala de “Operación Truño”.
Todo lleno de pijos y niñatas quinceañeras por todas las partes.
Los rockeros de verdad les podías contar con los dedos de una mano.
¡Acojonante y humillante!
Luego me echarán en cara que soy uno de esos que no quieren que el
Rock sea escuchado por una audiencia variada; o que con tíos como yo
“nunca saldremos del agujero”. Pero señores, niñatos como estos
hacen que los grupos suban como la espuma; y cuando ya no están de
moda, las bandas se pegan el hostiazo padre (ndr: véase Extremoduro,
Ska-P....). Por eso, no trago a esta gentuza que quiere hacer suya nuestra
música. Prefiero al público fiel, al que siempre estará
allí.
Pero bueno, dejemos estos temas aparte y vayamos con el concierto.
La banda empezó con “Quiero beber hasta perder el control”,
un tema que me pareció bastante flojo para comenzar. No entiendo por
qué no empezaron con la siguiente “La casa por el tejado”, que es mucho
más pegadiza para empezar un concierto.
Fito & Fitipaldis te van a ofrecer un sinfín de estilos musicales
como swing, blues, flamenco, rock and roll, reagge... en canciones como “El
ojo que me mira”, “Trozos de cristal”, “Un buen castigo”, “Los sueños
locos” o “Barra americana”.
En la mitad del concierto, los músicos se sentaron y cambiaron sus
instrumentos para ofrecernos una parte acústica compuesta por “A la
luna se le ve el ombligo”, “Cerca de las vías”, “¡Qué
divertido!” y “Vamonó”. |
Tanto las canciones acústicas como las eléctricas sonaban
perfectas, debido a la profesionalidad de Fito, Batiz, “Animal” y compañía
(y al pedazo de equipo que llevan jeje). Pero daba la sensación de
que el sonido salía de las paredes, en lugar de percibirle de frente.
Y si a eso le sumamos el hecho de estar atados a unas butacas, parecía
que estabas viendo la tele.
Tras la parte “desenchufada”, volvieron a la carga con la versión
de Los Rebeldes “Estrella del r `n` r”, y con cortes pertenecientes a sus
tres discos como “Lo más lejos a tu lado”, “Ojos de serpiente”, “Rojitas
las orejas” y “Whisky barato”.
Bastante más de una hora de concierto, y se retiran. Pero
no tardan en subir improvisando un blues que se convertiría
en “Alegría” (estuvieron improvisando durante todo el concierto).
Continuaron con la aburrida “Soldadito marinero” entre las quejas de Fito
por no poder fumar (estaba prohibido en todo el recinto). Y pusieron el punto
y final con el acojonanate rocanrol de “Nada que decir”.
En definitiva, una interpretación perfecta, un público
apestoso, y unos Fitipalids que no son Platero, pero que, todo hay que reconocerlo,
son inmejorables dentro de su estilo. Si tenéis la oportunidad de verlos,
no la perdáis.
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