Cafe España. (Valladolid)
1 de febrero de 2003
Texto y fotos. Luis Cañete
Expectación
para escuchar a Pansequito y Diego Amaya en un lleno Café España.
El público que acudió a la cita se dividía fundamentalmente
en absolutos partidarios del cantaor y los demás. Como yo me considero
de "los demás" me encontré con el
Pansequito estancado de unos años acá:
poco entregado y monótono.
Este
gran cantaor, renovador en los 70´ de palos festeros gaditanos y
personal en sus soleares y tarantos (en 1974, a los 28 años, se
le otorgó un premio "A la Creatividad", en el Concurso Nacional
de Arte Flamenco de Córdoba), parece encontrarse en un momento de
tedio interpretativo que hace que sus brillantes alardes alargando los
tercios y ligando mucho sin perder un ápice de compás, se
conviertan en un barroquismo interpretativo vacío de entrega.
A pesar de no encontrarse en su mejor momento, Pansequito
conserva su flamenquísima voz y excelente compás, además
de su gran veteranía sobre los escenarios, tanto en los tablaos
en el pasado como actualmente en Peñas y festivales.
El recital, como es costumbre, se dividió en dos
partes. Comenzó por sus personales alegrías y tarantos, para
seguir por tientos-tangos. Tras el descanso despachó soleares y
bulerías para rematar por fandangos, que culminó prescindiendo
de la
megafonía y repitió al hacer el bis de
rigor.
De
Diego Amaya, jerezanísimo y brillante guitarrista poco podemos decir.
Al lado de Pansequito no hubo acoplamiento y tan solo pudimos disfrutar
de su toque en algunos pasajes de bulerías y soleares.
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