
Texto: DIEGO ALONSO
(mistakesregrets@hotmail.com)
Fotografías:
PATRICIA LÓPEZ
Benicàssim:
pequeña localidad de la costa mediterránea, situada a 13
km. al norte de Castellón, cuya principal curiosidad es sufrir cada
año, a principios de agosto, el asedio de varias decenas de miles
de jóvenes que acuden al Festival Internacional de Benicàssim,
ávidos de música, sol y playa, para disgusto de los vecinos,
regocijo de los hosteleros y solaz de los asistentes al evento. El FIB
se ha convertido, a lo largo de su exitosa historia, en la cita estival
ineludible para los amantes de la música alternativa, y en las últimas
ediciones ha demostrado el enorme atractivo que ejerce tanto dentro como
fuera de nuestras fronteras.
Mucho ha llovido desde aquel primerizo FIB ’95, que logró reunir
a The Jesus & Mary Chain, The Charlatans o Supergrass en plena fiebre
brit-pop. Casi una década después, con la MTV en caída
libre, el último disco de Yo La Tengo en el top-manta, y la frontera
entre el indie y el mainstream cada vez más difusa incluso para
los omniscientes críticos musicales, el FIB no se aventura a dar
un paso en falso y apuesta por los valores seguros. En la edición
de este año, Suede (en su cuarta visita al FIB), Blur o Placebo
son un perfecto ejemplo de “indie de masas”, destinados a atraer miles
de personas dispuestas a sufrir los rigores del calor, las penalidades
del camping, los atracos a mano armada (2€ por un botellín
de agua!?) y los empujones con tal de observar en primera fila la caidita
de ojos de Damon Albarn.
Porque el FIB siempre ha sido mucho más que música: es un
encuentro, un microcosmos en el que se respira un ambiente (a veces grotesco,
a veces sublime) de tolerancia, complicidad y libertad incomparable. Pero
desde el punto de vista estrictamente musical, sin ser una propuesta tan
exquisita o arriesgada como el Avant Festival o el Primavera Sound, el
FIB sigue ofreciendo calidad y cantidad para (casi) todos los gustos. Éste
es un resumen de los conciertos más destacados…
El Escenario Verde: el momento
más esperado de la noche
FIESTA FIBSTART
Jueves 7
THE
SUNDAY DRIVERS
La
primera sorpresa grata del festival llegó de mano de este joven
grupo toledano que acaba de editar su primer disco. A pesar de la innegable
herencia sixtie de su sonido y su estética, The Sunday Drivers ofrecieron
ante todo buenas canciones, melodías atemporales que lograron emocionar,
siempre guiadas por la potente voz de Jero Romero.
CALC
Si algo no les falta a este grupo francés
es ambición. Pero no tuvieron suerte con el sonido, y la afectada
voz de Julien Pras (un Matt Bellamy domesticado) quedó prácticamente
sepultada bajo la intrincada maraña de guitarras durante la mayor
parte del concierto. Además, rayaron en ocasiones en la autoindulgencia,
con composiciones demasiado complejas y fragmentadas para provocar un impacto
o una mínima reacción en el público, que mantuvo una
actitud fría y distante en todo momento.
DELUXE
Mitomanía
arriba y abajo del escenario. Con una entrada digna de un Mick Jagger en
sus años mozos (armónica incluida), Xoel López jugó
a ser una estrella, y repasó a lo largo del concierto todos los
clichés imaginables de la enciclopedia del rock. Su indudable competencia
como instrumentista y vocalista, unido al contundente sonido de su banda,
hizo el resto. El público, encantado, coreó y aplaudió
con fervor cada uno de sus éxitos (“I See You In London”, “Que No”…).
Divertido y certero.
Deluxe: imitando a sus ídolos
BUDAPEST
Ay,
la prensa inglesa. Budapest, la penúltima revelación británica
vía portada del NME. Puede que su primer disco, “Too Blind To Hear”,
apenas destaque del pelotón de nuevos chicos sensibles con ecos
de Coldplay y Travis, pero la honestidad de su directo fue simplemente
devastadora. Sobre el escenario, Budapest afilaron las aristas de sus canciones
más contundentes (“Life Gets In The Way”), y la voz de John Garrison
adquirió una dimensión más profunda, más desgarrada,
más humana. Un concierto emocionante y sincero de una banda muy
a tener en cuenta para los próximos años.
VIERNES 8
BETH
ORTON
Armada
con su guitarra acústica y un entrañable sombrero de paja,
Beth Orton desgranó un set en el que hubo lugar tanto para el intimismo
como para la diversión. Contrabajo, chelo y violín constituyeron
el cuadro óptimo para poder paladear la preciosa voz de la británica,
que se vio arropada en todo momento por un público que cayó
rendido ante sus melodías y su sonrisa.
Beth Orton: como en casa
THE
DELGADOS
La banda escocesa protagonizó uno de los
momentos inolvidables del festival, y su música logró secuestrar
el tiempo durante casi una hora para dejar después que siguiera
su curso inevitable. The Delgados no escatimaron personal sobre el escenario,
añadiendo violines, chelo, teclados y flauta para reproducir el
mágico sonido de sus discos. El glorioso torrente inicial de distorsión
de “The Light Before We Land” ya auguraba una fusión perfecta de
sutileza y desgarro, clasicismo y modernidad, que fue ganando en intensidad
a medida que el concierto avanzaba, nutrido de las canciones de sus dos
últimos discos.
The Delgados: woke from dreaming…
MANTA
RAY
Manta
Ray, una de las bandas más inquietas de la escena nacional, jugaron
la baza de la contundencia desde el primer acorde, desplegando el rock
experimental y descarnado de su reciente “Estratexa” en un concierto que
no ofreció concesiones ni respiros. Todo un despliegue de su tremenda
calidad y capacidad sobre el escenario que, a pesar del merecido aplauso,
por momentos llegó a resultar casi asfixiante.
PLACEBO
Los
años no han sentado nada bien a Placebo. En alguna parte del camino
entre el colapso sentimental del excelente “Without You I’m Nothing” y
la simple mediocridad de “Black Market Music” se perdió algo. Con
el corte de pelo de Brian Molko, desapareció el irresistible encanto
que hacía esta banda británica tan excitante y peligrosa.
Olvidándose de la frescura punk de los primeros discos, (con la
excepción de la obligada “Every You Every Me”), Placebo optaron
por la “madurez” de su último disco, intentando enmascarar el agotamiento
creativo bajo un barniz electrónico. El trío de estrellas,
vestido de blanco, mostraba más interés en ser aclamado por
el público que en interpretar sus canciones. Mientras tanto, escondidos
al fondo del escenario, dos músicos adicionales vestidos de negro
parecían los únicos entregados realmente a tocar música.
Y a pesar de todo, fueron incapaces de sonar bien. Eso sí, aquellos
únicamente preocupados por adivinar la marca del eyeliner de Molko
se lo pasaron en grande.
BLUR
A
pesar de la sonada ausencia de Graham Coxon (reemplazado por un eficiente
Simon Tong en escena), Blur se desenvolvieron con la soltura habitual,
esta vez acompañados por un trío de coristas y un percusionista,
especialmente apreciados para recrear los aromas africanos y bailables
de las canciones de su último disco, “Think Tank”. Pero a pesar
de todo, Damon Albarn logró realmente convencer a los escépticos
valiéndose de la historia: el hedonismo efervescente de “Girls &
Boys”, la emoción contenida de “The Universal”, la descarga de adrenalina
de “Song 2”, la mágica comunión de “Tender”…Blur demostraron,
una vez más, que un pedazo de los 90 les pertenece.
SÁBADO 9
SCHWARZ
La
actuación del trío murciano fue toda una experiencia, un
concierto alimentado a partes iguales de melodía y de explosiones
de ruido blanco, en el que las canciones de su último disco, “Chessy”,
despegaron desde el escenario directamente hacia el hiperespacio. Psicodelia
en estado puro, densa, furiosa y emocionante. Y al final, de entre la espesa
niebla, surgió “TV Eye”, de los Stooges. Un sorprendente y eufórico
broche final para un viaje sonoro alucinante.
LAIKA
Laika
siempre
han sido una rara avis dentro de la escena independiente británica,
una ecléctica coctelera en la que mezclan rock, electrónica,
jazz, dub y otros muchos ingredientes, guiados por la voz profunda y sensual
de Margaret Fiedler. En directo, Laika suenan menos exuberantes, más
sobrios, pero igualmente hipnóticos. La actitud deliberadamente
fría (léase cool) y distante de la banda impidió conectar
completamente con el público, pero a pesar de todo, Laika ofrecieron
una actuación tensa y vibrante.
TRAVIS
En
su primera visita a Benicàssim, Travis dejaron al público
con una sonrisa en la boca y un puñado de excelentes canciones en
la cabeza. Humildes y cercanos en todo momento, incluso pidieron perdón
por incluir en el set cuatro temas inéditos. Y por supuesto que
se lo perdonaron. Comenzando con la siempre efectiva “Sing”, Travis dieron
un repaso a algunas de sus mejores canciones, entre las que no faltaron
“Side”, “Turn”, o la masivamente coreada “Why does it always rain on me?”
Un concierto redondo.
GROOVE
ARMADA
El
concierto de Groove Armada fue toda una decepción para aquellos
que esperaban que el dúo londinense rescatara la magia de sus grabaciones
para el directo. A pesar de las ocasionales (y agradecidas) incursiones
en terrenos más funk/soul, la banda sucumbió durante la mayor
parte del concierto a la obviedad de un house vulgar y simplón que
solamente sirvió para que el respetable pegara cuatro botes, y poco
más. Flojos.
DOMINGO 10
SEXY
SADIE
Abanderados
de un pop atemporal que en directo gana en fiereza e intensidad, y convertidos
ya en una de las mayores (y mejores) bandas del indie nacional, Sexy Sadie
demostraron una vez más su capacidad de emocionar encima del escenario.
Repasaron sus éxitos con soltura y pasión (“Someone like
you”, “Stay Behind Me”, “I don’t know”…), y disfrutaron tanto interpretando
sus canciones como el público escuchándolas. Grandes.
MÚM
La
magia aún existe. El grupo islandés protagonizó algunos
de los momentos más íntimos y delicados del festival, ante
un público que observaba fascinado como las texturas imposibles
de sus discos cristalizaban lentamente ante sus ojos. Un par de laptops,
acordeón, melódica, violín…sirvieron para construir
(no sin algún problema técnico) un paisaje sonoro de otro
mundo para la cándida voz de las gemelas Valtýsdóttir.
Múm: ¿qué
es lo que tendrá Islandia?
SUPER
FURRY ANIMALS
Los
animales super peludos desplegaron todo su humor, imaginación y
talento sobre un escenario del que se adueñaron desde el primer
acorde. Su delicioso eclecticismo sonoro y su delirante puesta en escena
(con toda la banda disfrazada de yeti en la última canción)
convirtieron el concierto en un espectáculo digno de recordar. La
banda galesa repasó varios temas de su nuevo disco, “Phantom Power”,
miradas al pasado (“Mountain People”) y alguna que otra marcianada, como
el tema dedicado al entrañable pollo Calimero. Un verdadero placer
insano.
SUEDE
Puede
que Brett Anderson haya perdido el sex-appeal de antaño, y puede
que no haya compuesto una canción decente desde aquella “Electricity”
que abría “Head Music” hace más de 4 años. Es difícil
no echar de menos a los Suede torturados y teatrales de los inicios, antes
de que Bernard Butler abandonara la banda para perderse en el estudio.
Quizás por eso no se olvidaron del pasado, y optaron por un generoso
repaso a su primer disco, además de las obligadas concesiones a
los fans en clave de himnos como “Beautiful Ones” o “She’s In Fashion”.
Con respecto a los nuevos temas que presentaron en directo, mejor ni hablar.
Pero es tan fácil olvidarse del presente cuando canciones como “So
Young” o “Animal Nitrate” suenan a todo volumen…
MOBY
El
encuentro con el geniecillo responsable de tantos y tantos fondos musicales
de anuncio había despertado una gran expectación, y el numerosísimo
público reunido rugía impaciente al pie del escenario. Finalmente,
el aclamado Moby se subió con retraso al escenario para ofrecer
un concierto en el que hubo momentos para la calma y momentos para el baile.
Cuando ambas tendencias confluían en el curso de una misma canción,
como en “Why does my heart feel so bad?”, se convertía en algo maravilloso.
La recta final, festiva (festivalera) en el mejor sentido de la palabra,
dejó al público extenuado y contento.
Moby:
we are all made of stars
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