Motorhead

(013-Tilburg, Woensdag, 22-10-2003 - Holanda) por Poodle bites


Dispuesto a dejarme impresionar, me dirijo a la 013 para aflojar una cantidad de pasta increíble para poder ver a los míticos Motorhead.
Tienen dos teloneros, de los primeros no sé ni el nombre y de los segundos, gracias a dios que sí lo sé, y eso me ayuda a escabullirme, medir bien mi tiempo y ahorrarme media hora de atorrantes sonidos que no van más allá de una copia fiel (pero una copia al fin y al cabo) de Motorhead, así que, me reservo para los originales. Por cierto, la banda era Peter Pan Speed Rock.
A las nueve y media en punto empiezan los muy bestias. La sala es enorme, con cabida para más de dos mil personas, y de la mitad para atrás está construida en escalones, para facilitar el visionado del escenario desde los puestos posteriores. Así pues, me decido a entrar por atrás y por arriba para tener una visión panorámica del evento en cuestión, y lo que me encuentro es un muro de espaldas de tíos gigantes. Me peleo, y consigo encontrar un hueco por donde escabullirme. Delante, veo un pequeño valle situado entre la cordillera de cabezas que impiden cualquier intento de atisbar qué hay detrás de ellas. Ahí, tras una chica no muy alta, me sitúo y lo que veo me deja pasmado. El local esta petado, hasta arriba, no cabe ni un alma y el 99% de los allí almacenados llevan la camiseta de la calavera de Motorhead.
Luego, al salir, en el quiosco al uso que suelen llevar las bandas para vender sus cosas, vi que podía adquirir una yo también, pero el hecho de tener que aflojar 30 Mauros por una camiseta me echó para atrás. ¡Ni que fueran de cuero, joder! De cualquier forma, aquí el pescado está todo vendido, todos están dispuestos para hacer el cafre y pasarlo bien, pase lo que pase encima del escenario.

Salen Lemmy y sus asociados levantando sospechas por sus pintas. El batero parece Ross The Boss, con las mismas lanas jevis y camiseta sin mangas luciendo un cacho de músculo bien disimulado por algo de grasa que se acumula casi en su totalidad a la altura del cinturón, el comúnmente conocido flotador. El guitarra tiene un aspecto desmañado que solo abandonará cuando se pone a hacer esos punteos tan de moda en los años ochenta, cuando ser peluquero hortera era un rango. Lemmy es Lemmy, no hay más que decir. Sale ataviado con su clásica indumentaria, si bien a sus años empieza a estar un poco fuera de sitio. Va vestido todo de negro, con camisa desabrochada justo hasta donde la barriga empieza a sobresalir, luciendo pelo y tatuajes, las mangas remangadas, pero incluso desde donde estaba yo, se notaba que su larga y sucia cabellera está teñida de negro ojo de cuervo. Además, cuando se vuelve para brindar con su cubata con el batero, se le ve una tonsura monacal, que más de un arcipreste querría para si.
Motorhead
Y por fin, complementando su eterno cinturón de balas, hoy nos regala a la vista unas botas de cuero blancas, llevadas “con elegancia” por encima de sus ajustados pantacas negros, con grandes estrellas negras repujadas en la parte delantera y trasera de las mismas.
Y así ataviados se disponen a repartir. Clásicos y canciones de su último disco se intercalan a velocidad de vértigo y con paradas cada tres o cuatro canciones para hacer la pregunta de rigor al rendido público: ¿Está lo suficientemente alto? Preguntan, y sin esperar respuesta (un “yeah!!” atronaba cada vez) le pedían al técnico que subiera el sonido. Lemmy sigue cantando con el pie del micro alzado por encima de su cabeza y el micro en si apuntando hacia abajo, como muy pocos saben hacer (con clase).
Empezaron repartiendo con “We Are The Motorhead", y no faltaron grandes clásicos como “Stay Clean”, “Love Me Like A Reptile”, “Sacrifice” (Lemmy nos avisó, “si os gusta bailar, no lo hagáis con esta canción. Es tan rápida que se os partirán las piernas”).
También hubo versiones, como el “God Save The Queen” a velocidad hipohuracanada, y en homenaje a dos victimas recientes del rock´n´roll (Joey y Dee-Dee), se tocaron su “R.A.M.O.N.E.S” compuesta para cierto grupo de Queens.
Pero a pesar de todo, me revienta ese toque jevi que tienen, esos punteos que hacen chillar a la guitarra como si de un travelo dolorido se tratara.
Además, creo que éste es un buen momento para plantear mi teoría sobre los bateristas con doble bombo, como el Ross The Boss de palo que acompaña a Lemmy
motorhead DRUMS
Para empezar, la afirmación en la que se basa mi teoría es la siguiente: la batería se compone de bombo, caja, charles, crash, ride, bajo y un timbal.
Con eso, cualquier persona con dos manos y dos brazos debería ser capaz de hacer cualquier riff que pase por su cabeza.
Solo unos cuantos elegidos pueden arreglarse incluso con menos, por ejemplo sin el maldito timbal o solo con un plato. De esto se deduce que cualquier batero que agregue a su kit algo más, es un verdadero inútil, con una excepción: Keith Moon. Este necesitaba realmente todo lo que tenía en la batera e incluso se permitía el lujo de no necesitar charles.
También se podría incluir en este grupo de elegidos a John Bonham, pero eso siendo muy benévolos (solo porque no usaba doble bombo.
El doble bombo solo estaba permitido para Keith Moon. Ahora que está muerto, deberían prohibirlos.) Bien, dicho esto, solo resta poner verde al señor baterista de Motorhead.
Usaba doble bombo, mil timbales y platos y encima nos taladró la cabeza con una de las cosas más aburridas que existen: un solo de batería. Que le corten la cabeza. ¿Qué grupo de punk-rock puede hacer un solo de batería sin que les apedreen? Eso demuestra que Motorhead no son lo que eran (una sucia banda de punk-rock) y ahora son, bien una banda de jevi o bien una banda de rock progresivo setentero, a elegir.
Tras una hora se despiden no sin antes explicarnos que en sus conciertos ocurre como en los de los demás, es decir, que si hacemos un ruido de mil demonios y chillamos como putas, pues salen y tocan otro poco. No debimos ser muchas putas por allí, porque aunque volvieron a salir, solo se hicieron dos temas más. Eso sí, pero que dos temas: “Ace of Spades” y “Overkill”. Así pues, dejo la abarrotada sala, escabulléndome entre las piernas de las montañas humanas con camiseta de Motorhead con el buen sabor de boca de los dos últimos pedazo de temas, pero una pobre impresión general. Yo los veo un poco fuera de contexto, pero me imagino que mientras la gente siga llenando, ellos seguirán dándole, impertérritos, a su eterno riff. Y que dure, pero a mí, que me lo cuenten.

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