TERREMOTO DE JEREZ.
Cafe España. Valladolid 16 de mayo de 2003.
Texto y fotos: Luis Ángel del Caño y Mª Eugenia Martín
 



Fernando Terremoto, acompañado de Antonio Higuero a la guitarra, convocó a un gran auditorio anoche en el España. El casi lleno para escuchar a este buen cantaor, desconocido del gran público, nos demuestra como la dirección del España ha logrado consolidar un aforo estable para el flamenco y otras músicas ajenas a los circuitos "comerciales".

Cantaor y guitarrista comenzaron el recital por tientos-tangos, siguió por malagueña y siguiriyas, para llegar al fin de la primera parte por bulerías aderezadas con unas "pataítas" de baile, cantando sin micro. Reapareció con 
bulerías por soleá y fandangos, seguidos por fiestas (incluyendo el legendario carcelero que hiciera famoso Caracol) que remató prescindiendo de la megafonía y dándose unos paseítos que continuó durante el breve bis 
precedido de la cerrada ovación del público que salió satisfecho de la velada.
El acompañamiento a la guitarra de Antonio Higuero fue correcto e incluso brillante en ciertas falsetas de raigambre jerezana, pero lamentablemente durante las bulerías se produjo algún desentendimiento, que mermó el lucimiento del buen compás de Fernando.

Terremoto es un cantaor jerezano, hijo de un monstruo del cante, de una leyenda del barrio de Santiago, pero sobre todo es un gran "aficionao". Nos lo demuestra su intención de llegar más allá de los cantes netamente jerezanos y la búsqueda de una manera propia de interpretar, evitando ser 
tan solo un continuador del muy personal estilo de su padre sin renunciar por ello a su herencia jerezana ni a la paterna. Luego, cuando esto se concreta, los resultados no son siempre afortunados, como no podría ser de otra forma. Personalmente entiendo que así quedo de manifiesto en su 
recital, sirvan como ejemplo de lo mejor y lo peor su vibrante interpretación de los tangos de La Niña de los Peines para lo bueno, mientras que en la malagueña se desdibujó por alargarse en exceso, recargando un cante ya barroco de por sí.

A este tipo de cantaores debería prestar algo más de atención la flamencología contemporánea cuando habla del flamenco que se hace hoy. Quizá no se hable lo suficiente de ciertos intérpretes (caso de Terremoto hijo) que evolucionan personalmente, desde la tradición heredada hacia una manera personal que les proporcione una honrada satisfacción artística, aunque ésta no siempre vaya pareja al éxito comercial.

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