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LOU REED
  “The Raven”

  REPRISE
 
 
 
 

“Al principio fue la palabra, seguida por un tambor y algo parecido a una guitarra... En los últimos años he realizado lecturas de poesía, usando mis letras como base. Me impactó las diferentes voces que surgían al no haber música y esas experiencias me animaron a considerar la posibilidad de publicarlas desnudas.” Lou Reed

The Raven no nos coge por sorpresa. Lou Reed llevaba tiempo paseándose por el lado escénico, poniendo su música y letras en las performances de  vanguardia de Bob Wilson primero, y Maria Vedder (Metal Talk) más recientemente. Con Mr. Wilson (The Black Rider, Einstein On the Beach, Alice) primero fue Time Rocker (del cual se editaron tres canciones en el álbum Perfect Night) y después Poe-try, que al igual que The Raven, recupera la obra del excelso Edgar Allan Poe. El motivo de grabar un disco como éste es fundamentalmente la pasión malsana de Lou Reed por Poe. El escritor americano, según palabras del propio Lou, invita a la reflexión sobre todos esos impulsos obsesivos y autodestructivos innatos al ser humano, así como la tendencia a lo impropio y lo prohibido, que le hacen preguntarse a uno ¿quién soy yo?, y en definitiva, ¿por qué somos tan retorcidos?

Quizá la inspiración para este nuevo álbum haya que buscarla en la serie de lecturas organizadas por Hal Willner “Closed on Account of Rabies: Poems and Tales of Edgar Allan Poe” en las que participó el propio Reed junto a otros músicos como Iggy Pop o Marianne Faithfull. Y es precisamente  Willner quien se encarga de la producción una vez más (ya lo hizo de forma compartida en Ecstasy junto al propio Lou).

The Raven son las grabaciones de estudio del material extraído de Poe-try, la obra teatral de Wilson. Los dos discos (edición doble supuestamente  limitada que dejará paso a un solo cd) se componen de temas recitados y canciones que se alternan de manera fluida y sin fisuras. Para la ocasión Lou ha reclutado a un variopinto número de amigos que prestan su voz ayudando a construir este trabajo de múltiples niveles y registros. Desde actores para las narraciones –Willem Dafoe, Steve Buscemi, Amanda Plummer, Elizabeth Ashley, Fisher Stevens y Kathy Volk, a músicos de la talla de David Bowie, Ornette Coleman, Laurie Anderson, Anna & Kate McGarrigle, y el hechizo gospel de los Five Blind Boys of Alabama. Por supuesto el eje central y poderoso en el que se apoya el Lou Reed más rockero es su banda habitual: Fernando Saunders (bajo), Mike Rathke (guitarra) y Tony Thunder Smith (batería).

El formato narrativo nunca había sido utilizado hasta la fecha tan explícitamente en toda su carrera (quizá lo más parecido fue Beginning Of A Great Adventure en New York) y la variedad estilística jamás había sido tan evidente. Desde el rock más reediano a baladas hermosísimas sostenidas con sólo un piano y unas cuerdas embriagadoras. Los puristas (que ya hablan de una esencia diluida) deberían saber que Lou además de ser rockero licenciado con honores es un apasionado seguidor de cualquier expresión musical que se precie. Basta con recordar sus colaboraciones con otros músicos: Dan Zanes, Gordon Gano, Laurie Anderson, Victoria Williams, Rubén Blades, Jimmy Scott, etc...Esa inquietud es la que hace que The Raven cruce la frontera de los tres acordes en busca de otros matices enriquecedores. Lou ha declarado en más de una ocasión su rechazo por los overdubbings y el maquillaje barato. The Raven es fiel una vez más a ese principio, con canciones reales, cercanas por su sinceridad, ya sean recitadas, con saxo, unos coros, menos rock and roll, más drama o como se quiera. El creciente interés del neoyorquino por la fotografía y la imagen se refleja también de alguna manera en la dramatización de las narraciones, en las que, como si de una radio novela del siglo XXI se tratase, los actores interpretan su papel en carne viva, sin cortapisas, y la música que las ambienta sirve de vehículo perfecto para aclimatar los textos.

Con respecto a las fuentes, no es la primera vez que artistas dispares –Diamanda Galas, las excelentes adaptaciones de Roger Corman- acuden a la violencia, a los instintos macabros, y a esa profundidad psicológica tan característica del genial Poe. El Cuervo, La Caída De La Casa Usher, El Pozo Y El Péndulo y Ligeia, son algunos de los textos elegidos y reinterpretados de manera onírica, humorística y cortante.

William Dafoe abre el CD1 deslizándose enérgico sobre un oleaje de guitarras galácticas dando paso a la obertura zorniana de saxo poseído. Para este primer disco un total de siete temas narrados que anidan entre las canciones propiamente dichas. Edgar Allan Poe es la primera. Lou nos dice que “Edgar Allan Poe no es exactamente el vecino de al lado...”. Suficiente para comprobar que la fina ironía de Reed sigue latiendo entre sus versos. Call On Me esconde una preciosa balada acústica con cello (cortesía de Jane Scarpantoni), un Lou que lamenta y una Laurie Anderson que acude frágil como un ángel nevado. Sigue la instrumental A Thousand Departed Friends con saxo barítono y guitarras astilladas a las que se une una sección de vientos explosivos al final. Intensidad rock en Change cosida por un chelo minimalista; The Bed, más solemne si cabe que la original aunque quizá menos conmovedora (es difícil superar ese clima claustrofóbico del Berlin). Perfect Day deconstruida a fuego lento por la voz etérea de Anthony (intérprete descubierto por Hal Willner) nos trae a la cabeza flashes del Scott Walker más desgarrador de Tilt. Balloon cierra el cd con una nana o canción de corte infantil de aires ligeramente celtas a cargo de la hermosa voz de las hermanas McGarrigle. Verdaderamente estremecedora.

El CD2 arranca en un night club con Steve Buscemi “on stage” y toda una orquesta arropándolo. Una vez dijo Lou que daría algo por ver a Frank Sinatra cantando Heroin en el Sands de Las Vegas. Desgraciadamente Buscemi no es Sinatra ni esta Broadway Song lleva veneno en la sangre. Le sigue Tale Tell Heart Part.1 con un juego de voces superpuestas reflejo de esa sensación de paranoia y pesadilla típica de Poe. Ecos de la Velvet en Blind Rage que suena ente Riptide y European Son salvando las distancias. Para Burning Embers Reed pone su voz más sucia y sus letras más puntiagudas. En Vanishing Act, Lou recita-canta-entona haciendo equilibrios con un piano cálido y perezoso: “Debe estar bien desaparecer/Mirar siempre hacia delante y nunca hacia atrás/Debe estar bien desaparecer/Flotar en la niebla/ Del brazo de una jovencita/En busca de un beso”. Hay algo que recuerda al Is A Woman de Lambchop, pero hablando de Lou Reed uno se siente ridículo haciendo comparaciones. Tras esta demostración de que, cual Rey Midas, todo lo que toca se convierte en oro, cualquier grupo chamber-pop que se precie debería esconderse una temporada. Veremos si es posible reproducir la intimidad de este emotivo tema -rescatado de Time Rocker- en un escenario.

En 1979 fue Don Cherry en The Bells, ahora es Ornette Coleman -saxofonista admirado por Lou desde los años 60- en Guilty; A Wild Being From Birth asistida por los legendarios del gospel Five Blind Boys of Alabama le infunden al tema un carácter espiritual insólito e intenso. En I Wanna Know (The Pit and the Pendulum) Lou se esfuerza en poner su voz más dulce: la misma de Ennui. Divertida Hop Frog con Bowie a la cabeza. Otro de los grandes momentos del disco es Who Am I: una hermosa declaración autobiográfica sobre las dudas del ser humano y las dudas de Lou Reed: “ A veces me pregunto quién soy/Un hombre joven haciéndose mayor/ Me pregunto qué me deparará el futuro/Me pregunto quién hizo los árboles y el cielo/Quién hizo las tormentas y los corazones rotos/Me pregunto cuánta vida me queda”. Impresionante. Para los que aún no hayan escuchado Metal Machine Music ahí tienen Fire Music: una puesta al día del controvertido LP en clave noise al más puro estilo Merzbow. Asombrosa. Y para finalizar, la balada Guardian Angel, el ángel de la guarda de Lou Reed que le guía y protege en los momentos difíciles.

Las exploraciones, las inquietudes y el trabajo han dado su fruto una vez más, pero de forma diferente. No es el Lou Reed de Transformer ni el de Magic & Loss, pero es el mismo Lou Reed de siempre, regenerado y vibrante como aquel jovencito que en 1966 cogió una guitarra y cambió el mundo del rock.

En fin, un gran trabajo que necesita repetidas escuchas para ser asimilado, hasta que por fin te conquista (como la oruga que abre el disco). Sé que la pasión no le deja a uno ver con claridad, pero The Raven es sencilla y llanamente una jodida maravilla. Lou Reed no puede estar equivocado. Yo tampoco ;)
José Alberto Valverde
 

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2003 (Salamanca) Crónica tour Raven
tour Ecstasy (Madrid) 2000


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