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15/09/2003 “Cada piedra es información” (Antoni Pitxot)

texto extraido de www.salvador-dali.net

“Cada piedra es información”

Antoni Pitxot. Tengo 69 años. Nací en Figueres y vivo en Cadaqués. Estoy casado con Leocàdia y tengo dos hijas, Carme (37) y Antònia (34), y una nieta, y, pronto, otra. Soy pintor. Soy apolítico. Me falta la fe en Dios, pero creo que un día la ciencia demostrará que Dios existe. Dalí fue el hombre más influyente del siglo XX: está por todas partes, lo ha impregnado todo. Soy el director del Teatre Museu Dalí, en Figueres. Expongo una antología de mis 50 años de obra pictórica, en el Museu de Cadaqués (hasta el 14 de octubre)

Antoni Pitxot


“Un día Dalí me dijo: ‘Fes sempre el que et roti' (haz siempre lo que te dé la gana). Y me obligó a prometérselo. Y se lo prometí”

“Dalí me permitía estar en su estudio de Portlligat mirándole mientras pintaba. A veces se pasaba 30 minutos viendo caer una gota de pintura...”

“¡Yo viviría varias vidas sólo mirando piedras! A Dalí le sucedía eso: pasó sus últimos cuatro años de vida contemplando un muro por la ventana”

“Una piedra me sirve un día para una mejilla, otra para una nalga... Yo no bajo a buscar esas piedras: me paseo, y ellas me encuentran a mí”

“Hoy hay gente que, para entrar al Museu Dalí, hace cola durante 3 horas y media. ¡Dentro de cien años las colas serán de 6 horas y media!”

photo Keeler, 1975, Pitxot rodeado de sus trabajos con piedras



Víctor-M. Amela - 14/09/2003
Cada tarde de los últimos nueve años de su vida, Salvador Dalí la pasó en compañía de este hombre: Antoni Pitxot, pintor.

¿De qué hablaban?

Yo le leía, él me preguntaba cosas... Le gustaba que le pusiera la música de “Tristán e Isolda”, que le adormecía, sobre todo en el pasaje en que llega Tristán. “Quan arribi Tristán, pots marxar”, me decía. “I, sobre tot, torna demà...!”

Si Dalí tuvo alguna vez un amigo, Antoni Pitxot lo fue. En 1974, al inaugurar su Teatre Museu, Dalí decidió que los cuadros de Pitxot figurasen permanentemente en la planta alta. Y luego nombró a Pitxot director del museo.

Todo un honor.

museo casa-teatro de Dalí

Me quejé: “¡Soy pintor, no gestor!”. Me respondió: “¡Es exactamente lo que quiero: un director que no haga nada! Tú eres ideal”. Porque ese museo es una instalación: ¡es la última gran obra de Dalí!

No vale retocarla, pues.

Nada hemos tocado. Ahora están de moda las “instalaciones” en el mundo del arte, ¿no?: es lo que Dalí hizo con su museo hace 30 años. ¡En todo lo que hizo, Dalí siempre se anticipó a todos en años!

Y es el museo más visitado de España.

“¡Las colas, fotografiad las colas!”, nos decía Dalí. Las consideraba el mejor homenaje a la pintura, al arte. Este año lo visitarán más de 1.200.000 de personas. ¡Hay gente que hace colas durante tres horas y media...!

El 2004 será el año Dalí, el año del centenario de su nacimiento. Es algo que ya se respira en el ambiente...

¿Y qué pasará con Dalí dentro de otros cien años, en su segundo centenario, en el 2104?

¡Que las colas serán entonces de seis horas y media!

Antoni Pitxot es hombre de una modestia infinita. Su obra pictórica es singularísima, y a Dalí le entusiasmaba. Pero nadie le pregunta a Pitxot por Pitxot, sino por Dalí... Y él, tan feliz: ¡le apasiona hablar de Dalí durante horas!

Pitxot



¿Cuándo vio usted a Dalí por primera vez?

Sería hacia 1950... Al final de cada verano, en Cadaqués, Dalí invitaba a mi padre a ver el cuadro que había pintado ese verano, y aquel verano había pintado su “Santa Cena”.

Perdone, ¿qué vínculo había entre su padre y Dalí?

El padre de Dalí, el notario Dalí, era amigo íntimo del hermano de mi padre, mi tío Pepito Pichot. Mi padre, Ricardo Pichot, era violoncelista (discípulo predilecto de Pau Casals): tenemos un retrato al óleo que Dalí –con 16 años– le hizo en 1920 tocando el violoncelo. Y Dalí había empezado a pintar influido por mi otro tío, Ramón Pichot.

¿Por qué?

A los 10 años, Dalí pasó un verano en el Molí de la Torre, cerca de Figueres, que era de mi tío Ramón Pichot, que vivía en París y era pintor impresionista. Cada mañana, el niño Dalí veía el primer rayo de sol de la mañana impactar en uno de sus cuadros impresionistas (un paisaje de la cala Jugadora), en el que además mi tío había pegado fragmentos de mica: aquellos brillos hipnotizaron al niño Dalí.

¿Y allí se puso a pintar?

Sí. Sobre una vieja puerta de madera pintó un bodegón de cerezas. Me explicó que oía el ruido rítmico de los batanes del molino, y que a cada golpe él daba una pincelada de rojo, una por cereza, y luego lo mismo con los puntos blancos, que eran los brillos. Y luego empezó a pegar sobre la pintura los rabitos de verdad de las cerezas, y, en su delirio, luego quiso hasta ponerles los gusanos reales de las cerezas...

Aquel niño Dalí ya era Dalí...

¡Sí! En ese momento irrumpió el tío Pepito Pichot, que exclamó: “Això és genial!”. Dalí me contó: “Aquella fue la primera vez que oí a alguien decir que yo era genial...”. Casi setenta años más tarde, Dalí me pidió que le acompañase al Molí de la Torre, a ver si encontrábamos en el desván aquella vieja puerta pintada. No la encontramos.

Lástima. Pero me relataba su primer encuentro con Dalí...

Dalí y Pitxot en 1975, en el museo Gala_dali, foto de Melito Casals, Meli

 

Sí. Aquel verano de 1950 yo tenía unos 16 años, y fui con mi padre a casa de Dalí, en Portlligat, a ver su “Santa Cena”. Contemplamos el maravilloso cuadro. Luego, señalándome, mi padre anunció a Dalí: “Aquest nen pinta amb intenció”.

¿Sí? ¿Ya pintaba usted?

Desde un día en el colegio, a los 10 años, en San Sebastián ... Por la Guerra Civil, mi familia había huido de Figueres (una bomba destruyó nuestra casa) y de Cadaqués. Vivimos un tiempo, a principio de los años 40, en San Sebastián, y en el colegio había un profesor de dibujo que se llamaba Juan Núñez Fernández... ¡que resultó ser el mismo que había enseñado a dibujar a Dalí en un colegio de Figueres 30 años antes!

¡Increíble casualidad!

Sí. Núñez me hizo dibujar un busto de Séneca, le gustó y sentenció: “Parece que tenemos un artista...”. Yo no sabía ni qué quería decir eso...

Pero le bautizó como artista.

Sí. Y decidí que sí, que yo sería pintor. Lo deseé obsesivamente. Y lo he sido. Obsesivamente. Nunca he querido ser otra cosa que pintor.

¿Qué dijo Dalí al saber que usted pintaba?

Nada. Años después, en 1972, Dalí se presentó en casa, aquí, en Cadaqués. Habló con mi tía Mercedes (eran amigos), viuda de Eduardo Marquina, y subió a mi taller. Fue mirando mis cuadros, canturreando. Y se fue sin decir nada.

¿Nada?

Al salir, sólo le dijo a mi tía: “És l'Opus Dei de la pintura”. Aún no sé qué quiso decir...

Pero le gustaría, porque se la llevó a su museo...

Pitxot y Dali

Sí. Al día siguiente me telefoneó: “Quiero exponer tu obra de forma permanente en mi museo, y que colabores conmigo”. Y lo inauguramos el 28 de septiembre de 1974.

¿Qué le gustaba a Dalí de estos cuadros suyos?

Que eran “ultralocales”, un “delirio ultralocal”, decía.

Desde luego que lo es: Pitxot pasea cada mañana por la playa de piedras que hay al pie de su casa. Suele llevarse algunas al bolsillo... Luego las sube a su taller. ¡He visto ahí montones de piedras! Con ellas, Pitxot compone figuras humanas, verdaderas piezas escultóricas, escenas completas. Y luego se sienta ante el lienzo en blanco y...

Y pinta usted esas figuras, figuras hechas con piedras.

¿Qué más puedo pedir? Una me sirve un día para una mejilla, otra para una nalga... Yo no bajo a buscar esas piedras: me paseo y ellas me encuentran a mí. Será por algo... Misterio. Cada piedra expresa algo en cada momento, algo de lo que me pasa, son reflejos de mi vida. Algunas las tengo aquí hace ya 30 años, y han sido parte de diversas figuras. Otras son de ayer...

Eudald Carbonell me dijo que todo son formas de conciencia, empezando por las piedras...

Un día la ciencia demostrará eso con irrebatible certeza. Para mí, cada piedra está cargada de información, de imágenes...

Pero... ¿no le aburre pintar siempre piedras?

¡Yo viviría varias vidas sólo mirando piedras! A Dalí le sucedía eso: pasó los últimos cuatro años de su vida contemplando un muro.

¿Qué muro?

Un muro de su Teatre Museu: lo veía desde su ventana en la Torre Galatea. Era un muro erosionado, desconchado, de piedras irregulares, fango, cemento... Mirar eso le bastaba.

¿Qué tenía ese muro?

Todo: las sombras, los reflejos del sol, los colores cambiantes... ¡Dalí me rogó que jamás reparásemos ese muro! También Piero Di Cósimo veía dragones en los esputos sanguinolentos que los tuberculosos lanzaban sobre el muro de un hospital. Y pintaba esos dragones.

Uag.

De joven, Dalí podía pasar horas contemplando únicamente una roca. Y yo le he visto en su estudio quedarse inmóvil durante 30 minutos –¡repito: 30 minutos!– tras una pincelada cargada de óleo de linaza y resina de ámbar, mirando la lenta caída del goterón que se deslizaba tela abajo.

¿Qué veía ahí Dalí?

Las fuerzas del cosmos. La gravedad y otras fuerzas están en la forma y el desplazamiento de esa gota.

autorretrato con locorelas, 1974

¿Tenía usted el privilegio de ver pintar a Dalí?

Fui el único al que Dalí permitía estar allí, sentado en su estudio de Portlligat, mirándole mientras él pintaba. Mi presencia era la única que no le inquietaba ni perturbaba. Un día me preguntó: “¿No te aburres?”. Le dije que me fascinaba, que la pintura era mi religión y que pagaría una fortuna por ver durante cinco minutos a Velázquez pintando. Al oír esto dejó caer el pincel y la paleta y exclamó: “¡Yo, por esos cinco minutos, sería capaz de arruinarme!”. Y ya no pintó más ese día.

¿Le dio Dalí algún consejo?

No. Un día me dijo: “ Fes sempre el que et roti” (haz siempre lo que te dé la gana). Es más que “haz lo que quieras”, es “lo que te salga de dentro”. ¡Y me hizo prometérselo!

¿Y se lo prometió usted?

Por supuesto. Y cumplo.

Él lo hizo toda su vida, ¿no?

Dalí era siempre una sorpresa, un espectáculo de visiones, de ideas. Le desbordaban, le brotaban.

¿Por ejemplo?

Decía que los errores y accidentes no hay que corregirlos y que los accidentes indican cosas y debemos aprovecharlos. Él lo hacía. Un día, estábamos sentados en una terraza de la rambla de Figueres y cayó un rayo cerca. Dalí dio un salto de medio metro y dijo: “¡Tienes que pintar ‘La tempestad' de Giorgione!, el cuadro más misterioso de la historia de la pintura!”.

¿Lo hizo?

Sí. Está en esta exposición... También una vez me dijo: “Si coges una brazada de piedras de tu playa y las desparramas sobre una mesa, obtendrás ‘La batalla de Constantino', de Rafael. ¡A ver si eras capaz de pintar eso”. Y aquí lo tiene...

Maravilloso...

Él tenía razón: la composición de formas y colores del cuadro de Rafael se corresponde con las tonalidades de estas piedras de Cadaqués.

Pitxot, figura en paisaje mineral, 1973, Fundacion Gala_Dali


Vuelvo a Dalí: ¿estaba Gala presente mientras él pintaba?

Sí, a menudo. Un día, allí, ella me preguntó: “¿Es usted creyente?”. Respondí que si me ponía a razonar, me inclinaba por no creer. Al oír esto, Dalí dejó de pintar: “¡No es así! ¡Yo, cuanto más reflexiono, más creo en Dios!”. Dalí era luliano: aspiraba a llegar a Dios mediante la razón, no por la fe. Yo hoy pienso que la ciencia demostrará un día la existencia de Dios. Vivo con esa esperanza.

Para acabar, cuénteme alguna anécdota daliniana.

Provocó un cortocircuito y un incendio en Púbol por el placer de ver en la penumbra las chispas que saltaban del pulsador eléctrico para llamar a la enfermera. “Eran tan bonitas”, dijo...

¡Igual que de niño con los brillos de la mica o de las cerezas!

Exacto. Pero hay un momento con Dalí que me encanta, maravilloso: paseábamos un día por una calle y vimos un perro echado en la acera. Y Dalí, que iba cogido de mi brazo en el lado en que estaba el perro, me dijo: “Antoni, ponte tú a este lado, por si muerde”.

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 Antoni Pitxot

texto y fotos extraidas de www.salvador-dali.org

Nacido en el seno de una familia de tradición artística y muy relacionada con los Dalí (es su tío Ramon Pitxot, quien hace que Dalí descubra el impresionismo y determina su vocación de pintor), vive con su familia en Sant Sebastià desde 1946 hasta 1964. Allí tiene como profesor de dibujo a Juan Núñez Fernández, quien también lo había sido años antes de Dalí en Figueres. En los años cincuenta, mientras practica un realismo de raíz expresionista se da a conocer con diversas exposiciones en Sant Sebastián, Barcelona, Madrid, Bilbao o Lisboa. En 1964 se instala definitivamente en la casa familiar de Cadaqués. En este período, su obra sufre un giro decisivo, ya que dirige la atención hacia el estudio de los objetos de su entorno: las piedras de Cadaqués, de las cuales hace surgir visiones anamórficas, antropomórficas y alegóricas, con las que entronca con una corriente subterránea de la pintura occidental que va desde ciertos maestros del manierismo italiano hasta el surrealismo.

Pitxot, desnudo femenino, 1975, museo Gala_Dali

También durante estos años, rehaciendo los viejos vínculos familiares, inicia su relación con Dalí, que culminará en un amistad duradera. En agosto de 1972 Dalí lo visita en su taller y le propone instalar una exposición permanente de su obra en el Teatro-Museo de Figueres, la cual se inaugura el 28 de septiembre de 1974. Se puede decir que el museo es, en buena medida, el resultado del diálogo entre estos dos creadores. En 1975, en colaboración con Salvador Dalí realiza los cuatro “monstruos grotescos” del patio interior del Teatro-Museo. Son monstruos-fuentes a la manera de los manieristas italianos, realizados con acumulaciones de piedras, cajones, troncos de árbol, un esqueleto de una ballena, caracolas y conchas. Antoni Pitxot será, desde la inauguración, el director del Teatro-Museo, tarea que combinará con su trabajo de pintor.

Entre Pitxot y Dalí se establece una gran comunicación y una complicidad estética. Así, por ejemplo, en 1958 Pitxot trabaja en la exposición “La batalla de Constantí”, que presenta en Barcelona. El tema de la batalla es inspirado por una conversación con Dalí, que le explica que las rocas de la playa de Sa Conca en Cadaqués ya configuran por sí solas múltiples batallas. Dalí hace el texto de presentación para el catálogo y le dicta a Antoni Pitxot el contenido, frase por frase: “Cuando las rocas despiertas de cuatro mil años de soñar, las ensordece el estrépito de una batalla en cada mano”.

Antoni Pitxot, el dia y la noche, 1982

En los últimos años de Dalí, Pitxot lo acompaña en todo momento. Ambos artistas mantienen un intercambio permanente de comentarios y opiniones sobre temas diversos, especialmente sobre el arte y el mundo de la pintura; así, hablan sobre Watteau, Rembrandt, Velázquez, Gustave Moreau, los prerrafaelitas o el futurismo italiano.

La obra de Antoni Pitxot se encuentra en diversas colecciones particulares, en el Teatro-Museo Dalí y en el Centro Internazionale di Studi sulla Comunicazione umana, con sede en la Villa Barbariga de Sant Pietro de Strà (Italia).
Antoni Pitxot es también patrón vitalicio y vicepresidente segundo de la Fundación Gala-Salvador Dalí de Figueres.

 

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