La muerte de la industria.

por Enrique Martínez


5 - En busca del arca perdida. Las reediciones.

Lo que también ha resultado difícil de asimilar en estos años ha sido la fiebre por las reediciones de discos antiguos, clásicos o más oscuros, con un trabajo de remasterización concienzudo y que siempre viene acompañados de una serie de inéditos o rarezas y unas líneas interiores que hacen del libreto un pequeño tratado sobre el artista en cuestión. Cuando surgió el CD se procedió a transferir y publicar todo lo más tópico del catálogo de los diversos sellos en CD, y poco a poco fuimos cambiando nuestra colección. Pero en la primera oleada el rock era el hermano pobre. Si nos fijamos las reediciones de jazz eran mucho más cuidadas que las de rock, e incluían todos esos extras que ahora nos ofrecen siempre. La comparación resultaba odiosa: si observabas una reedición de Blue Note, con su límpido y vibrante sonido, esas informativas líneas interiores y los temas inéditos y contemplabas tu CD de Led Zeppelín con un art-work que ni siquiera respetaba el original y un sonido metálico y frío, te sentías estafado.

Pero si comparabas dentro de un mismo sello el tratamiento que Capitol le daba al catálogo de Sinatra y lo que ha tardado en reeditar los discos de The Band en condiciones, te dabas cuenta de que existía la conciencia de una diferencia entre estos géneros que hoy ya no persiste. Tal vez se creía que frente a aquellos melenudos que coleccionaban discos de los Stooges, el consumidor de jazz o clásica era una persona de cierta edad, cultura, buen gusto y nivel adquisitivo, con pocas ganas ya de ir hasta la tienda a comprar novedades y cuya lucrativa nostalgia tenías que despertar ofreciéndole algo que mejorase lo que ya tenía en casa. No le podías dar esos CD con una portada cutre y un sonido extraño e inferior. Y además convenía darle algo para leer mientras escuchaba un disco que, en realidad, ya se sabía de memoria. Durante años la reedición en el rock era un caos, con unas majors que no sabían lo que tenían en el archivo.

Por ello la recuperación de ciertos discos quedaba en manos de sellos como Edsel o Bomp, fundados por freaks que conocían el producto y sabían vender nostalgia. Mientras que las majors sólo sabían vender mal lo infalible: aún ahora los CD´s de los Beatles cuestan una fortuna y dan pena. Hoy por hoy sellos independientes especialistas en este tipo de trabajo continúan existiendo, encargándose de aquello que las majors no saben manejar. Ejemplo absolutamente brillante de esto sería Sundazed Records. Pero en las centrales de los grandes sellos deben haber llegado a la conclusión de que la generación de los años sesenta ahora ya es adulta y tiene ese nivel de ingresos y exigencia que antes localizaron en el público jazz. Deben ver, no sin cierta razón, al rock como un género de museo, con la capacidad de tener ya una teoría generalizada de su propia historia, con hitos artísticos que todo el mundo debe conocer, y tal vez un futuro de género minoritario como el jazz.

Y así todos los grandes sellos tienen en marcha concienzudos planes de reedición, encargados a susbsellos especializados pero integrados dentro de su estructura. Así el coloso WEA compró Rhino, que comenzó siendo una tienda y después un pequeño y dinámico sello especializado y que ahora ha pasado a encargarse con brillantez de la reedición de los archivos de Atlantic, Warner y Elektra. El año pasado recuperaron de verdad para la historia el "Foreverchanges" de Love, que en su primera edición en CD sonaba horrible. Sony confía en Legacy para que rentabilice su historia, y la verdad es que su trabajo con los Byrds resulta ejemplar.

Lo que ocurre es que tiemblo al pensar que se aproxima una campaña similar con Bob Dylan que va a arruinarme definitivamente. Y también está las "Deluxe Editions" de BMG para Island, Motowon y Polydor. El único disco del súper-grupo Blind Faith, el "Whats Goin´ On" o el Let´s Get It On" de Marvin Gaye, el "Catch A Fire" de Bob Marley, el "Live At The Apollo" de James Brown, incluso el "One More From The Road" de Lynyrd Skynyrd, para quien pueda pagar 5.000 pesetas por unos lujosos dobles CD, rellenos de inéditas hasta duplicar la longitud original de los discos. Ya sabéis, si nos gusta el estado de la música actual, no os sintáis culpables porque aún tenéis maneras de contribuir al mantenimiento de nuestra adorada industria del disco. Industria con la que en algún momento debo haber firmado un pacto por mi alma, del que en verdad no recuerdo nada, pero que me temo que me va a costar muy caro.

Enrique Martinez (principios del 2.002)


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