derechos de autor en internet

(Julián Álvarez. 1997)

Apenas Internet es algo más que titulares en los periódicos (unos 200.000 usuarios en España), y ya estamos pretendiendo reglamentarlo y exigiendo policías para que vigilen las propiedades que hemos depositado en esta especie de zoco o mercadillo virtual hippy de la nueva era digital. ¿Pero qué propiedades?

Me interesa Internet porque libremente puedo colocar mi mercancía y mostrarla sin que ningún jefe de redacción, comisario, o programador tenga que autorizarlo. Simplemente llego, extiendo el trapo y organizo la mercadería, que puede ser robada, restos de serie, artículos de artesanía, obras de arte, o recambios de bicicleta, pero todo ese material no son sino paquetes de información, es decir series interminables de ceros y unos.

Ceros y unos es lo que podemos substraer o piratear de Internet. Esos paquetes de información luego los podemos convertir en nuestro ordenador en un Picasso, por ejemplo, pero cualquier litografía mal hecha es mejor y más vendible. Abusar de la falta de control de Internet no compensa, y mucho menos introducir policía para vigilar algo que no tiene valor en el mercado.

Internet es un medio nuevo con extrahordinarias posibilidades, y lo que me preocupa es avanzar precisamente en el desarrollo de dichas posibilidades, y no en sus limitaciones. Entiendo la postura de los que se ocupan de vigilar nuestros copywrights de acuerdo al principio que comparto con reservas de que "más vale prevenir que curar". Pero lo cierto es que hoy el gran atractivo del medio es que uno puede sentirse "okupa" en Internet, y hacerle una figa a la administración y sus papeles. En Internet los adultos disfrutan gamberreando y escribiendo marranadas en las paredes, y no me parece mal. Si existe un paraiso, debe estar en Internet.

Como no soy abogado, ni especialista en derechos de autor, aunque sí beneficiario, y productor-autor de una Web (www.idep.es/juliansite), no puedo aportar otros argumentos que los que me dicta la lógica. Y dicha lógica me dice que no debo preocuparme si otro se apropia de mi trabajo para un uso particular (Andy Warhol se apropió del rostro de Marilyn Monroe, y otros muchos de la Monna Lisa), sino alegrarme de suscitar interés. La lógica me dice también que si alguien lo explota y obtine unos beneficios a mi me corresponde una parte.

Las leyes que actualmente rigen para la vigilancia de los derechos de aquellos que colocan/depositan sus aportaciones originales en un medio de comunicación como es la prensa, por ejemplo, son suficientes para proteger a los autores-productores con obra en Internet. Siendo éste un medio nuevo, no lo es tanto que necesitemos diseñarle una policía o reglamentación especial, me parece.

Dicho lo anterior, los productores y autores detentadores de derechos, entre los que me encuentro, deberíamos también preguntarnos (en el caso del cine sobre todo) cúal ha sido el beneficio -digo beneficio- que el pirateo ha proporcionado al negocio cinematográfico. Seguramente mayor que los perjuicios (es una opinión temeraria, desde luego). ¿El tinglado de Bill Gates sería "tan universal macrotinglado" sin la piratería? Me temo que no.

Por otra parte, si mi poema más genial lo escribo en un WC público para que sea visible para todos los que allí hagan sus necesidades, está claro que me expondré a que otros añadan, tachen y se conviertan en co-autores de mi poema. Lo mismo digo de aquellos que hacen de las fachadas recien pintadas su medio de expresión. Internet es hoy un medio alternativo, y alternativas son las propuestas que el medio acoge, ya sean comerciales o artísticas.

Estamos en el pórtico de lo que podríamos definir como Renacimiento Digital, una nueva Era (pero no revolución) en la que las herramientas digitales orientan los discursos audiovisuales en una dirección multiargumental (no narrativa, no discursiva), como es el caso de los muchos anuncios-collages donde el mensaje es la síntesis de diversos y dispersos microargumentos superpuestos. Cada día se produce más material icónico de contenido vanal procedente de material de desecho, reciclado gracias a las posibilidades de la tecnología digital. Gran parte de ese material se deposita en Internet.

En definitiva, desde mi perspectiva de creador que trata de descubrir y hacer practicable Internet, lo que me interesa es su novedad como medio alternativo, y en consecuencia asumo todos sus posibles inconvenientes y precariedades.

Julian Alvarez. Barcelona, 1997

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