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Apuntes sobre Artaud
y su obra "para terminar con el juicio de dios"
La idea ha sido simplemente transcribir los textos de
Artaud y ponerlos a disposición para que aquellos que puedan
estar interesados tengan la posibilidad de leerlos y de adentrarse un
poco en su obra.
No pretendemos hacer ni una tesis ni un ensayo, solo unas notas que
ayuden a situar al lector a través de los acontecimientos y las
circunstancias y sobretodo completar el proyecto musical de Elevador
de cargas basado y desarrollado a partir
de esta misma obra. No es nuestra intención intentar explicar
lo inexplicable o dar masticado algo que es por definición indigestible.
La traducción que hemos escogido es la de María
Irene Bordaberry, porque pensamos que es francamente buena.
La disposición tipográfica se acerca mucho a la utilizada
en la edición limitada de 2.000 ejemplares de Caldén (Argentina-1975),
ya que no podemos ver los originales ni disponemos de la primera edición
de K; hay que entender que los poemas de Artaud están
escritos para su lectura en voz alta y para su compresión auditiva
y precisamente esa disposición tipográfica es un recurso
más del autor que trata a veces de impedir la compresión
al uso buscando otros caminos cortando las frases o poniendo algunas
palabras incluso dos páginas atrás, al fin y al cabo hablamos
de uno de los mejores exponentes del movimiento surrealista...
Y en palabras suyas :
"'El surrealismo no es un nuevo o más fácil medio
de expresión ni, incluso, una metafísica de la poesía;
Es un medio de liberación total del espíritu y de todo
lo que se le parece".
.., (El surrealismo) es un grito del espíritu que regresa a sí
mismo decidido a pulverizar desesperadamente sus cadenas".
Hay que saber que durante 9 años, entre 1937 y 1946 Antonin
Artaud permaneció encerrado en hospitales psiquiátricos
de forma ininterrumpida, al margen de otros internamientos previos,
allí fue duramente “tratado” a base de electroshoks
y otros métodos que físicamente le deterioraron hasta
el punto que cuando le soltaron parecía un anciano; 9 años
que pueden corresponder a 40 años en el transcurso de la vida
“normal “de cualquier persona hoy en día, con el
agravante de que parte de esos años (entre el 37 y el 43) sucedieron
en la Francia ocupada por los nazis. No es necesario decir nada más.
La vida de Artaud supera a la ficción en todas sus etapas.
Para terminar con el juicio de dios fue escrito por
Artaud a petición de Fernand Pouey para ser transmitido por la
radio francesa.
Artaud, M. Casares, R. Blin y P. Thévenin lo grabaron el 28 de
noviembre de 1947, pero la emisión, programada para el 2 de febrero
de 1948 fue prohibida por el director de la radio, Wladimir Porché,
escandalizado por la virulencia del texto.
Fernand Pouey logró que se formara una especie
de tribunal (integrado, entre otras personalidades, por Cocteau, Eluard,
René Char, Paulhan, Barrault, Jouvet, René Clair, Callois,
etc...) encargado de dar su parecer sobre el poema. El fallo fue totalmente
favorable pero, no obstante, el director de la Radio mantuvo su veto.
También hubo una audición privada en un cine abandonado
de París, pero la radiofonía en sí no sería
publicada como documento sonoro hasta 15 años más tarde.
Artaud moriría ese mismo año (1948) bastante decepcionado
por todas estas circunstancias que se daban precisamente cuando por
fín creía haberse liberado de 9 años de terror
e incomprensión.
Las "cartas"
agregadas posteriormente al ser publicado por K editor,
muestran cuál era la posición de Artaud en este asunto,
además de ser una vía de expresión muy utilizada
por él desde que el doctor Frediére, durante la segunda
etapa en el Psiquiátrico se lo impusiera como “arte-terapia”.
La carta al sacerdote Laval
, que había sido favorable a la emisión del poema diciendo:
"Al fin he aquí el lenguaje verdadero de un hombre que sufre"
es ejemplar por el rigor con que Artaud plantea el problema de fondo
de una manera radical, sin concesiones, lo normal hubiera sido agradecerle
al padre Laval su fallo favorable al poema.
Otto Hahn comenta este texto así: "Es el
fin de la cultura como perspectiva privilegiada. Artaud después
de Rodez (hospital psiquiátrico) ya no cree en los sistemas,
en las posiciones intelectuales, en las manifestaciones virtuales. Ya
no cree en el teatro donde todas las relaciones están falseadas.
La «revuelta interior vendrá -le escribe a Breton-, pero
no vendrá del teatro, pues por sincero que este sea, los escenarios
con un público delante hacen del hombre más desinteresado
un actorzuelo».
Él que quería suscitar trances decide vivirlos: "el
teatro no es sino la vida, y la vida es un espectáculo sin explicación
ni justificación"
Lo que esos escritos poseen de singular se debe a la conmoción
y a la superación brutal de los límites habituales, al
cruel lirismo suprimiendo sus propios efectos, no tolerando aquello
que le da la expresión más segura.
Maurice Blanchot citó en 1946 esta frase de
Artaud: «Comencé en la literatura escribiendo libros para
decir que no podía escribir nada en absoluto.. Cuando tenía
algo que escribir, mi pensamiento era lo que más se me negaba.
Nunca tenía ideas y dos libros muy cortos, cada uno de sesenta
páginas, ruedan por esta profunda, inveterada, endémica
ausencia de toda idea. . .» para Artaud todo lenguaje verdadero
es incomprensible y su lenguaje ha sido definido como verdadero e incomprensible,
.
Artaud lo hizo en vida, en carne y huesos, en sensibilidad, su revolución
(¿cómo llamarla?) y lo dijo, las palabras lo usaron para
salir, pobres, obscenas, deslumbrantes, hirientes, podridas, tripas
de palabras, palabras que volvían al sonido y renacían
del sonido, del bramido, del hipo agónico de ese puñado
de carne rehaciéndose en otro cuerpo ante nuestros ojos de espectadores.
Artaud dice que debemos dejar de ser espectadores y que para eso hay
que arrancar el trozo podrido, el "yo", y que toda su guerra
individual es una guerra social, que adentro, en arterias, en tendones
y glándulas, transcurren carnicerías tan grandes como
las de afuera, y que en su nuevo estado no hay adentro ni afuera.
Paule Thévenin, resistiéndose al enjuague
que querían hacer con Artaud algunos personajes, dice con claridad:
"La obra de Artaud trastorna. Trastorna porque destruye por su
base todo un sistema de referencias, porque corroe la cultura específicamente
occidental y se dedica a atacar el pensamiento y la sociedad pequeñoburguesa.
Pensamiento que se defiende declarando insensatos, privados de sentido
y por consiguiente incomprensibles, sus últimos textos. Sociedad
que busca preservarse y mantenerse relegándolos al catálogo
de las obras de alienados después de haber tenido la precaución
de encerrarlo, a él, durante nueve años en asilos para
poder así decirle loco cómodamente". Se sabe que
"la estructura fundamental de la locura está inscrita en
la naturaleza misma del hombre", que en nuestra sociedad nunca
se ha pensado más profundamente que en sus locos, ¿entonces?
G. Bataille le describía así en cierto
período de su vida :
"Conocí a Antonin Artaud, en cierta medida, desde los primeros
tiempos a través de Fraenkel.
Era hermoso, descarnado y sombrío. El teatro y el cine le producían
dinero como para vivir bien, pero no por eso su aspecto era menos famélico.
Nunca se reía, ni estaba pueril e incluso aunque hablaba poco
había algo patéticamente elocuente en su silencio grave
y terriblemente enervado. Estaba calmo, su elocuencia muda no era convulsiva
sino, por el contrario, triste, abatida, interiormente atormentada.
Parecía un pájaro rapaz, huraño, de plumaje terroso,
concentrado en el instante de levantar vuelo, pero detenido en esa posición,
de cualquier manera no incitaba a la conversación.
Artaud le describía a Fraenkel sus estados nerviosos. Se drogaba,
sufría."
El propio Bretón dice : " Sé que
A.Artaud ha visto, en un sentido en que Rimbaud
y aun antes Novalis y Arnim habían hablado de ver
... el drama es que la sociedad a la que cada vez nos honramos menos
de pertenecer persiste en considerar como un crimen inexpiable que un
hombre haya pasado al otro lado del espejo.
En nombre de todo aquello a lo que me siento unido más que nunca,
aclamo el regreso a la libertad de Artaud en un mundo donde la libertad
misma está por rehacerse; más allá de todas las
denegaciones prosaicas doy toda mi fe a Antonin Artaud, hombre de prodigios;
saludo en Antonin Artaud la negación desesperada, heroica, de
todo lo que morimos por vivir."
Y para terminar reproducimos un fragmento de un espléndido texto
de 1968 (Buenos Aires) de Aldo Pellegrini publicado
por Editorial Argonauta con el cual nos identificamos plenamente :
La obra de Artaud es inclasificable. No existen pautas para definirla.
Sus textos ocupan el lugar de la literatura, pero no son literatura;
simplemente la desplazan.
La notable influencia que la obra de Artaud tiene sobre una parte importante
del espíritu contemporáneo, ¿ a qué se debe?
Es una obra extraordinariamente compleja que desarrolla una multiplicidad
de sentidos y a pesar de ello de una notable unidad, aunque haya quienes
la consideran resultado de un pensamiento paranoico; éstos son,
sin duda, aquellos que dentro del término paranoico engloban
cualquier pensamiento libre.
La obra de Artaud, por encima de toda otra apreciación, debe
considerarse inspiradora de una nueva conciencia de la rebelión,
afirmada en los valores más hondos del hombre, en oposición
a una sociedad esencialmente antihumana.
La atracción apasionada que ejerce sobre determinados seres se
debe a que constituye la más potente y luminosa forma de disconformismo
que haya dado la palabra.
Por su carácter singular, la obra de Artaud desafía a
toda crítica. Mucho se ha escrito sobre ella. Desde los testimonios
de quienes lo conocieron, hasta los ensayos y estudios en distintos
niveles y con diversas perspectivas.
Pareciera que la obra de Artaud se resiste a ser tratada como objeto
de estudio, se niega a ser examinada como forma. Lo prueban los últimos
ensayos de conocidos estudiosos de la literatura. El modo de "envoltura
del texto" (según la expresión de Barthes) en que
se complace un sector de la nueva crítica, en lugar de abrir
el acceso a la obra, lo cierra. Los intentos de una indagación
formalista del tipo del análisis estructural, no conducen, en
este caso, más que a la pulverización del texto y terminan
por no entregarnos nada.
La escritura de Artaud produce la sensación de una inmovilidad
que borbotea, agitada por poderosas presiones internas. Para seguir
las sinuosidades de ese pensamiento en ebullición, no queda más
recurso que identificarse al máximo con él, y acompañarlo
hasta en sus contradicciones. Estas contradicciones se convierten, en
la señal de un pensamiento vivo que no puede medirse con los
patrones de la lógica formal. Más que el frío desmenuzamiento
de un texto, con pretensiones de interpretación, la función
de la crítica debe consistir en una guía de ruta, que
señale la conformación y los accidentes de la obra, en
una especie de visión panorámica que respete su integridad,
acompañe al texto e ilumine, si cabe, sus lugares recónditos,
pero excluyendo toda maniobra que resulte agresiva para él.
Es imposible hacer un análisis con criterio pretendidamente objetivo
de la obra de Artaud, ni tener una idea alejándose para tomar
una perspectiva de ella. Nada se ve alejándose, pero en cambio
si nos acercamos lo suficiente, de pronto nos sentimos sumergidos, como
envueltos en ese piélago ondulante de palabras agitadas por estremecimientos
semánticos. Sólo penetrando en esa atmósfera de
total exasperación puede alcanzarse el pensamiento de Artaud.
No hay duda de que para realizar una indagación de esta clase
hay que tener conciencia de las dificultades y de los riesgos de extravío.
Pero si emprendemos la tarea es probable que de pronto nos sintamos
cercanos al foco donde anidan los problemas esenciales del hombre, allí
donde se asienta la fuente más pura del ser; y como gratificación
final quizás estemos entonces en condiciones de penetrar en nosotros
mismos y descubrirnos.
Nada puede pasarse por alto en Artaud porque en lo que dice todo adquiere
un sentido nuevo, y cada cosa, cada signo, aún el más
insignificante, se torna inexplicablemente revelador.
No hay más medio para utilizar, pues, que la imersión
en el texto, despojados de preconceptos, de normas, de modelos, y antes
que nada, despojados del prejuicio de la literatura. Penetrar en una
obra tan poco asequible, significa lanzarnos en lo oscuro sin otra guía
que el mismo Artaud, pues, como él dice: "Lo que yo hago
es huir de lo claro para aclarar lo oscuro". Podría hablarse
paradójicamente en Artaud de una claridad de lo oscuro. Un texto
suyo es como una luz móvil que ilumina y recorre lo abisal.
Nos encontramos, entonces, frente a un nuevo tipo de escritura en la
cual se vuelca la totalidad de la experiencia vital más honda,
con prescindencia de estructuras formales previas o de una intención
estética de cualquier tipo. No se aspira en ella a ningún
ideal de belleza o perfección. Ya no es más literatura.
Lo que no quiere decir que antes no se hayan realizado intentos parecidos
de liberación del lenguaje.
Los encontramos en Rimbaud, en Lautréamont y en algunos autores
de este siglo, aunque en todos ellos nunca deja de estar presente la
intención literaria.
Artaud supera las nociones que tenemos del escritor o del poeta. Tampoco
es el filósofo o el místico, aunque sus relaciones con
este último sean las más estrechas.
Sus textos constituyen una retahíla de vivencias, puestas tan
al desnudo como jamás imaginó escritor alguno. Rehuyendo
cualquier tipo de ficción, cualquier vestidura literaria, despojadas
al máximo, son vivencias recogidas en lo más profundo
del ser, allí donde nacen la religión, la filosofía,
la poesía, pero respetando su primordial cualidad volcánica,
con su incandescencia originaria, para configurar una lava hirviente
de palabras que pretenden calcinar un mundo en descomposición,
este mundo en el que vivimos.
La de Artaud es la transcripción sin ejemplo de una experiencia
de vida total. Su obra escrita es una exploración descarnada
de la condición humana, especialmente en sus niveles más
ocultos, mostrándonos su absoluta precariedad: el desamparo,
el despojamiento, la invalidez, la parálisis que fija al ser
en un punto siempre detrás de sí mismo y lo detiene en
la zona de la soberana impotencia. Esta es la situación con referencia
a la condición de un hombre que simplemente pretende vivir con
autenticidad. Artaud mismo nos ofrece la imagen de fuerzas extremas
en tensión: siendo el máximo desposeído es aquel
a quien sólo conforma la posesión de lo inalcanzable.
Increíble tortura de lo inalcanzable: el suplicio de Sísifo
y el de Tántalo combinados.
Todo su saber, Artaud lo extrae de sí mediante el recurso de
colocar a su ser en estado de paroxismo, para rescatarlo del vacío
al que conduce la razón en su inútil juego de alcanzar
la verdad. La razón que permanentemente se impone por norte la
verdad y que maniobra sagazmente para encontrar los caminos tortuosos
que la desvían de ella. También para la razón,
la verdad resulta inalcanzable.
Y aquí es el momento de recordar alguno de los múltiples
diatribas de Artaud contra la razón.
En "La anarquía social del arte" dice: "No es
espiritual nada que pueda ser alcanzado por la razón o la inteligencia."
Una obra tan difícil ha dado pie para que se la enfoque desde
los puntos de vista más dispares.
Al sacudir de modo violento el conformismo y las normas de vida aceptadas,
al proponer casi una Ideología de la transgresión, resulta
lógico que la mayoría la rechace totalmente.
Entre aquellos que le manifiestan cierta estima hay quienes la consideran
simplemente como documento de un caso patológico en un curioso
sujeto dotado de cierto talento, o como la aventura literaria de un
extravagante desafortunado. Pero sus mayores enemigos suelen estar entre
quienes parecen aceptarla sin reparos.
El mito de Artaud ha invadido el sórdido reducto de los snobs,
que ven en su rebelión condimentada de locura, un producto no
sólo inofensivo para el "establishment", sino de gran
valor ornamental por su singularidad. Es víctima también,
por otro lado, de la adoración estúpida de algunos fanáticos
que buscan héroes compensatorios de su inferioridad, seducidos
por su carácter de poeta maldito, por su holocausto personal,
y recogiendo el aspecto exterior o anecdótico de su vida y de
su obra. Llega hoy hasta a convertirse en bandera de la crápula
intelectual, y aquí reside el mayor peligro de confusión,
por lo que la tarea de quienes respetan a Artaud es arrebatarlo de las
manos de los crapulosos.
Pero el suyo no deja de ser el destino de todo aquel que ha logrado
despertar un eco nuevo en el espíritu de los hombres de modo
que hay que resignarse a esperar todas las deformaciones posibles y
el aprovechamiento de su pensamiento por falsificadores del más
variado género.
guía
de recursos Artaud en castellano
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