lansbury

that creepy hope on love
(astro, 2003)

Por DIEGO ALONSO ARÉVALO (mistakesregrets@hotmail.com)

El primer disco largo de los asturianos Lansbury se mueve por caminos ya transitados dentro de nuestras fronteras por formaciones como los ya veteranos (y nunca suficientemente reconocidos) Migala. Pero That Creepy Hope On Love contiene once composiciones que, aunque llevan sus influencias a flor de piel, demuestran un gusto y una producción exquisita.

El disco comienza destilando melancolía con “Hole/World”, una canción de pulso lento y guitarras arpegiadas que recuerda vagamente a los Codeine más melódicos. Quizás por eso sorprenden tanto las guitarras distorsionadas de su single “A Luscious Moment”,
un emocionante tema que se construye a base de atmósferas de teclados y disonancias.
La voz de Javier Otero (un aprendiz de crooner que parece haber estado escuchando últimamente a Tindersticks) es uno de los mejores instrumentos de Lansbury, y su susurro trémulo domina por completo el disco, dotándolo de cohesión a pesar de la diversidad de estilos que por él desfilan. Desde la desnudez folk-junto-al-fuego de “Your Starlette Lingerie” a la tensión contenida de la hipnótica “A Way Back Home”, pasando por la canción que da título al disco, una conmovedora declaración de principios (“esa rastrera esperanza en el amor”) que parece nacida de la pluma de Mark Kozelek (voz, guitarra y alma de Red House Painters). Y al final, el arrebato. El último tema, “The Birthday Boy”, muestra el lado más oscuro del grupo, huyendo de tentaciones post-rockistas y alimentándose directamente del dramatismo de las malas semillas del primer Nick Cave.

That Creepy Hole On Love suena extrañamente familiar, lo que resulta a la vez su peor defecto y su mayor virtud. No cabe duda de que Lansbury tiene que encontrar aún su propio sonido, pero es precisamente esa familiaridad (y su voluntad de mantenerse dentro del formato canción) lo que hace este disco inmensamente disfrutable.


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