EL JAZZ EN LA BOCA
Ildefonso Rodríguez
(Editorial DoSSoles, Burgos)

Por Maguil

Seguro que Ildefonso me entiende: necesito escuchar algunos discos una vez al año, por ejemplo. Entre ellos siempre está A Love Supreme, de John Coltrane. También necesito escuchar cada dos o tres años una canción concreta: Gracias a la Vida, de Mercedes Sosa (hermosa la versión que hace en directo Chano Domínguez). Recurrencias, anclajes, speeds clavados en la roca para seguir la ascensión (de nuevo Coltrane). Algo así se respira con la lectura de esta magnífica literatura.

¿Qué tienen en común música y poesía? El ritmo, la combinación de sonido y silencio. Después vendrá la melodía, la armonía, los acentos… todo vendrá después, si se le llama. De eso va este libro: de la llamada de la música, del pensamiento, de la literatura, de la vida en un joven leonés de la España que despierta en los 60.

No puedo por menos que verme identificado con la totalidad del libro, por amistad, por relaciones teatrales -Corsario- por afinidades musicales: jazz, improvisación, Evan Parker, Derek Bailey… entre otros.

orquesta polar

Aprendizaje autodidacta, duro, muy prolongado, como la mayoría de nosotros –los Stones decían: qué va a hacer un joven en el Londres dormido si no es tocar en un grupo de rock / ya que el tiempo es el mejor para luchar en las calle-. Pues eso luchar como podíamos contra la hambruna cultural prolongada del tardofranquismo: música, teatro, literatura… a luchar a brazo partido en la calle por comprender lo que nos rodeaba cultural y artísticamente.

Excelentes muestras de textos propios y referencias a amigos (Miguel Casado, Miguel Suárez), certeras apreciaciones de la estructura (or the lack of it) en textos y melodías. Un músico/escritor cercano a la tierra y mirando la altura de las ideas que llegaban, entonces, de fuera: Boris Vian y Archie Shepp… teatro-jazz, cuando ya Soft Machine habían oficiado –la patafísica de Jarry, les unió- de sacerdotes eléctricos en El Deseo Atrapado por la Cola, de Picasso… fiesta en Europa frente a misas, rosarios y comuniones diarias en España.

Algunos textos son para enmarcarles en el fronstispico de nuestros guateques generacionales… ”teníamos a Hendrix por compañero imaginario: salía a tocar con la energía de un tragasables, un domador del fuego”… apunta Ildefonso y… ”el conservador me apunta con su dedo de plástico, pero yo ondearé mi bandera bien alta” decía Hendrix en If Six was Nine.

O este otro, sobre algún lugar más cerca que la Seattle natal de Hendrix:.. “las sirenas de las fábricas (La Azucarera, Antibióticos) marcaban la ciudad con los pitidos de sus horas. Con un crescendo subían a la nariz humos y hollines, sustancias nauseabundas ardían en los hornos, venían nubes de las chimeneas… que el propio sonido traiga ya la virtualidad de hacerse música viva, ao vivo, live music”

Item más… ”¿dónde se echó la semilla de nuestra afición? En los olores mezclados del economato, y en los pitidos de los trenes nocturnos… somos los músicos del ferrocarril (Alfredo, Quique, Toño)”.

Excelentes los pasajes marcados como “vidas de músico”, las reflexiones sobre las traducciones diferentes de grandes textos de la poesía, del pensamiento occidental.

Pasan por las ventanas-hojas de este libro los personajes más inspirados e inspirantes de la música, de la poesía, del pensamiento, de la prosa del siglo de las sombras que ha sido el s. XX, algunos de siglos anteriores. Todos son tratados y citados con cercanía y certeza por Ildefonso Rodríguez, improvisador muy concienzudo, valga la contradicción… desde Lope de Vega a Miles Davis, desde Walter Benjamin a Stockhausen, de Miguel Suárez y “Cova Villegas” a Dexter Gordon (tengo un regalo para ti, Ildefonso). Todos nos llegan a través del filtro vital-musical-literario de este gran cronopio leonés.

Libro imprescindible para conocer los anhelos de toda una generación.

Si se escucha el libro leyendo a Marc Coplan, mejor, o viceversa, claro.

 

Maguil (enero'08)

fin

Almanaque es el término con que Ildefonso Rodríguez se refiere a El jazz en la boca: colección de apuntes tomados en el curso de los días, de una práctica que se reparte entre la poesía y la música. Lo que música y poesía tienen en común es el ritmo, y el ritmo –sus formas, sus problemas, su memoria y su pensamiento– es el eje articulador de los materiales que llegan al libro y de su propia escritura: fragmentos, relatos, citas, sueños… una prosa inconfundible en su personalísimo fraseo, en su tempo y sintaxis, en su variedad tonal. Hilvana ese hilo la reflexión estética con agudos elementos de análisis, la experiencia del poeta con la del músico, la del oyente, la del lector, una enciclopedia de amplísimos saberes, los episodios de una biografía individual y también colectiva, el rumor de las calles y del tiempo. Todos los componentes se funden en una atmósfera tensada en la emoción, cuya raíz se percibe a la vez existencial y ética, y cuya forma material es el arte: “Arte y vida van juntos”. El jazz en la boca construye un espacio de libertad y riesgo, de resistencia frente al pensamiento único y a lo convencional: el espacio del poema libre y el de la música improvisada, el de sus mismas apasionadas y lúcidas páginas.

Ildefonso Rodríguez (León, 1952) es músico y poeta, poeta y músico. Saxofonista, dedicado al jazz y la improvisación libre, por un lado, ha publicado, por otro, los siguientes libros de poemas: Mantras de Lisboa (1986), Libre volador (1988), La triste estación de las vendimias (Premio Provincia, 1988), Mis animales obligatorios (Premio Rafael Alberti, 1995), Coplas del amo (1997), Escondido y visible (en colaboración con el pintor Esteban Tranche, 2000) y Política de los encuentros (2003); también, el volumen de carácter narrativo Son del sueño (1998). Siempre generoso en el intercambio y en las empresas colectivas, fue miembro fundador de las revistas Cuadernos leoneses de poe­sía y El signo del gorrión, y participó y participa en numerosas formaciones musicales, entre otras, actualmente, en el grupo de música improvisada Sin Red; dirige también un aula-taller de la misma materia en la Escuela Municipal de Música de León.

 

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