EL DETERIORO DE LA VIDA CULTURAL
Juan González-Posada M.
¿Qué sucede en el sector cultural para que la ética centre muchos de sus debates? Quizás tenga que ver con que cada día se guardan menos las formas en este sector, y esto choca con la idea de que la cultura trata de lo simbólico, y por tanto no puede ni estar muerta ni triste como algunas instituciones culturales. La cultura pide un “pathos”, una implicación con lo que se hace. Cuando esta implicación no existe, se nota. Y esto es una cuestión de ética.
Una de las funciones básicas que tiene la cultura, es la de contribuir a la creación de “protocolos de comunicación”, que es el tejido de la sociedad pluralista. Por otra parte, hay una exigencia ética específica de la cultura, que consiste en luchar contra el relativismo de los que piensan que todos los valores son iguales. No es verdad. Hay valores universales, la libertad, el primero. Y la cultura no puede ser nunca una coartada para el crimen, sea el que sea: desde el maltrato de las mujeres, hasta la exclusión étnica o ideológica, o el acoso laboral. A partir de este principio se puede luchar contra los enemigos de la cultura: la ignorancia, el oscurantismo o la mediocridad.
La gestión cultural, sea desde una institución pública o privada, tiene que ser entendida como servicio público -en el sentido más noble- de responsabilidad hacia la sociedad. Es condición pues de la cultura, mantener siempre vivo el sentido crítico. Además, la gestión cultural es una gestión más cercana a la sensibilidad y a la vida del espíritu, que la gestión de otras actividades humanas. Esta especificidad se encuentra hoy delante de una serie de condicionantes derivados de los cambios producidos en la sociedad, que obligan a repensar constantemente su sentido y las responsabilidades.
Como dice Josep Ramoneda, director del CCCB, “Quizás la responsabilidad actual de la gestión consiste en saber mantener las preguntas y las inquietudes, sin que desaparezcan delante de los conflictos, y teniendo en cuenta tres convicciones básicas:
1. La responsabilidad ética se expresa en la tensión entre lo que es y lo que debería ser.
2. La cultura es un servicio al ciudadano que contribuye a la creación de opinión y a estimular las actitudes críticas. Este objetivo es contrario a la complacencia con las tendencias y el pensamiento mayoritario o con el políticamente correcto.
3. El derecho al acceso a la cultura es un derecho social que no tiene el reconocimiento ni las garantías que merece. El profesional de la cultura tiene que contribuir a desarrollar este derecho.”
Si el gestor no tiene como objetivo esto, difícilmente sabrá que tiene que hacer. Tampoco podrá justificar porqué toma unas decisiones y no otras. Tristemente cada día hay más gestores/as en plena y consciente confusión. No se impone la razón, ni la experiencia, ni la crítica, ni el documento, ni el número, y además, se permite trabajar de esta manera. Esto origina el lógico alejamiento de los ciudadanos de la imprescindible y necesaria vida cultural.
Juan González-Posada M.
Presidente de DDOOSS
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