FESTIMAD 2005. EL ESPÍRITU DE WOODSTOCK


Este era mi quinto Festimad. Impulsado por un gran cartel, el 2001 fue el año en que acudí por primera vez a El Soto, para disfrutar de buen ambiente, buena música...Un fin de semana para recordar, vaya. Y así fue. Vaya si me gustó, que repetí los tres años siguientes, casi sin fijarme quien tocaba o no. El Festimad era grande por todo en conjunto. El sitio, los conciertos, la organización, los amigos... Tenía sus carencias, está claro, pero, se me deshacía la boca en halagos para ellos. Se lo recomendaba a todos mis amigos efusivamente año tras año, y nunca me querían acompañar... apenas tres o cuatro éramos los que sin fallo, nos pasábamos por allí, incluso organizábamos nuestro calendario anual conforme a las fechas del Festi, como un ritual.

Pero el año pasado, algo cambió. El Soto, para desgracia de todos, incluídos los organizadores, pasaba a formar parte de la historia. Móstoles no permitía que se volviese a celebrar de nuevo allí otro Festimad más. Hay que empezar de cero. Nuevos ayuntamientos, nuevas opciones y un destino final: El Parque de la Cantueña, en Fuenlabrada. Algo nos decía que este año íbamos a pagar un poco la novatada de los cambios, pero, ¿hasta que punto?... Es incluso comprensible, que hasta que no tropiezas no te das cuenta de que existía un obstáculo. Pero como dicen en mi pueblo, una cosa es una cosa, y seis, media docena...

Jueves 26 de Mayo

Nada más llegar a Fuenlabrada, vemos una parada a un costado de la estación, que esperaba a los asistentes para llevarlos hasta la puerta del recinto. Horario de Buses: 19.30 - 23.30 ¿y la frecuencia? ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar hasta que venga un bus? Bien, cerca de 200 personas estuvimos sentados mas de hora y media hasta que apareció el dichoso bus, que nos llevó, apiñados, hasta el recinto, alejado de cualquier indicio de civilización. Además, el supuesto parking no es más que las calles de un polígono industrial. Aparca donde puedas.

A la entrada, los guardias parece que ya están cansados de registrar (se nota que lo han hecho, porque las mesas están llenas de desodorantes, martillos, latas.), pero a nosotros, unas leves palmaditas en la mochila, y para dentro. Es bastante tranquilizador saber que cualquiera ha podido entrar con cualquier cosa.

También nos sorprende un poco que este año hayan retirado la pulsera de otras ediciones. Un sello discotequero ultravioleta, que se iba con el sudor o la crema solar, y un "no pierdas la entrada, mañana te la cambiaran por una tarjeta". Que raro.

Pero bueno, vamos a montar la tienda, que ya es tarde. Pero: ¿dónde están las zonas de césped?, ¿dónde están las arboledas prometidas que nos darán sombra cuando amanezca? En vez de esto nos encontramos explanadas áridas, arbustos de apenas 1 metro de altura, y cantidad de cardos, paja y piedras. En fin, no queda otra cosa que resignarse, montar la tienda como buenamente se puede, y después de dar un paseo, irse a descansar.

Viernes 27 de Mayo

En cuanto amanece, el sol hace imposible estar en la tienda. Así que nos levantamos a asearnos un poco. Es temprano, no creo que haya muchos problemas. Bien, echando cuentas a la larga, para unos 30.000 asistentes, el camping disponía de una escasa docena de grifos, unas veinte cabinas WC tipo obra, y 8 ó 10 duchas. Con sus consiguientes colas, pequeñas para un lavado de cara, pero enormes para una ducha. Con la llegada de la tarde, las colas aumentaron considerablemente. En fin, aguantamos lo que se pudo, en los 4 grifos mal puestos (un premio al ingeniero que hizo la base con un cemento que se deshacía con el agua, impresionante). Un lavado de cara, y a la zona de conciertos, a otear como está el sitio.

La primera vez que intentabas acceder al recinto, había que pasar tres controles. El primero, un cacheo de rigor para no introducir objetos peligrosos, ni bebida que no fuese agua (y sin tapón) al recinto. Bien, muy gracioso, teniendo en cuenta que la explanada tenía piedras del tamaño de mi puño, que el agua lo vendían dentro con tapón o que 750 cl de refresco valían 4 euros. Precios populares creo que lo llaman. El segundo, te volvían a sellar las manos, y te rompían la entrada en dos. En el tercero te cambiaban la entrada por una pequeña tarjeta que tenías que mantener durante todo el festival para entrar y salir al recinto. ¿Al salir también?, otra cola que aguantar. Una vez pasados los controles, la entrada/salida en si, pequeñísima. Con el consiguiente efecto embudo a la hora de abandonar el recinto.

Dentro nos esperaba una explanada llena de arena, tierra y polvo. Zonas sombreadas las mínimas. Sólo un par de carpas reventadas hasta la bandera. Nos acercamos a los escenarios, a ver que tal estaban. Son demasiado bajos, en un terreno sinuoso (si te tocaba en un hoyo no veías absolutamente nada), y las torretas de sonido están demasiado cerca. El único acierto, es una pequeña lona en la zona más cercana a los mismos, para evitar polvaredas. Pero el resto de terreno no se regó en los dos días. Incluído el escenario-carpa, en el que el polvo se quedaba atascado sin salir.

Pero bueno, el viernes no hizo mucho viento, y el gran problema fue el sol de justicia. Apenas 4 o 5 servicios, y una docena de grifos en toda la zona de conciertos. Y claro, si salías, te tenías que comer dos colas, una para salir, y otra para volver a entrar (esta vez, por otra taquilla, de doble acceso, cacheo y comprobación de la tarjeta). Nosotros salimos a comer, y bueno, el supuesto mercado que la organización había puesto, era una pequeña barra sin apenas existencias y a unos precios de impresión (una barra de pan, 2 euros). Lo de la cocina para que la gente hiciese su comida, otra leyenda urbana que sumar a lo arriba citado.

Bien, una vez dentro, otra vez, fuimos a la carpa destinada a conciertos. Es sorprendente su acceso. Una pequeña valla, estrechísima, que provocaba unos tapones descomunales tanto para acceder como para abandonarla. Pero bueno, al fin conseguimos entrar y fuimos a pillar algo de bebida. La cabina de tickets de esa barra, vacía. Preguntamos en la barra y nos tenemos que ir al otro extremo del festival, para encontrar una cabina en la que vendan tickets, con una cola más que considerable. De vuelta a la barra, vemos que solo cuentan con 2 camareros, sirviendo hielos con las manos, o llenando los cachis de cerveza hasta la mitad (el resto, rica espuma). Eso si había camarero claro. La parte de dentro de la barra (estaba dividida, mitad dentro, mitad fuera), nunca estaba atendida. Todo esto se repitió en el 90% de las barras del festival. La misma actitud, pasota y chulesca, y la misma desorganización. Al menos a eso de las 4 de la tarde se dignaron en abrir todas las cabinas para adquirir los tickets.

El día se hizo eterno, y por la noche, en los conciertos importantes, se formaron nubes gigantes de polvo, quizá un presagio de lo que nos esperaba al día siguiente. Después de Marilyn Manson, el cuerpo dice basta, y nos vamos (con los tapones y el polvo de siempre) a nuestra tienda a descansar.

Sábado 28 de Mayo

Un poco como en Atrapado en el tiempo, la mitad del sábado fue un calco al del día anterior, pero si cabe, un poco más exagerado. Había las mismas colas, pero más largas. A eso hay que sumarle, que los servicios estaban en un estado bastante lamentable, los contenedores de basura ya estaban saturados, y la gente había tenido que acampar (mientras dormíamos) en los lugares mas insospechados.

La situación en la zona de conciertos tampoco había variado. No se regó, ni se modificó ningún acceso, excepto que ya no había que mostrar tu tarjeta para abandonar el sitio. Por si esto era poco calvario, a mitad de tarde, se levantó una ventolera, y desapareció casi todo el sol. Y empezó el verdadero infierno. Las mascarillas, pañuelos palestinos, etc., empezaron a surgir como los caracoles cuando llueve. Pero nada parecía importarnos. Los conciertos estaban siendo un éxito, y sarna con gusto, no pica.

Son las 21.30 y Fu-Manchú están dando un conciertazo. Hasta que de repente, se van del escenario. Nadie sabe que pasa, así que ni un alma se mueve de la zona de conciertos, abarrotada ya, a la espera de los 3 grandes alicientes del día. Como Incubus esta programado a las 22.15, doy por supuesto, que los primeros 40 minutos de espera son lógicos, dado que Fu Manchú ha tenido que terminar antes de tiempo (sea por lo que fuere), y no quieren alterar el horario previsto. Pero los 40 minutos son superados de largo, y al final, a las 23h decido marcharme del foso, y irme un poco hacia atrás. Estaba asfixiándome. Más de dos horas después de que la música se haya parado, y después de ver a misteriosos operarios trepar por la estructura o retirar algunas lonas, llega el primer comunicado oficial: El escenario ha sufrido daños por culpa del viento y corre peligro. Así que el resto de actuaciones se celebrarán en el escenario de al lado. Dos horas de larga espera en las que todo lo que se comentaba o decía entre el público no eran más que rumores, elucubraciones y suposiciones. Dos horas hasta que alguien aclaró que pasaba. Y claro, al cambiar todo de escenario, las mareas humanas se multiplican, y el retraso acumulado también. Hay que desmontar el equipo de System Of A Down, montar el de Incubus,...y claro, ahora ya no existe la opción de preparar el show de un escenario mientras suena el otro. Todos asumimos que nos van a dar las uvas. Pero bueno, fue mucho más llevadero con las frases de aliento de los organizadores: "no os perdáis a nuestros técnicos trabajar, es todo un espectáculo verlos..."

Nos dan media hora de margen hasta que vuelva a empezar la velada. Mientras, decido gastar alguno de mis tickets en algo para refrescarme. Vaya por dios. La gran mayoría de barras me dicen que están cerradas, que ya no sirven nada, pero, como se explica entonces que las cabinas sigan vendiendo tickets???. Evidentemente las dos que siguen sirviendo, están hasta la bandera. No tenía ningún recuerdo del festival, así que me tendré que conformar con un billete de monopoly de 5 euros que me trago gustosamente con patatas.

En ese momento, rondando la 1 ó la 1.30 de la madrugada, la gente, estalla. La media hora ha sido superada con creces, y se acumulan 4 horas de espera. Se empiezan a producir vítores y cánticos con mas intensidad que en ningún momento de la noche, referentes a la organización, y no llamándolos guapos precisamente. El ambiente va subiendo de tono, hasta que de pronto comienza el Apocalipsis. Una pequeña carpa de una performance empieza a ser zarandeada. Y las cabinas de tickets, empiezan a recibir empujones, pedradas y patadas. Los colaboradores y voluntarios, abandonan el puesto que ocupaban, y los destrozos empiezan. La cabina rueda y rueda, hasta un stand de publicidad con un coche. Empieza el lanzamiento de piedras, botellas, y demás contra el coche, poniendo en peligro la integridad de un grupo de acreditados que estaban en un palco. Tienen que salir huyendo despavoridos. Es realmente irónico que nadie se pusiese a pensar en la gente que estaba allí, sufriendo, que no había hecho nada. Nadie se cortó un pelo a la hora de lanzar una piedra, pero claro, cuando media docena de hooligans subieron al stand a tirar el coche al suelo, no llovió ni una sola piedra. ¿Héroes quizás? Yo más bien diría animales descerebrados. El coche cayó al suelo, y evidentemente quedó destrozado. En menos de dos minutos estaba lleno de pintadas y graffitis. Mientras todo esto sucedía, a escasos 50 metros, la barra principal de Heineken, sufría un importante saqueo. Los barriles de cerveza desaparecieron, las barras destrozadas, los grifos de presión arrancados...etc, etc, etc. Los más valientes, se atrevieron a subir encima de la carpa a lucirse. Que triste. Cuando todo estaba totalmente descontrolado, a las 2 AM., aparecieron Incubus en escena. Pero ya nada fue igual. A la gente que buscó vengarse de la organización mediante la violencia, ya no le importaba una mierda si había o no había conciertos. Su espíritu destructor les cegó. Llegando incluso a prender fuego un R5 de una performance, que tuvieron que apagar los bomberos, cuando una gran nube gris ya rondaba nuestras cabezas.

Es realmente triste, que por un grupo de 200 personas, tengamos que sufrir las consecuencias los 29800 restantes. La gente estaba muy quemada, eso es cierto, pero ¿es que acaso no lo estábamos igual los que aguantamos heroicamente tres días de penurias? Esto, precisamente esto, era lo que estaba deseando toda la prensa sensacionalista. Un motivo, justificado además, para atacar a la ya de por si maltrecha imagen del joven que va a conciertos de rock. ¿Acaso necesitábamos mas publicidad?. Hoy, casi una semana después, solo los asistentes parecen acordarse de que este fin de semana sufrimos algo más que 4 horas de espera. La prensa escrita, la radio, la televisión, y por supuesto la organización, sólo se acordará de la respuesta de esta panda de incontrolados, que lo único que han conseguido es empeorar las cosas, y, le pese a quien le pese, quitarnos la razón. Porque, todos fuimos tratados como mercancía. Éramos simplemente 80 euros con unas bermudas y una gorra. Todos sabemos lo injusto que fue, cómo nos trataron, pero por culpa de una manada de indeseables, nadie recordará el polvo que tragamos, sólo se recordará un coche ardiendo. Muchas Gracias.

El resto del festival no tuvo más historia. The Prodigy terminaron su función cerca de las 7 de la mañana, con el humo todavía rondando nuestras cabezas, con la desoladora imagen de decenas de barriles tirados por el suelo, barras destrozadas, y una riada provocada por los grifos que fueron reventados. Sin más nos fuimos a dormir, nos despertamos, recogimos nuestras cosas y nos volvimos a casa, con la cabeza baja. En nuestra mente, en vez de recordar ese Allen's Wrench de Olivieri y John Garcia,...en lugar de recordar ese coreado Toxicity... sustituyendo al despliegue de energía de The DIllinger Escape Plan, estaban coches volcados, nubes de polvo, y ganas de no volver a pisar un Festimad en mucho, mucho tiempo. Quien me lo iba a decir.

J.

 

las fotos...

y el caso es que no hace mucho, este mismo año en Viñarock, la gente ya venía avisando : no somos ganado
que cada uno saque sus propias conclusiones.