23 de julio de 2008.
Sala de Cámara del Kursaal (San Sebastián).
DAVID MURRAY
CRÓNICAS por Borja Sánchez Mayoral
"DAVID MURRAY BLACK SAINT QUARTET"
David Murray, saxo tenor y clarinete bajo Lafayette Gilchrist, piano Jaribu Shahid, contrabajo Hamid Drake, batería
Hay artistas que garantizan actuaciones interesantes y uno de ellos es el estadounidense David Murray. En 2002 tuve la oportunidad de verle en el Universijazz al frente de su big band latina, y cinco años más tarde con World Saxophone Quartet en el citado festival vallisoletano, y la impresión que dejó también fue satisfactoria. Estamos ante uno de los músicos de jazz más completos y versátiles de la actualidad, que utiliza un lenguaje flexible entre contextos y estilos diferentes. En su amplísima producción –una masa que muestra su personalidad como compositor e intérprete y reúne numerosas influencias bien asimiladas-, encontramos álbumes en múltiples formatos (en solitario, dúo, trío, cuarteto, quinteto, octeto, big band), pudiendo apreciarse en ellos aproximaciones al pasado desde unas perspectivas progresistas.
En una Sala de Cámara del Kursaal llena, David Murray defendió uno de sus últimos trabajos -‘Sacred Ground' (editado en 2007), que cuenta con la colaboración de Cassandra Wilson-, tocando todas las pistas del disco, aunque siguiendo un orden distinto. Desde el primer tema -“Banished”, que incluyó en su conclusión un comentario por parte de Murray a favor de Barack Obama-, observamos la elevada calidad y el pulso firme del conjunto. La interpretación de los otros cortes -“Sacred Ground”, “The Prophet Of Doom”, “Family Reunion”…- nos reafirma en la opinión anterior. Murray demostró una vez más ser un músico dotado de un fino sentido de la melodía y una manera de tocar apasionada, que recoge fraseos frenéticos y partes más templadas y nostálgicas. Tanto con el saxo tenor, como en las dos composiciones en las que empleó el clarinete bajo, David exprimió variados sonidos que conformaron, con la ayuda de sus compañeros -a los cuales también cedió espacios de protagonismo-, un discurso articulado y emocionante.
Hamid Drake es un batería impresionante, capaz de aunar contundencia en el golpeo con complejidad en la ejecución de cambios de ritmo. Durante la actuación hizo dos breves solos, que no superaron otros malabarismos introducidos en los desarrollos de las composiciones; sin embargo su destacada presencia en ciertos momentos comió el terreno a dos músicos que en algunos pasajes se mantuvieron en un segundo plano: Jaribu Shahid -contrabajista con rastas casi hasta los pies que manejaba con seguridad su instrumento y se marcó un solo grave con el arco-, y Lafayette Gilchrist –pianista habilidoso capaz de moverse por varias aguas-. A lo largo de la actuación, la comunicación entablada por el cuarteto permitió que la música se desenvolviera en las progresiones comunes, las transiciones y las intervenciones solistas con potencia, espontaneidad y sentimiento, cualidades que caracterizan a esta figura del jazz posmoderno como es David Murray. Uno de los mejores conciertos de la 43 edición del Heineken Jazzaldia.