22 de julio de 2008.
Teatro Victoria Eugenia (San Sebastián).
JOHNNY WINTER
CRÓNICAS por Borja Sánchez Mayoral
"JOHNNY WINTER BLUES BAND"
Johnny Winter, guitarra y voz
Paul Nelson, guitarra
Scott Spray, bajo Tony Beard, batería
En una noche en la que se observó el vendaval desatado por Marc Ribot's Ceramic Dog y el tradicionalismo de Frank Wess & Barcelona Jazz Orchestra en las Terrazas del Kursaal, y la propuesta étnica de Toto Bona Lokua en la Playa de la Zurriola, un envejecido Johnny Winter agradó a la parroquia bluesera congregada en un Victoria Eugenia, en el que se retiraron con acierto las butacas del patio. A pesar de que no estén en su mejor momento, me gusta ver en directo a leyendas vivas de la música; el caso que nos ocupa es el de una figura del blues-rock que elaboró a partir de 1969 algunas obras notables del género, dio conciertos tremendos y produjo álbumes de la última etapa de su admirado Muddy Waters. En esta ocasión, yo había recibido opiniones contrapuestas sobre lo que podría realizar en un escenario actualmente el músico tejano, debido sobre todo a su delicado estado de salud –a los 64 años está casi ciego y padece una dolencia nerviosa-, por lo que asistía a su actuación con dudas respecto a lo que iba a ver y escuchar.
Con puntualidad salieron a escena Tony Beard (batería), Scott Spray (bajo) y Paul Nelson (guitarrista que manejó varios pedales y hombre de confianza de Winter), y arrancaron con una introducción instrumental que nos empieza a meter el ritmo trotón en el cuerpo. Poco después se incorpora Johnny con andar tembloroso y Paul se retira (regresaría al escenario en el tema “It's All Over Now” – Bobby Womack y Shirley Jean Womack- en la recta final). La apariencia de Winter impacta si tenemos en la memoria sus imágenes de los años 70; aunque su música tampoco fue en Donosti tan poderosa como antaño, mantuvo la esencia de un blues contundente a lo largo de una actuación que fue ganado intensidad. Le acompañó una banda solvente en la que destaca el escudero Scott, un bajista habilidoso que contribuye de manera fundamental a formar un bloque compacto.
Hideaway
A pesar de sus achaques y de no poseer la digitación de antaño, el albino toca bastante bien; su voz está debilitada y la presencia que tiene en el magma sónico es lógicamente menor que la de su instrumento eléctrico, pero consigue comunicarse con su música y transmitir sus emociones. Sentado con una guitarra que parece de juguete como es la Erlewine Lazer, este bluesman es todavía capaz de generar buenas dosis de potencia y expresividad en cortes como “Hideaway” (Freddie King y Sonny Thompson), “Sugar Coated Love” (J.D. Miller) y “Black Jack” (Ray Charles), un extenso blues lento salteado de interesantes punteos y voz más ronca. También destacadas resultaron las interpretaciones de los clásicos “Red House” de Jimi Hendrix y “Highway 61 Revisited” de Bob Dylan, en el que se cambió de guitarra y nos mostró cómo se las sigue gastando con el slide.