La habitación roja

'Cuando ya no quede nada'

(Mushroom Pillow, 2007)

en las calles de Chicago

 

- Cindy (la dulce secretaria): Estiviii, que han llegado los españolitos The Red Room.
- Albini (el amo): ahh! sí. Ok. Que pasen sin mas demora.

Este dialogo, absurdo a más no poder, es el que en los últimos años se repite todos los laborables días, dentro de algún pasillo o salita, en los estudios del afamado productor Steve Albini, tótem, icono, ídolo y rey midas del rock desde los años 90 hasta estos clonados días. Cuántos grupos, discográficas o estrellas pop no han suspirado por conseguir ese sonido, ese albinico disco que los haga figurar con letras de oro dentro de la... ¿wikipedia?.

Pero a La Habitación Roja se les debe un respeto. Tras siete largos en 10 años donde la perseverancia y el constante camino hacia la tierra prometida los hizo dejar por el camino discos tan interesantes como Largometraje (Grabaciones en el mar,99) obra que marcó su salto hacia la popularidad a finales de la década pasada en pleno fulgor indi, o el mejor de todos los manufacturados para el gusto de este escribano: Radio (GAM y Astro,01) donde se alcanzo una producción más que sobresaliente.

Pero en esos años primaba (ay!) el deseo afanoso por encontrar un espacio propio dentro de los escasos 30m² con que constaba el indipiso españolo, donde los clichés que tanto críticos como indifans desaprensivos lanzaban a la espalda de los 4 valencianos dejándolos como segundones de otras que daban a llamar como primerizas (algo que el tiempo a colocado en su sitio y es que finalmente pues no teníamos ningún grupo pri-mo-gé-ni-to superdotado por encima de los demás).

No, no y no. Todo era un constante y repetitivo error fruto de la cabezonería de los plumillas de turno. El grupo siempre demostraba estar por encima de la situación, artificial y grumosa, con el cansancio y el hastío que dicha lucha interna y exterior siempre produce en cualquier persona o formación (otro flotador fue el FIB). Así que hartos de luchar contra corriente dieron un salto hacia delante, apoyados en el salvavidas de Mushroom, con su anterior disco Nuevos Tiempos y se piraron para Chicago con lo puesto . Lograron en esa aventura un reciclaje hacia sonidos más maduros, donde las guitarras cobraron protagonismo por encima de la lírica, y las letras siempre tan personalmente románticas del grupo se fueron derivando en algo más concisas y directas, aunque con el tema amoroso siempre de fondo. Fue el primer encuentro con el productor de Chicago y al parecer todos (grupo, discográfica y crítica) acabaron más que contentos.

En esta nueva entrega, dos años y medio después, el grupo sin plasmar un cambio sustancial con su anterior trabajo, si que ha querido probar con nuevas pautas. Un hecho más marcado en los textos de las nuevas 11 canciones que en los sonidos del nuevo disco.
Ahora se nos antojan más comprometidos, reflejando en muchas de ellas los problemas juveniles: Paris Ardiendo o La vida moderna, y dejando en otras los puntos sobre las ies como en Tened piedad del expresidente. Pero bajo esa capa de denuncia social más cercana a los cansautores de turno, también seguimos encontrando momentos de dulce brillantez como en el tema Hoy y, sobre todo, en Los Amantes y la paz. Pieza estrella del disco, con un bajo que nos marca el tempo de forma brillante, guitarras menos distorsionadas (más pop) y melodía excepcional, que se mantiene impactante al lado de un relato de redención que, en segundo plano de la canción, consigue ser el tema menos explicito, pero si el más sugestivo y pop del disco. Fingen está claro. El disco se caracteriza como un recopilatorio de himnos generacionales (¿se acuerdan de La Edad de Oro?) que pueden ser más o menos afortunados y que se enfilan como más propios de las modas sonoras con guitarras afiladas entrecruzadas y con mucha carga saturada.

Eso si. LHR se convirtió ya hace años en un valor seguro. Si a eso sumamos una mayor calidad sonora, remarcada en una producción que, nos guste más o menos la saturación guitarrera, alcanza una cotas de calidad difícilmente oídas en estos lares, junto con el caminar seguro de la formación podemos vaticinar más trabajos del grupo con nuevas composiciones y con esa tranquila pero constante marcha hacia delante. Una reflexión que sabemos que ellos mismos tienen muy clara, sino préstense a escuchar el tema que da nombre al disco, última pieza del álbum, la cual cierra el terceto triunfal del podio: Hoy , Los amantes y la Paz y Cuando ya no quede nada.

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