MAGA

“Maga”

(Limbo Starr, 2004)

 

 

 

DIEGO ALONSO ARÉVALO

(mistakesregrets@hotmail.com)

 

“Mi querida solución lumínica, desde que te has ido mi calle es gris plomo, las paredes de mi cuarto blanco agrio, y mi jardín varillas de paraguas.”

 

Apenas un minuto después de destapar la caja de música de “Astrolabios”, la poesía de Miguel Rivera vuelve a iluminar la habitación como la primera vez. Su voz de cantor de nanas hace inmediatamente familiar este segundo disco del trío sevillano, que viene envuelto, como siempre, en un magnífico digipack de cuya portada se ha encargado Granada Arias, una joven artista local.

 

A pesar de todo, en comparación con su debut, Maga no es un disco tan accesible a la primera escucha. No hay ningún estribillo tan contagioso como el de “Agosto esquimal”, ni nada tan abiertamente rock como “Primer vuelo”. Mucho más ambicioso y hermético que el anterior, Maga resulta al mismo tiempo un disco más delicado y más grandilocuente.

 

 

En cierta manera, es como si Maga hubieran querido librarse de la tiranía de las guitarras a la hora de componer sus canciones, lo que amplía enormemente la paleta de colores y sonidos del trío. Sigue habiendo momentos para el rasgueo acústico, como en el precioso primer single “Un lugar encendido” (con ayuda de Paula Padilla, de los también sevillanos Solina), pero nunca antes se habían atrevido a experimentar con las posibilidades de un quinteto de cuerda (“Azul cabeza abajo”) o del ruido (“Blanco sobre blanco”) como han hecho en esta ocasión.

 

 

Mención especial merecen unas bases electrónicas mimadas en detalle y que se integran en las melodías de forma maravillosamente orgánica, frágiles como corazones de insectos. Tan naturalmente, de hecho, que a veces parecen pasar de puntillas (atención a los tenues latidos surgiendo entre las mareas de “Elka”). Incluso el leve crepitar del Vespertine de Björk se intuye en temas como la gloriosa “El ojo espejo” o “Crujidos de reloj”, probablemente la mejor canción del disco, construida sobre una línea de teclado oscilante y una letra al borde del escalofrío (“te noto en las costuras de mis sábanas”).

 

Y al final, un minuto de silencio, una necesaria parada para coger aire antes de “Sin manos”, una canción tan frágil que requiere contener el aliento. Cuatro minutos después se podrá por fin respirar, satisfecho ante  la certeza de haber asistido al despegue definitivo (segundo vuelo) de la criatura más hermosa nacida de la escena musical española en mucho, mucho tiempo.

 

 

 

+info:

www.limbostarr.com

www.mundomaga.net

 

grabaciones

inicio