Han pasado muchas lunas.

El navío vuelve a estar en la mar. Una vez más, el paso del tiempo ha ido ayudando a cerrar las fisuras que el viejo cascarón había ido sufriendo en los últimos años. Muchas han sido las tormentas que había tenido que lidiar. En ese tiempo nuevos marineros han estado arropando al eterno y viejo alquimista.

Se abren nuevas distancias, nuevos y olvidados horizontes vuelven a la memoria de los cronistas de a bordo. La búsqueda de nuevas rutas, de intentar volver a atracar en los puertos más recónditos. Seguro que lo lograremos. Ahora, nuestro alquimista, está abrazado a esa extraña y llevadera confortabilidad que produce el haber logrado encontrar a estos nuevos 11 navegantes.
Son de diverso pelaje y condición. Unos son novatos, otros tienen el poso propio de los años, algunos incluso antes fueron parte de grandes tripulaciones. Todos tienen en común el que dialogan con un acento que mira de lleno al Atlántico.
Pero algo les une por encima de todo. Tienen ansías de aventura. Quieren encontrar esa pequeña y exquisita ínsula que representó para muchos la palabra esperanza, la dulce y vilipendiada esperanza. El elixir que podía propiciar que el viaje no se troncase en las primeras millas de recorrido se llamaba inspiración. Estamos en el año 2005. Por fin parece que lo han conseguido.

Hoy, con más ganas que nunca, yo también quiero unirme, cual polizón intrépido, a la gloriosa tripulación y gritar con toda la fuerza posible ¡¡Awen!!.


¿Dije que el viaje empezó hace meses? Los días han ido siguiendo su curso. Van variando su paso, unas veces lento y doloroso, otras - las menos - corren a galope, casi sin tocar la salada mar, dejando que sea el viento quien los transporte. Los días así no se quejan, no te dejan pensar, no los puedes maldecir y ni tan siquiera alabar...¿corremos? No marques ningún rumbo. No lo planifiques. Continúa con tus pies descalzos sobre el borde la goleta. Treiz Noazh.

Carlos Soto & María Desbordes: buscadores de sueños


Enero. Ayer hacía frío, pero por circunstancias de la grandiosa dualidad del término tiempo, dentro de un mes es muy probable que tenga menos escalofríos; es más, ese frío inicial cada vez lo tendré más olvidado. Menos mal. Creo que dentro de dos trimestres todavía será más difícil que me acuerde del frío, ¡seguro!, puede que no me acuerde ya más. Han pasado 7 meses, sólo tengo frío por la noche. Ya hemos llegado a hoy. Han pasado 10 meses. Vuelvo a tener frío. Vuelvo a recordarte. Perdóname.

libertad concedida


Nada nos detiene.
El camino por nuestra visionaria ruta 66 nunca sabes donde te podrá llevar. Unos días más agotador, otros días quizás sea más sosegado, e incluso algunos será hasta alegre. ¡Vamos a vivir! Disfruta con ser tu mismo.


 


No.

No puedo parar a recrearme en la contemplación; o tienes inspiración o te la inventas.
Inventar.
Esa acción que nos lleva a crear. Inventa eso que mucho antes podía sólo parecer en las ciudades imaginarias, las viejas polis en donde sus oscuros guardianes donostan con inusitada maldad a quien no se mantiene recto. Tieso. Inerte.

Muerto como ciudadano.


Ciudades santificadas. Ciudades pontificadas. Ciudades cada vez más amuralladas.
Ya no quedan casi murallas de piedra, pero sólo tengo que alzar la vista y empezar a ver muros y más muros que no paran de levantarse entre sus habitantes.
No.
Soñemos que esas ciudades dejan por un momento de existir; ya no figuran en los mapas. Inventemos nuevas calles, nuevas plazas, creemos más y más puentes entre sus duros ciudadanos.
Si, es un vano intento, lo se. Pero es un sueño que no podrás jamar quitarme. Es el sueño mágico que, muchas noches, tienen todos los niños. Algunos seguimos disfrutándolos.

 
Puedo entender vuestros miedos pero no los puedo compartir. Así que por favor, dejad que cierre los ojos por un momento, que escuche el rumor constante de las olas. Puedo superarlos. Ya estoy de nuevo viajando. Me olvido así de vuestras calles frías. De todas esas aceras que tienen tanto cemento y tan poca tierra. Dejadme que todavía olvide muchos rostros sin miradas, que entierre muchas expresiones sin rostro, que desnude en mis sueños muchos cuerpos, que acaben por fin de expresarme esos sentimientos atrapados y encarcelados por el nuevo género humano; estáis podridos, desprendéis un hedor que sale de esa carga tan dura que es la plena ignorancia repleta de insolidaridad manifiesta, ella lo podría saber si también dejase volar la imaginación, pero se negó bajo su cruel silencio a acompañarme. Así que constantemente me repito delante de caras con miradas que no me dicen nada, que repudiarían tu (mi) bella sonrisa. No podemos seguir encerrados. Ella creo que poco a poco lo va entendiendo. Ella, algún día, estará conmigo.




Llegamos a puerto.

El viaje ha concluido. Los 11 marineros, cansados, pero con el gesto propio de quien sabe que ha conseguido -a parte de cumplir el camino marcado- recorrer su ruta con total libertad, acaban por regresar a sus hogares. Pero en ellos algo ha cambiado. Vienen con nuevas fábulas, nuevas historias que contarnos. Han recobrado sus olvidadas fuerzas. El alquimista supo darles nuevas dosis de morfínica sabiduría. Llegó a dar con una nueva lengua que los ayudará a suplantar la lengua misteriosa y dolorosa del mundo. Todos los que iniciamos el viaje podemos estar así agradecidos.
Esperamos que el navío vuelva de nuevo a desplegar una vez más las velas. Con ese cariño propio del artesano.
Estamos seguro de ello.

txt: musikas
fotos: Awen Magic Land y musikas