Wu Tang Clan
The W
2000 epic
por José Alberto Valverde

Sirva el disco elegido como pretexto para hacer memoria. Los orígenes del rap hay que buscarlos entre las grietas del asfalto de Nueva York (es decir, Scorsese-Reed-Charyn-Warhol-Madonna-Schnabel-Shreve, Lamb and Harmon) porque fue allí, a mediados de los 70 donde se gestó. Concretamente, el rap forma parte de la cultura hip-hop cuyas formas de expresión viven en las paredes en forma de graffiti, en los músculos de los break-dancers y en los armarios que no cierran atestados de ropa amplia (los pantalones caídos por debajo de la cintura son invento de los presidiarios que se ven despojados de sus cinturones y al cumplir condena, el hábito sobrevive extramuros).

Los padres de esa cultura o movimiento podríamos decir que fueron las street-gangs o bandas que proliferaron en los 60 a raíz de la decadencia del Bronx. Ya se podían encontrar entonces pintadas que delimitaban territorios, nombres y códigos que más valía conocer a riesgo de cruzar fronteras invisibles y mortales. El graffiti proliferó temporal y espacialmente a través de la década de los 70 y por toda la ciudad de Nueva York convertido en un arte y en una huella. Sus artistas, rebeldes que se bajaban del autobús y dejaban su tag (firma) en el costado, redecoraban los vagones del metro y cualquier paramento encalado o mugriento que fuese digno de agitar el émbolo. El hip-hop se traduce así, por sus principios, en una forma de vivir (en especial por los jóvenes y muy jóvenes) cuya banda sonora son las rimas y los beats, el scratching (inventado por el dj Theodor), sampling y demás ingredientes intraducibles que, resumiendo, vienen a decirnos que unos recitan y otros ponen la música sobre la que circulan las palabras.


un trabajo imprescindible en español
disponible en esta web a un sólo click

Musicalmente, algunos sitúan la prehistoria del rap en el toasting, o sea, los dj's jamaicanos que hablaban por encima de los discos que ponían, exhortando, animando y -por qué no-, insultando a la audiencia. En aquel entonces se tenía en gran estima la música negra norteamericana, en especial el R&B de músicos como Fats Domino y Roy Brown, que conseguían los citados pinchadiscos a través de los marineros afroamericanos que arribaban a la isla o por la radio, sintonizando emisoras de Miami. A falta de músicos locales que interpretasen esa música en directo, igual que una raíz de chopo que lucha por salir a la superficie y acaba levantando el asfalto, las necesidades se cubrieron con los sound systems, los equipos sonoros atendidos por dj's (los grandes Duke Reid y U Roy pongamos por caso). Resumiendo, todo esto nos hace pensar que sí es posible que Jamaica sean las Cuevas de Altamira del rap, porque el toasting elaborado sería el equivalente del flow, la música pregrabada los samples y bases y los bajos profundos de la isla habrían mutado en beats.


Clive Campbell aka Kool Herc

En 1967 el joven Clive Campbell se marchó de Jamaica rumbo al Bronx, llevando consigo sus conocimientos sobre sound systems y quién sabe si quizá no viajaría algún altavoz en las bodegas del barco. Al pisar NYC se hizo Kool Herc (lo de Herc viene de Hércules, porque a Clive le gustaba levantar pesos), se llenó los bolsos con sprays y ensambló un enorme equipo de música. A Herc le gustaba diseccionar las canciones, así que atrapaba unos segundos de la base rítmica y lo volvía a lanzar. Incluso se servía de dos copias de un mismo disco para estirar el break, que es como se bautizó a la técnica. Y claro está, los bailarines que en el club Hevalo comenzaron a seguir ese ritmo loco fueron los break-dancers.
Hablando de raperos -dj's y mc's (maestros de ceremonias)- pioneros e importantes en cuanto a técnicas y seguidores desde finales de los 70 y siguiendo la cronología tenemos a Grandmaster Flash, Afrika Bambaata, Kurtis Blow, Sugarhill Gang, Kool Moe Dee, Fat Boys, y una extensa lista de creadores que desembocaron en la llamada Old School -Eric B. & Rakim, LL Cool J, Slick Rick, Boogie Down Producions, NWA, un largo etcétera-, pero como la historia en papel resulta un tanto aburrida, pulsamos fast-forward para detenernos en el año 1993. En ese año, nueve mc's - RZA, Genius/GZA, Ol' Dirty Bastard, Method Man, Raekwon the Chef, Ghostface Killah, U-God, Inspectah Deck y Masta Killa- elaboran un disco de relevancia capital -Enter the Wu-Tang (36 Chambers)- a partir del cual despegan carreras en solitario de sus miembros, no volviéndose a juntar sino esporádicamente para firmar discos como Wu Tang Clan en otras tres ocasiones.

Su nombre -Wu Tang- es el mismo que el de una espada de kung-fu legendaria, primer indicio de un extraordinario gusto por las artes marciales y el orientalismo que salpica todo su corpus musical. El líder y aglutinante de todos estos guerreros urbanos es RZA, el verdadero artífice del sonido del Clan, porque es él quien fabrica las texturas crudas, los samples minimalistas, los beats ferruginosos y la musculatura inteligente de las composiciones, lo cual ha sugerido una cierta comparación con Thelonius Monk que, para ser sinceros, no le viene grande en absoluto. El Wu Tang Clan posee uno de los sonidos más característicos y originales del rap.
En el año 2000, tras el embriagador pero excesivamente extenso Wu Tang Forever, llega The W con sus bases soul, como mariposas atrapadas bajo una capa de hielo reluciendo bajo la tormenta de mc's rabiosos y sus beats ceñudos. Las colaboraciones estelares de Junior Reid - One Blood Under W, Nas -Let My Niggas Live-, Isaac Hayes -I Can't Go To Sleep-, Busta Rhymes -The Monument- insuflan al disco de una heterogeneidad muy positiva para recorrer las trece pistas sin desfallecer. La formación es similar a la primigenia salvo que sale Old Dirty Bastard (R.I.P desde noviembre de 2004) y entra Cappadonna.

Todas las pistas del CD destilan insania y van penetrando como un afaníptero hermoso que abandona sus huevos bajo la epidermis. Eclosión inmediata. Lírica callejera servida con desesperación y un ritmo impecable. Sobresalen, junto con los cortes nutridos con invitados, Hollow Bones, Redbull (con Redman) y en especial Do You Really, piedra preciosa que nos obliga a guardar este disco bajo llave.

Los verdaderos amantes del rap (ese rock and roll talla XXL) sabrán lo que es bueno; iniciados, éste es el momento de bajar a las alcantarillas, las ratas se han marchado y el Wu Tang Clan entra en escena. Imprescindible, cómo no.

JOSÉ ALBERTO VALVERDE. (marzo'05)