BOBBY VALENTIN
“SE LA COMIÓ”
FANIA 1969
por José Alberto Valverde
En plena fiebre latina que todo lo salpica creo que
sería interesante recuperar a los verdaderos creadores e impulsores
de la música con aroma a cuchifrito. Chayanne, Ricky Martin,
Marc Anthony y, en definitiva, todos los representantes del pop latino
de los últimos años, han hecho sombra a quienes de verdad
pusieron los cimientos décadas atrás.
Estos chicos y chicas de la MTV están en deuda –y supongo
que son conscientes de ello- con músicos como Tito Rodríguez,
Willie Colón, Eddie Palmieri, Tito Puente y, por supuesto, Bobby
Valentin, algunos de los cuales ya componían sus doradas melodías
en los años 50. Aunque algunos nacieran en Puerto Rico, la mayoría
desarrollaba su carrera musical en Nueva York, lugar en el que esa semilla
latina creció y se reprodujo con repercusiones internacionales.
Es decir, que las calles del Harlem Hispano eran el trampolín
para todo aquel que deseaba triunfar tocando esos estilos que podríamos
cubrir con el paraguas de salsa pero que en realidad son una mezcla
de sonidos dispares como el son, el mambo, el cha cha cha, el boogaloo,
la rumba, la guajira y, cómo no, el jazz.

Para continuar sus estudios musicales que ya comenzara de niño
en Coamo, Puerto Rico, Bobby Valentin se marchó a Nueva York
con 16 años. Allí conoció a otros músicos
que le ayudaron a crecer –saciando su sed técnica y tocando
con él- como intérprete de trompeta. Profesionalmente
comenzó en el conjunto de Joe Quijano para después convertirse
en arreglista de la orquesta de Willie Rosario a principios de los 60,
lo que suponía un avance de posiciones. Tras varias colaboraciones
en otros combos jugadores en la liga profesional, en 1965, Fonseca Records
publicó su primer trabajo en solitario llamado El Mensajero.
Ese mismo año dobló la apuesta y sacó otro disco
–Young Man with a Horn- en el sello Fania que Johnny Pacheco y
Jerry Massucci habían fundado poco antes. El gran sello Fania.
Se la Comió (Fania, 1969)
marca el inicio de una nueva etapa del trompetista de vuelta a su tierra
natal, Puerto Rico. Para empezar, el músico abandona la trompeta
por el bajo eléctrico. Siempre se había sentido atraído
hacia este instrumento, pero ha de ocurrir algo que le obliga a tomar
entre su brazos las cuatro cuerdas: una noche no se presenta el bajista
a tocar y tras ponerle en los labios la trompeta a un amigo, él
se lo pasa en grande pellizcando aquellas cuerdas tensas de acero. Y
tanto le gustó que desde entonces no vuelve a soplar. Otro de
los cambios que lleva a cabo es la expansión de la sección
de viento, que pasa de la habitual de tres piezas a cinco como lo hacía
por entonces El Gran Combo. Los músicos que lo acompañan
son de excepción. Entre ellos destacan los soneros Frankie Hernández
y Marvin Santiago con su voz, Reynaldo Jorge (trombón), Juancito
Torres (trompeta), Oscar Colón (percusión) y Humberto
Ramírez Sr. al saxo.

En el disco se funden el son –el espléndido Son Son Chararari
compuesto por Roberto Angleró-, la guajira, el bolero –Mírate
al Espejo-, y otras formas latinas de origen cubano. El conjunto, como
ya dije antes, podría rubricarse como salsa, y no tanto como
boogaloo (bugalú) esta vez, estilo al que se adscriben otros
discos de Valentin como Let’s Turn On en el que se encuentra,
en mi opinión, la joya Use it Before You Lose it, uno de los
mejores temas de ese estilo que jamás se hayan compuesto. El
boogaloo, por cierto, es una especie de guajira cantada en inglés
con influencias del soul y el jazz, algo picante y febril (como hormigas
rojas buscándote la entrepierna) que mojó las calles de
Nueva York más o menos en la década 1965-75.
Resumiendo, éste es uno de los discos
imprescindibles latinos y uno de los mejores de Bobby Valentin,
el músico que hoy en día sigue relumbrando con un destello
inconfundible y personal. De los que construyen el compás a mano,
doblando y enroscando con sudor en los dedos y una albóndiga
frita pegada en la cara. Ritmo de autor o ¡azúcar! que
diría la reina Celia.
JOSÉ ALBERTO VALVERDE. (marzo''04)
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