CAROLE KING
“Tapestry”
ODE RECORDS/SONY
1971
por José Alberto Valverde

Que Tapestry estuvo 15 semanas en el primer puesto de las listas de éxito a partir de 1971, fecha de su publicación, y que, ese mismo año obtuvo cuatro premios Grammy es algo que a mí personalmente no me interesa. De igual modo Carole King podría haber sido la camarera del Lorraine Motel y haberle servido el desayuno a Martin Luther King el día que lo mataron en 1968. O haberle planchado el traje a Neil Armstrong un año después. La importancia de este disco radica en su capacidad para darnos luz, para sentarse junto a nosotros y acariciarnos la mano. Neil Sedaka ya se quedó prendado de sus encantos allá por 1959 cuando le cantaba aquello de Oh Carol! en su honor, y James Taylor, otro de sus amigos cantores, fue quien más tarde la animó a iniciar su carrera musical en solitario, después de haber formado junto a Charles Larkey y Danny Kortchmar The City, un trio con grandes ideas pero escasos éxitos comerciales.

El caso es que en 1971 llegó Carole y nos deslumbró con su Tapiz. La chica de la portada que sostiene entre sus manos su manto. Junto al gran ventanal por el que se cuela la luz para acariciarle el pelo descansa el prodigioso talento que despejó el camino a muchas otras mujeres que, como ella, tomaron el pop con delicadeza y seriedad, definiendo un poco más el término song-writer y otorgándole un sentido más universal, cantautora en femenino que compone e interpreta sus propias canciones sin darle cuentas a nadie.

Producido por Lou Adler y tachonado de éxitos, Tapestry es una fuente inagotable de belleza: So far away, It’s too late, Home again, Way over yonder, discurren una tras otra con fluidez, lubricadas por el elegante piano y la voz de Carole. Se acompaña de un equipo de músicos corteses y entregados (fundamentalmente antiguos compañeros de The City más la presencia ocasional de James Taylor), actuando como un pai pai gigante que la sacude el calor excesivo y nos la entrega fresca y sin magulladuras. Escuchar este álbum de un tirón es igual que tomar un capuccino de sobremesa sobre una piel de oso (de imitación, eso siempre).

Las canciones de Tapestry nos cuentan cosas hermosas, nos infunden valor al decirnos que seremos irresistibles si nos levantamos con una sonrisa o si por esas fatalidades de la vida tenemos problemas, podremos decir un nombre y al instante un amigo acudirá para darnos su apoyo. Esto no es la heroína que sube por mis venas que decía Lou Reed, ni mucho menos es el final que diría Jim Morrison, pero de igual modo se agradecen, por qué no, las palabras optimistas de Carole King como un bálsamo para nuestros dolores cotidianos, los dolores del amor y de la vida.

Después de su tremendo éxito, en 1975 Carole King le puso música a un programa de televisión escrito por Maurice Sendak en lo que constituye su disco Really Rosie. Este trabajo impregnado de un cierto aroma infantil es en mi opinión, junto con Tapestry, la cumbre del trabajo de la hechicera de Brooklyn, la joven artista que se sentó con su gato cerca de la ventana a ver volar los patos de Prospect Park.

JOSÉ ALBERTO VALVERDE. (febrero'04)