PRINCE & THE REVOLUTION
– PURPLE RAIN -
                                                                                                       WARNER 1984.

por Ernesto Herrero "Nefes"

 

Que Prince es un genio no lo puede dudar nadie, es un divo y el único superviviente casi intacto de las superestrellas del todopoderoso pop que inundaba los escasos medios en los ochenta, el príncipe de la música en cassette que ha llegado hasta hoy sobreviviendo a “intocables” que se volvieron mortales con el simple paso del reloj, si Michael Jackson ha caído a los infiernos por su propia incapacidad mental y Madonna sigue perdiendo su lucha contra las arrugas del tiempo, Prince Roger Nelson resurge una y otra vez de sus cenizas a base de repetirse una y otra vez acercándose y alejándose alternativamente del esclavismo de la industria. Es un jugueteo que le ha llevado de la vicepresidencia de Warner a la ruina y de momentos cumbre de la música pop a pasajes indefendibles por sus fans o por melómano alguno.

En toda carrera se puede teorizar con la cumbre del éxito y el mejor momento de la misma, pero en el caso del “artista al que siempre se conocerá como Prince por mucho que se cambie el nombre”, su ascenso a las nubes del estrellato musical coincide sin duda alguna con intensas precipitaciones de lluvia púrpura de carácter tormentoso sobre amplias zonas del planeta. Pese a que pocos saben que los beneficios de este proyecto se duplicaron con la película homónima esta granjeó al “artista al que también se conoció una vez como Víctor, Camille o Alexander Nevermind” el honroso título de peor actor del año a la vez que una estatuilla bañada en oro de la academia de cine estadounidense. De resultas Prince está por méritos propios en el salón de la fama del pop.

  


Es difícil explicar porqué a un fan acérrimo de Ramones o Misfits le hierve la sangre cuando alguien comete herejía criticando al “artista que ahora se llama otra vez Prince”. Pero obviando su actitud mas o menos criticable de estrella, (aclaro que no lo conozco personalmente), y escuchando sin prejuicios temas como “let's go crazy”, la sensación de alegría adolescente invade mi atontado ser, que regresa mentalmente a la glamurosa absurdez de los felices ochenta, cuando lo único que nos preocupaba era la inminente destrucción del mundo por la más que segura guerra nuclear.

Bajo la lluvia púrpura Prince se refugiaba con su banda inolvidable, The Revolution, puede que fueran técnicamente inferiores a The new power generation, pero como banda daban mucho más juego y eran más divertidos y mucho más auténticos. Bobby Z, Brownmark, Wendy Melvoin & Lisa Coleman , Matt Fink, y el propio Prince dan al trabajo un sonido más rico y más de grupo que en el resto de las grabaciones del príncipe de mineapolis, esto se deja notar en “Take me with you”, que sin ser un gran tema hace de agradable puente entre los temas grandes y nos descarga en otra de las sensaciones extrañas que el artista acostumbra a crear, “The beautiful ones” es una muestra clara del porqué es imposible definir y encasillarlo en uno o varios estilos, oyendo claras influencias de R&B o Funky, (quizás sea george clinton su única influencia clara junto con la escenografía de James brown), se enriquece continuamente bebiendo de todas las fuentes, desde Jimy Hendrix al Glam haciendo siempre interesante la escucha de sus nuevos trabajos.

En “Computer Blue” la desfachatez mezclada con techno pop nos lleva más allá de la alegría adolescente hasta la despreocupación infantil. Siempre con tórridos toques de incitación sexual se eleva el tono que nos lleva por los surcos del vinilo hasta otra escena de este disco-peli. En “Darling Nikki” la tensión sexual alcanza el clímax y tras un bien orquestado orgasmo pasamos directamente a la tristeza postcoitum, con unos sabios toques de drama autobiográfico “When doves cry” eleva el nivel de la grabación hasta cotas inesperadas convirtiéndose por si solo en uno de los mayores éxitos del disco. Pasa por ser el primer número uno del pop sin línea de bajo y eso es probablemente lo que me revienta de este tema que pese a esto no deja de parecerme genial.

Nos relajamos tras tanta tensión y volvemos a hacer las paces como adolescentes enamorados que juran morir el uno por el otro en “I would die for U” UUUUH, imposible reprimir el gritito funky-gay heredado de little richard, al que tanto deben “el artista autor de purple rain” y su contemporáneo Michael Jackson. En consonancia con el argumento de la película llegamos al éxito cuya sensación de borrachera transmite en “Baby I´m a Staaaaaaaar” UUUH (perdón). Y acaba el disco y la peli como se debe acabar todo, con un apoteosis final que no da lugar a segundas partes. Se desgrana lentamente el tema que da nombre al disco y pasa revista uno por uno a los recuerdos recientes haciéndote olvidar y recordar que lo que has oído y disfrutado es uno de los mejores momentos del pop y sin duda la cumbre artístico-comercial del “artista de cuyo nombre no logramos acordarnos”.

Nefes