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Un poco más tarde de lo esperado, debido, sobre todo, al cambio de sello discográfico, nos llega la segunda parte de la trilogía de “Gaia”, esta vez bajo el título de “La voz dormida”. Terminaba el comentario de la primera parte con una pregunta: ¿podrán superarlo con las siguientes entregas de “Gaia”?. Pues ya tenemos respuesta. Una vez más Mägo de Oz se han superado a si mismos. En esta ocasión, con la misma presentación de auténtico lujo que su antecesor, nos presentan un trabajo doble y un libro contando la historia y las letras. También unas lujosas fotografías de la banda con su nuevo look. Musicalmente nos ofrecen temas largos, larguísimos (el último debe durar unos 20 minutos) en los que los mägo despliegan todo lo que nos han ofrecido en anteriores entregas, esa peculiar mezcla que hacen entre el folk y el heavy que han ido mejorando y enriqueciendo a lo largo de los años. Un trabajo que goza de una excelente producción, un muy buen sonido, con temas que presentan unas extraordinarias ambientaciones, que nos trasladan bien a la América de la conquista, con ese aire misterioso conseguido a base de flauta travesera y los teclados, bien a la España de la inquisición, con el aire hispano-árabe (hasta se atreven con algo de flamenco), una impecable orquestación, acompañada de grandilocuentes coros. Los teclados y algunas melodías y guitarras vuelven a ser 100x100 Rainbow, estas últimas, ahora con la inclusión de otra más, la del manco Jorge Salán, han adquirido otra dimensión, tienen un mayor protagonismo y a lo largo del disco nos encontramos con algún que otro duelo de guitarras, con velocidad extrema. También a lo largo de esta magna obra nos encontramos con algún que otro pasaje neoclásico (muy de la escuela Blackmore) y algún toque progresivo. En su contra: que tanto los temas, como el trabajo, son excesivamente largos y llega a cansar, les falta (salvo alguna excepción como puede ser “Hazme un sitio entre tu piel”, “El paseo de los tristes” o “La posada de los muertos”) ese feeling, esa chispa que tenían en “Jesús de Chamberí” o “La leyenda de la mancha”, para dar paso al preciosismo instrumental. Un trabajo que, una vez concluida la trilogía y ahora que tan de moda están los musicales, bien podría ser teatralizado, pues merecer lo merece. Deme.^Rock Nacion, dic 2005) |
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