The Skidmarks, The Ripplets, Sonic Litter
(Winston/De Diepte, Amsterdam 21-11-2003)
por Poodle Bites

¡Y yo que me iba a quedar en casa el fin de semana descansando! Nada más salir de currar, corriendo a casa, coger una mochila, echar algo de leer y con la bici, a toda leche a la estación a pillar un tren. Por supuesto, el tren sale tarde y en un anden diferente al anunciado. Menos mal que ya estoy acostumbrado. ¡Ay de aquellos que se quejan de la RENFE, no saben lo que tienen! En fin, que estoy ya en Ámsterdam y mi contacto está listo para arrastrarme al Winston, y tras desembolsar 5 Mauros del ala, entramos cuando hay unos energúmenos tocando bastante mal, aunque rápido y alto, con lo que son una buena banda sonora para pedir una birra, acercarnos al ropero y otear el horizonte. Todavía hoy no sé cómo se llaman los pavos, pero tampoco me preocupa mucho, estaban más que verdes y no dejaron gran huella en mi yo profundo.

Tras cambiar un poco el escenario, los Skidmarks se preparan para el asalto. Ya los había visto cosa de un año antes en Tilburg y ahí, aunque me gustaron, se me hicieron un pelín monótonos con su órgano chicharra y su garage cerril. Pero un año después, los tíos se han puesto las pilas y suenan menos garageros y más personales.

skidmarks

Les costó entrar en calor y al batero al principio, parecía como que le daba miedo meterle a la batera, pero la cosa se fue calentando y una bestia tatuada que había entre el público ayudó de lo lindo. Se tiró mil veces al suelo y estaba todo el rato picando a los músicos, aunque de buen rollo. El tío quería que le hicieran volverse loco y no paró hasta que lo consiguió.
Los músicos empezaron a tirarse al sitio donde estaba el público, donde campaba la bestia tatuada para ser mas preciso, llegando el bajista incluso a tirarse al suelo para pelearse amistosamente con el susodicho animal tatuado. Al guitarrista lo cogió de una pierna, se lo subió al hombro y el otro, ni corto ni perezoso, se grapó con las dos piernas en sus hombros y no quería bajarse. Ahí estuvieron los dos peleando y el guitarrista mientras tanto, seguía tocando sin parar con una rabia que más de una estrellona quisiera para si.

skidmarks

El segundo guitarra/teclista se retorcía sobre si mismo, abriendo sus piernas y echándose literalmente sobre su instrumento. A partir de ahí todos se volcaron en el asunto, el batero empezó a hacer temblar las paredes, y es que, ¡como suenan los conciertos en el Winston!
La gente se empezó a animar y los músicos llegaron a cotas bastante altas de descarga de energía. El cantante se retorcía por el suelo y las venas del cuello se le inflaban como balones. Al final hacía también de guitarrista cuando el tercer hombre se dedicaba al órgano y rascaba como alma que lleva el diablo. Acabaron exhaustos, como debe ser.

Unas muchachitas con trajes de leopardo se encaraman a la tarima y ya estamos dispuestos a ver por tercera vez a las Ripplets, si bien es la primera vez que las veo como cabeza de cartel. El resultado es exactamente el mismo que cuando las vi de teloneras: su hardcore-pop se me hace muy monótono tras veinte minutos. Versión de “I Wanna Be Your Man” pero cantando “I Wanna Be Your Girl” para la ocasión y poco más que reseñar, salvo que pillamos unas banquetas y lo vimos sentaditos, como si de un concierto del INSERSO se tratara.

las Ripplets

Estas chicas son cuatro, y si bien a la batería llevan una maquina de precisión que le atiza de lo lindo, la guitarrista sigue estática sin moverse de su sitio, la bajista cantante intenta darle algo más de color al asunto y la teclista, juro por mis niños que estaba de ácido o algo así, porque tenía una sonrisa bobalicona en el rostro bastante sospechosa.
O eso, o lo estaba flipando todo, pero la verdad, no era para tanto.

Sonic Litter . . .
Justo cuando acaban su set las mocetonas de Rótterdam voy corriendo al minúsculo ropero, agarro mi ropa y nos piramos al Diepte, que dista treinta metros del Winston, los suficientes para mojarnos de lo lindo. Así, caladitos nos metemos en el Diepte con las consecuencias que este acto acarrea: nunca sabes ni cómo ni cuándo saldrás de ahí. Alguno todavía sigue ahí metido... El “escenario” (por llamarlo de alguna manera) está ya montado y tengo las mismas sensaciones que la vez que los vi en Utrecht: el cantante tiene una guitarra horrible (y una camisa que debería mandar al poseedor al trullo mediante juicio sumarísimo).
De la superpedalera de efectos, mejor ni hablar. El guitarrista ha cambiado la camiseta de los Fuzztones por una de los Nomads (hecho sin la mas mínima relevancia, pero siempre de agradecer.) El bajista parece un italiano chungo y el batero luce como un cadáver con patas a punto de desmoronarse en cualquier momento. ¿Por qué no le dan algo de comer, hombre? Pero el Diepte es el Diepte, y no hay nadie como ellos para poner a las bandas alerta.
No encuentran los micros y diez minutos antes de empezar el concierto, empiezan a probar sonido. Y empiezan. La gente del Winston ya ha llegado al Diepte y el local presenta un buen aspecto. Ellos hacen un set como el que vi en Utrecht, plagado de versiones, pero interpretadas de tal manera que aunque son reconocibles, parecen algo totalmente nuevo.
Y es el batero, que los lleva a todos en volandas, muy compenetrado con el bajista-siciliano y los dos hacen la base rítmica prefecta. Para que os hagáis una idea, suenan como si fueran los Sonics haciendo versiones de garage de otros grupos. Y digo esto no porque suenen como los Sonics, que en cierta manera sí lo hacen, sino por el engrudo sónico que escupían y lo a piñón fijo que tocan el repertorio. Creo que también hacen temas propios, pero igual es solo que son más versiones pero que no controlo. De cualquier manera, éste es un grupo al que, al menos yo, no voy a reprochar el hacer versiones, porque las tocan con la convicción de los autores. De cualquier manera, para los listos, diré que no mucho tiempo antes de que todas esas bandas de garage surgieran, el mercado del rock, o mejor dicho del pop, funcionaba de la siguiente manera: había un edificio en Nueva York, llamado Brill Building (bueno, alguno de los interesados dice que fue en el edificio contiguo donde se desarrollo el mito, pero esa es otra historia que no voy a contar aquí) que era como una especie de factoría de canciones. Ahí estaban metidos los compositores que vemos en los créditos de todas las canciones clásicas que conocemos y esas canciones eran producidas para compañías editoras. Estas compañías vendían estos éxitos a sellos discográficos que a su vez decidían cuál de sus artistas iba a interpretar tal o cual éxito. Así que, ¿cuál es el problema por hacer canciones no compuestas por uno mismo? ¿Coltrane era un manta por reinterpretar canciones de Gershwin?

Sonic 
          Litter

Estas canciones que tocan Sonic Litter, son versiones por todos conocidas, pero cualquiera con dos orejas que las escuche en cualquier grabación, puede diferenciar claramente que la banda que las interpreta es Sonic Litter. Y le ponen un punto a las canciones en el que las llevan un poco más allá. Y, aquí quería yo llegar, eso mismo no se puede decir de las bandas de versiones al uso, que se limitan a copiar la sucesión de acordes con total fidelidad y pendientes de que el detalle más mínimo quede reflejado en su interpretación del tema. Bandas como los Detroit Cobras son las que hacen que a un buen grupo que haga versiones se le mire de mala manera. Sonic Litter demuestran que no es lo mismo copiar que reinterpretar. Y para acabar, diré que no estuvieron tan finos como la primera vez que les vi en Utrecht, pero a pesar de todo, fueron lo mejor de la noche. Y con una abultada diferencia.
La nota negativa la puso el dueño del Diepte, que contra todo pronóstico mandó a los músicos bajar el volumen y les cortó el rollo diciéndoles que debían de acabar el concierto cuando tan solo llevaban algo más de una hora tocando. Parece que los tipos duros de Ámsterdam no pueden con la caña que dan los de La Haya.

Para rematar la noche, tuvimos poniendo discos a Robert Mutter, cantante de los desaparecidos Kliek, aunque aún sigue en esto de la farándula, liderando a los de momento parados Kek ´66. El menda se dedica a poner clásicos, para seguir con la línea emprendida por los Litter. Al final, un pestruzo se dedica a poner nervioso al dj. tirándole alguna carátula vacía por ahí, a lo que el siempre afable Robert responde con amenazas sonrientes. Pero el tipo no se conforma con eso, y vuelve al ataque con una cerveza y no se le ocurre otra cosa volcarla encima de los discos. Aquí Robert no tuvo otra opción: le metió un cañonazo en la jeta al borracho y se montó la gran jarana. Pjotr, el dueño del Diepte, sabe como arreglar estas situaciones y que en cinco minutos parezca que no ha pasado nada. De cualquier manera, un servidor de ustedes ya tuvo bastantes emociones en una noche y enfiló hacia el sobre, dando por terminada una noche bastante completa. ¡Qué se repita!

Poodle bites nov'03

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