.Smecta 2 (nov'03)
Ya ha salido a la calle el num.2 del fanzine SMECTA,
una de las gratas sorpresas de este año. Por nuestra parte os
adelantamos la portada y un artículo que nos han hecho llegar.
Sobre el fanzine en si os podemos contar un poco lo
que fué el num.1
SMECTA presentaba formato cuartilla, 28 páginas,
varias de ellas a color, entre otras la portada, sin duda la maquetación
mas cuidada que hemos visto por aquí ultimamente. Uno de sus
fuertes es el comic y encontramos colaboraciones de algunos de los mejores
dibujantes nacionales de la ilustración independiente como Miguel
Angel Martín, Mauro
Entrialgo (del que podeis leer aquí una reseña), Olaf
Ladousse, Paco Alcazar entre otros ...
el resto lo completaban con artículos de opinión (especialmente
sobre la guerra) y fantasía
( como su entrevista a dios) o en la línea de este artículo
inédito que a continuación reproducimos "La
mataviejas".
El num-2 sigue en la misma línea
pero el formato es mayor, han pasado a tamaño folio,
continuan las colaboraciones del mundo del comic, Entrialgo, Paco Alcazar
... con algunas incorporaciones como Gustavo
Sala desde Argentina, Miguel Nuñez o Carlo. Nos presentan
también a otros agitadores del comic nacional como Alex Fito,
Kini (editor de TMEO) e incluso las actividades musicales en paralelo
de Paco Alcazar (Humbert.Humbert). Sigue habiendo espacio para las entrevistas
imposibles, en este caso Malcom-X , para el morbo y la crítica
social ...
El fanzine se encuentra en los garitos habituales (Valladolid/Madrid),
nosotros lo hemos visto en el Lisboa y costaba 2 euros

Aquí encontrarás unas viñetas de Entrialgo
publicadas en el SMECTA num-1
‘La mataviejas’,
ése pedazo de mujer
Últimamente, el panorama del psichokiller patrio
parecía estar monopolizado por esa pandilla de maridos salvajes,
analfabetos o doctos, que matan cobardemente a sus mujeres después
de haberlas sometido durante años a malos tratos. Aunque es un
tema dramático y lamentable que merece toda la atención
posible, no es el que hoy nos ocupa, porque un hijo de puta maltratador
no puede compararse ni de lejos con ésos artistas del crimen,
tarados en su mayoría, que convierten sus asesinatos, voluntaria
o casualmente, en esperpénticas obras de arte que encarnan el
espíritu de demencia cañí que se oculta tras la
piel de toro y que son los que nos molan tela a otros dementes como
yo, que seguimos puntualmente sus hazañas negras. Me refiero
a ésas grandes figuras del crimen absurdo que, como los consagrados
Paulino Fernández de Chantada, los hermanos de Puerto Hurraco,
el sofisticado parricida de la katana, el tolái de la famosa
baraja o la nueva megaestrella del asesinato en serie importado de las
Islas Británicas, Alexander King, han sabido entretenernos gratamente
por la originalidad, complejidad, sinrazón, ridiculez o crueldad
con que han firmado sus escabrosos crímenes.
Sin embargo, hoy queremos dedicar nuestra atención a una encantadora
psicópata que merecería ocupar un puesto destacado en
el ranking de los killers más molones y parece estar, sin embargo,
injusta y prematuramente olvidada.
Detenida el pasado mes de julio (2.003) después de una minuciosa
investigación, Encarnación Jiménez Moreno, más
conocida como “La mataviejas”, supo convertirse en tan solo
tres meses en la peor pesadilla para la tercera edad madrileña
pese a no haber cometido ningún crimen antes del 18 de abril,
cuando le dio por asfixiar a una anciana de 97 años para robarle
en su domicilio del centro de Madrid. “La mataviejas”,
sobrenombre atractivo donde los haya para cualquier aficionado a la
crónica negra, tiene 38 años, pero el hecho de haber parido
y criado ella sola a cinco hermosos churumbeles con lo malita que está
la cosa, ha contribuido sin duda a que parezca bastante mayor y se acentúe
con ello ése aspecto siniestro que nos ofrece en la foto de su
ficha policial, que no tiene desperdicio. Obsérvese el garbo
con que posa para la policía, su tipazo dentro de tan peculiares
pantalones elásticos, sus impresionantes brazos de orangután
desmesuradamente largos y fornidos, y ésa mirada de “¿Qué
pasa contigo, tío?” con la que desafía y acojona.
Pero estamos obligados a pensar que ésa foto no le hace justicia
porque ¿cómo explicar el hecho de que las veinte ancianas
que la dejaron entrar en sus casas no desconfiaran de ella? Encarnación,
debidamente peinada y arregladita, debía ser otra cosa ¿quién
sabe? A lo mejor hasta tenía un puntacillo...m...m... Pues de
ésa guisa recorría aquellos barrios habitados mayoritariamente
por personas mayores a los que podía llegar cómodamente
en su línea preferida de metro: la cinco (Canillejas-Casa de
Campo), que debía venirle la mar de bien. Elegía los inmuebles
al azar y con la excusa de vender joyas o ropas lograba entrar en los
edificios. Subía al último piso y bajaba tranquilamente
por las plantas llamando a todas las puertas hasta que encontraba a
su víctima. Entonces la engatusaba con Dios sabe qué encantos
para que abriera la puerta. A veces simulaba ataques de tos o pedía
fuego para echar un pitillito. Cuando la anciana abría, le preguntaba
si estaba sola y pedía incluso que saliera algún familiar
para que le asesorara en la eventual compra. Si su víctima decía
que estaba sola, comenzaba a actuar. Y aquí empieza lo bueno.
Primero le asestaba un fuerte empujón contra la pared. Imaginaos
¡con ése pedazo de brazos! La anciana debía quedarse
estampada como una mosca. Luego las conducía a bofetones, sazonados
con palabras malsonantes, hasta la última habitación del
piso para que nadie pudiese escuchar los gritos y lamentos de la entrañable
viejecita. Después dejaba a sus víctimas tiradas en el
suelo y las ataba con sus propias ropas o con otras que cogía
de los armarios de la casa. A continuación las sometía
a un arduo interrogatorio para saber dónde guardaban las joyas
y objetos de valor, incluido, claro está, el dinerete en efectivo.
En ocasiones, para dar colorcillo, fracturaba algún miembro de
la vieja de turno, como ocurrió en un asalto en Ciudad Lineal,
cuando una octogenaria sufrió fractura abierta de tibia y peroné
después de que Encarnación le partiera tan ricamente la
pierna con el canapé de la cama al negarse la víctima,
bien tacaña la tía, a confesar dónde estaban los
objetos de valor.
Sin embargo, y lo lamentamos profundamente, nuestra Encarnación
era mejor killer que choriza ya que, confiada en lo bien que le iban
saliendo las cosas, cometió bastantes errores. En todos los asaltos
se echaba varios pitillitos de la marca Fortuna y dejaba descuidadamente
las colillas, iba a cara descubierta o simplemente se ponía una
goma por detrás de la cabeza para hacer creer que llevaba careta,
no utilizaba guantes (¡con ésas zarpas!) y dejó
bastantes pelos de su negra cabellera en todos los domicilios. Un desastre.
Veinte ancianas fueron agredidas por “la mataviejas”, de
las que dos murieron tras ser apaleadas, amordazadas y asfixiadas.
Encarnación: ¡qué pena!... tu carnaval de violencia
y hurto apenas llegó a durarte tres inolvidables meses y aunque
no cabe duda de que aprovechaste bien el tiempo, dejas muy desilusionadas
a un montón de ancianas que esperaban ansiosas tu visita. También
nos desilusionas a todos los que vimos en ti a una perfecta psicópata
que nos alegrara los telediarios. De todos modos... nunca se sabe, a
lo mejor ya hay otra mujer, más astuta y cuidadosa, que ha sabido
recoger tu antorcha y aprender de tus errores.
y llegó el num-3
. . . fanzines
. . . utilidades
. . . VA-Web
. . .
|