AZKENA 2003 por Poodle Bites para Va-web

No se puede pedir más por menos, y dudo que alguna vez se pueda concentrar tal cantidad de buenas bandas en un festival así otra vez. Después de ver lo que vimos cerca de diez mil personas el pasado fin de semana en Vitoria, en Mendizabala, este festival va a ser muy difícil de superar.
Desde luego que hubo descartes, nadie se puede tragar casi doce horas de música sin parar, y alguna decepción también, pero todos nos fuimos de allí con la boca abierta y una sonrisa que tardará unos meses en borrarse de nuestros rostros.
Todo empezó el viernes, a eso de las siete de la tarde, cuando llegamos a Mendizorroza.
Gente con camisetas de Motorhead, Radio Birdman, Nine Pound Hammer o Slaughter and the Dogs, patillas y chupas de cuero, campaban a sus anchas por la zona de entrada. Si bien tardamos cosa de tres cuartos de hora en conseguir la acreditación, los que sacaron su entrada por internet tuvieron que hacer una cola de alrededor de hora y media de espera. Pequeños detalles que siempre se escapan al comienzo de un festival de esta envergadura.
Una vez dentro, todo funcionó con una precisión que no admite ni el más mínimo reproche. Así, tanto por nuestro desconcierto como por el de la organización, no pudimos ver a alguna banda interesante como La Secta o los Paniks. Hubo pequeños ajustes de horarios y fuimos debidamente informados nada mas entrar con miles de flyers anunciando las horas a que tocaría cada banda.
Nada más entrar, en el escenario Azkena estaban acabando su set Jason Ringenberg & the Nashville Allstars, dándome la impresión de que el antiguo lider de Jason And The Scorchers anda con una banda de transición y se hicieron una versión del "Preasure Drop" the Toots & The Maytals bastante ramplona.
De cualquier manera, estas bandas tenían más un cometido de calentar al personal que de atraer la total atención de los allí presentes, lo cual cumplieron con creces.
Ringenberg
Ben Vaughn y su combo, en el escenario San Miguel hicieron más de lo mismo, con bastante más clase y conquistaron más corazones debido al seguimiento casi de culto que el citado intérprete goza en España.
Yo también pienso que haberle puesto como final de fiesta en vez de los Fireballs of Freedom hubiera estado mejor, pero la verdad es que Ben Vaughn hizo que moviera los pies siguiendo su ritmo por primera vez en el festival.
Antes de continuar, quiero explicar un poco la distribución del recinto, bastante inteligentemente concebido. Los dos escenarios estaban enfrentados, si bien a la suficiente distancia como para no interferir en sus sonidos. He leído críticas sobre la calidad del sonido, pero yo no creo que sonara bajo o mal. Todos los conciertos que vi, lo hice desde unos siete o diez metros del escenario y por lo menos ahí sonaba todo bastante bien.
De cualquier manera, nunca hubo bandas tocando en ambos escenarios a la vez y las pruebas de sonido podían haber deslucido algún final de concierto, pero esto no ocurrió.
Así, mientras unos cuantos "pasteleros" alucinábamos en colores con los Jayhawks, la mayoría de punk-rockers de pro abucheaban desde el otro escenario para que acabaran y pudieran asistir al espectáculo decadente y enfermizo de los Cramps, de lo cual ni nos enteramos debido a la distancia entre escenarios.
Grandes pantallas de video hacían que mientras esperabas a que empezara el concierto de un escenario, pudieras ver como acababa el concierto del otro escenario, o también disfrutar del concierto que estabas viendo, si tenías delante al primo de Gasol y no veías un pimiento.
Y los tiempos muertos entre concierto y concierto eran de unos diez minutos, lo suficiente como para darte tiempo a pillar algo de beber o comer (las barras estaban situadas en el pasillo entre los dos escenarios) y situarte en el escenario opuesto para disfrutar de la siguiente estrella de la noche.
Bien, pues con el estómago lleno me dispongo a disfrutar de primer concierto de la noche, los Jayhawks.
Enganchado desde los tiempos de Tomorrow the Green Grass (1995), los Jayhawks fueron de lo mejor del festival con un Gary Louris sonriente y una banda de cuatro músicos de lujo. Se tocaron la mayoría de singles de su último e increíble disco, "Rainy Day Music", canciones como "Stumbling Through The Dark", "One Mans Problem" o "All The Right Reasons" y como no, todos sus clásicos del no menos clásico "Tomorrow The Green Grass", canciones como "I´d Run Away" o "Two Hearts" hicieron que se nos pusiera piel de gallina por primera vez en los dos días. Alternaron su lado más eléctrico con otros momentos acústicos con slide y guitarra acústica, hasta casi folkies, con dos guitarras acústicas y armónica como único acompañamiento de sus tres voces. De cualquier manera, pienso que los Jayhawks es un grupo para conocer, y si te presentas en un concierto sin conocer algo de su discografía, se puede hacer un poco lineal. Pero cualquiera con dos orejas tiene la obligación de alucinar con sus coros de tres voces, sus slides lloronas y esas canciones que te deshacen el corazón.
Tras Jayhawks, tiempo para aprovisionar y cambiar el chip.
the Cramps
Los Cramps están listos para aporrear nuestras orejas y menear nuestras conciencias más conservadoras.
Poison Ivy de cuero y leopardo, Lux Interior de cuero entero, un batero salido de los Picapiedra y un bajista con un fuzz metálico del infierno, con una cabeza de jíbaro colgada de su bajo y con más tatuajes que un comic, cara de malos y ritmos trogloditas, hicieron un pequeño repaso de sus primeros discos tocando "New Kinda Kick", " Tv. Set" "Fucked Up" o el "Psychotic Reaction" de los Count V. y alguna de su último y flojo "Fiends Of Dope Island", más una excusa para girar por el mundo que una necesidad de mostrar nuevas canciones.
También tocaron alguna de su penúltimo, el bastante mejor " Big Beat From Badsville", pero a pesar de dar un espectáculo como pocas bandas pueden dar, lleno de mal gusto y fetichismo, chupar de botas, cuero y vino, toqueteos sexuales, Lux Interior tirado por el suelo masturbando el micro, echándose vino de la tierra por encima y sorbiendo el vino del micrófono, rompiendo botellas y tirando monitores de sonido, se rasgó los pantalones de cuero para enseñarnos un culo que no disimula los más de cincuenta años del amigo Interior, no fueron lo mejor del festival. Acabaron su set con una salvaje versión del Surfin' Bird, donde reinó el caos y el bajista se calzó un slide para hacerlo deslizar por su bajo mientras el pedal del fuzz metálico lo hacía chirriar.
En definitiva, todo un espectáculo al más puro estilo Cramps, basado más en su aspecto visual que en el musical.
El set de Cracker lo tomamos como descanso, cosa que debió de pensar más gente, porque ya no había bocadillos como dios manda que llevarse a la boca.
Y tras el descanso, salieron las estrellas del festival:
los Stooges.
Ocasión única de verlos juntos en directo con Mike "Minutemen" Watt al bajo en sustitución del fallecido Dave Alexander. Se encendieron las luces y salio Iggy saltando al más puro estilo Iggy, insultando a la peña y soltando todos los clásicos de sus dos primeros discos, si exceptuamos la monótona We Will Fall, la lenta Ann, y la caótica LA Blues, si bien el espíritu de esta última, apareció camuflado en el no menos caótico final de alguna de sus canciones.
Iggy Pop & the Stooges
Al principio casi no se oía la guitarra de Ron Asheton y la batería de su hermano Scott retumbaba como un trueno, pero esto se corrigió momentos después. Contaron con la ayuda de un saxo, nada menos que el de Steven MacKay, lo que realzó las canciones del Fun House.
Lo que consiguió justo el efecto contrario, fue un eco barato que pusieron en los estribillos de un par de canciones. También tocaron una canción nueva, una de las que han grabado los cuatro para el nuevo disco de Iggy, supongo. El estribillo hablaba de chicas calientes, coches rápidos y dinero. Bastante original.
Iggy no es el animal de años atrás, pero verle con los demás Stooges fue algo digno de verse. Para terminar, tocaron de nuevo I Wanna Be Your Dog como si fuera la última vez que lo fueran a hacer en su vida. Alucinante.
Y tras los maestros, los aprendices.
Fireballs Of Freedom salieron con un morao de tres de la mañana y aunque intentaron animar la fiesta, solo lo consiguieron durante los primeros veinte minutos. Luego el pedo de su baterista, que se dedicó a quitarse y ponerse las gafas y a levantarse y sentarse tocando y a veces aporreando sus tambores, sumado al del cantante, que no dejaba de recordarnos los feliz que estaba por tocar en un festival con los Stooges, los empezó a hacer aburridos y pesados. De cualquier manera sus discos aseguran que en mejores condiciones tienen que arrasar.

El segundo día llegamos descansados y bien comidos, aunque tarde para ver a los increíbles Cherry Valence.
Asistimos alucinados a su última canción, una animalada de versión del Baby Please Don't Go de los Them, e imagino que atronarían al personal igual que lo hicieron quince días antes en Tilburg. Doble batería y riffs pesados con sus dos bateristas como principales cantantes, dejando la batería alternativamente y saliendo a hacer de frontman, a retorcerse y chillar como maniacos.
Tras estos, en el escenario Azkena despacharon su set los Jeevas, banda del tipo de Kula Shaker que a mi no acaba de convencerme.
Para cambiar el tercio repartieron el suyo Hermano, otra banda que no consigue captar mi atención ni en disco ni en directo. Para eso, mejor no hablar.
Teenage Fanclub
Empezamos la noche con Teenage Fanclub, otra banda pop para volver a dar un giro musical al día.
Si bien me asusté con sus dos primeras canciones, ambas de su conocido Bandwagonesque, que me hicieron temer una noche de tormenta de guitarras y noise por un tubo, como en su aburrida primera época, pero en seguida se colgaron las guitarras acústicas y nos dieron un recital de pop al mas puro estilo Byrds-Beatles.
Aunque no hicieron nada de su disco con Jad Fair, sonaron clásicos como I Need Direction o About You.
Acabaron vacilando al personal con The Concept, y al entrar en la parte "onírica" de la canción, cambiaron al desbarre punk del final del Grand Prix (creo).
Muy buenos.
De Steve Earle también prefiero decir solo que me recuerda a alguien y no se todavía a quién.
La segunda mitad de su concierto nos pilló cogiendo un buen sitio para ver a los Hellacopters.
Y menudo concierto que nos dieron los tíos. Si bien no tengo su último disco en mi poder por problemas de organización, sigo con la misma idea: me lo tengo que pillar ya. Sonaron como los demonios, potentes, compactos y parece que disfrutan haciéndolo. Desde luego que hubo guitarras al aire, caídas de rodillas al tablao y pose al más puro estilo Detroit, pero también hacían eso los MC5 y nadie les critica (que se atrevan). Con canciones así y tocando de esa manera, a esta gente le llegan muy pocos a la suela de los zapatos en su terreno de sonidos Australiano-Detroitianos.
Hubo un espontáneo que saltó a las tablas, lo que hizo que Nicke Royale se acojonara un poco, no fuera a quitarle su eterna gorra y dejar ver la cartona que, dicen las malas lenguas, brilla en su coco. Tonterías aparte, aunque basaron la primera mitad de su tiempo en su ultimo disco, tuvieron tiempo para repasar su anterior, High Visibility, tocando Toys And Flavours, Hopeless Case Of A Kid In Denial o Sometimes I Don't Know y donde mejor respuesta obtuvieron fue al recordar sus dos primeros discos con canciones como Gonna Get Some Action (Now) para acabar con un apoteósico You Are Nothing de diez minutos.
Hellacopters
Fueron la primera banda que vi hacer bises, y se hicieron un Search And Destroy acojonante, aunque salió Texas Terri a cantarlo, y no lo hizo mal del todo, pero este puede ser un claro ejemplo de por que solo la actitud no es suficiente para subirse a un escenario. Tres canciones se tocaron sin bajo debido a problemas con el bajo, el ampli y las conexiones, para exasperación del bajista. Al final, problema resuelto con más dificultades de las habituales y broma a cargo de los White Stripes sin la más mínima gracia, sobre lo de moda que está tocar sin bajo. ¿Les tendrán miedo?
Tras una pausa para descansar y cambiar el chip, nos acercamos al escenario para ver bien el concierto de Ray Davies.
Empezó bien, con versiones de los Kinks, con tan solo él y su guitarra acústica. En cuanto nos presentó a su guitarrista (que por supuesto, no era su hermano Dave), un nubarrón negro de sospecha se cernió sobre nuestras cabezas: un tipo que rascaba su brillante guitarra al más puro estilo Joe Satriani y con un aspecto que recordaba al rubio de La Trinca, no podía presagiar nada bueno.
Ray Davies
Y cuando se le sumaron baterista y bajista, aquello parecía más la Orquesta Mondragón que una honorable reencarnación de los Kinks.
Así, para mí este fue el punto negro del festival, aunque para mucha gente fue uno de los momentos más brillantes del mismo. Dicen que solo el hecho de oír a Ray Davies cantando esas canciones ya merece la pena. Imagínense lo mala que era la banda de acompañamiento para destrozar clásicos como los de los Kinks.
Ójala la próxima vez nos hable un poco más de su amplificador verde y todas esas historias que cuenta él sobre su vida y la de los Kinks.
Y para terminar el festival, el segundo día sí que tuvo a la perfecta banda para acabar la noche: los Dictators.
Si bien al principio echamos de menos a Top Ten, Ross the Boss se las bastó el solito para hacer todo el ruido necesario y dar otra vez uno de esos conciertos que se tardan en olvidar. Con un Manitota más fondón que nunca y un Andy Shernoff luciendo gorra (de nuevo la alopecia haciendo de las suyas), supieron hacer algo muy difícil: intercalar canciones clásicas con las de su último disco y conseguir la misma reacción del público. Eso es síntoma de que el Sr. Shernoff sigue componiendo himnos atemporales que da gusto tararear.
Así tras The Party Starts Now o el gran Haircut And Attitude de su reencarnación como Manitoba´s Wild Kingdom, se sucedieron Two Tub Man, Minnessotta Strip, Stay With Me, intercalando clásicos más recientes, como Pussy And Money o Avenue A. ¿Quién puede quedar descontento tras un concierto de los Dictators?
Bien, pues por si alguien todavía no hubiera tenido bastante, se hicieron una versión del Sonic Reducer de los Dead Boys que muy pocos harían con la misma rabia y sabiduría.
Dictators
Así, reventados tras dos días más que intensos, dejamos el recinto llenando nuestras bocas con promesas de volver al año que viene y recordando momentos estelares, que los hubo, y muchos.
Aquí termina este relato, no sin antes recordar que desde Gary Louris hasta el borracho voceras de los Fireballs of Freedom, todos dedicaron una canción, si no el set entero al inigualable Johnny Cash, fallecido ese mismo viernes, tan solo un par de meses después de hacerlo su esposa June Carter.
Un elemento que voceaba a mi lado, dijo que no entendía por qué tanta dedicatoria, que no era un tío tan importante.
Nadie empleó ni un minuto de su tiempo en contestarle.

 

sept'03 envíado especial
Poodle Bites