- La ciudad en ciernes

 



 
 

Con la ciudad en ciernes se nombra un proyecto que reúne un conjunto de actuaciones pensadas para llamar la atención sobre un único asunto: la ciudad debe ser la materialización de los derechos humanos, y el urbanismo que la organiza ha de fundarse en tal propósito. Se dispone como un recorrido a través de 12 ciudades de Europa, África y América, donde se mostrará una exposición, se realizarán estudios y se organizarán debates sobre el tema. Todo ello durante los años 2006 y 2007.
El proyecto, cuyas características se explican con más detalle en el apartado ACERCA DE ... es la prolongación de otros trabajos realizados hasta la fecha con el mismo objeto y recogidos en la página CIUDAD-DERECHOS .

Un blog para hablar, una web para ordenar

Para el éxito del proyecto es crucial conseguir y ordenar una buena documentación. No sólo el material de los vídeos, los debates o los análisis realizados ex-profeso , sino también las imágenes y narraciones, las preguntas, análisis, teorías y reflexiones, y las experiencias y prácticas aportadas por lectores, visitantes o público, que puedan servir para comprender mejor esa ciudad en ciernes, expresiva de los derechos humanos, a la que se quiere contribuir.

Se requiere, por tanto, la colaboración de las personas interesadas para ampliar la documentación con nuevos textos e imágenes, nuevos análisis, relatos de experiencias, etc., o simplemente para opinar: www.derechoalaciudad.org y www.urblog.org

Programa de un proyecto itinerante

La ciudad en ciernes es un proyecto itinerante. Un periplo, un recorrido a través de 12 ciudades preguntándonos por la forma de pensar el urbanismo.

Se articula en una serie de eventos que tendrán lugar en las distintas ciudades que se recorran. En ellas se instalará la exposición y se realizarán debates. Al concluir, una publicación de síntesis recogerá las principales conclusiones y aportaciones que se haya conseguido elaborar o reunir.

El ámbito temporal: 2006-2007. El ámbito espacial: 12 ciudades de Europa, África y América (queda fuera medio mundo: otra vez será). Los primeros enclaves, en 2006: Entre mayo y junio, en Bogotá, exposición y Foro: Todos los derechos, una misma ciudad.

A partir del 23 de junio, en Vancouver, en el marco del World Urban Forum. Desde el 20 de septiembre, en Zaragoza, con el desarrollo del 3 er Foro del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España. Entre octubre y noviembre, en Valladolid, con el desarrollo de un Congreso Internacional sobre Derechos Humanos. Y entre noviembre y diciembre, en Madrid, con una serie de mesas redondas sobre el significado de la dignidad urbana. Posteriormente, ya en 2007, se viajará a París, Jerusalén, Barcelona, Buenos Aires, Roma, Dakar y Chicago.               mas información =>>

 

Equipo U/DH

Desde hace cinco años, un equipo de arquitectos de la Universidad de Valladolid trabaja para contribuir al debate sobre urbanismo y derechos humanos, y fundamentar en tales derechos una práctica urbanística renovada, capaz de englobar las preocupaciones medioambientales, económicas, sociales y de carácter estético, con mayor profundidad y sentido cívico. Los Informes de Valladolid que se presentan cada 10 de diciembre, desde 2002, pueden consultarse (y descargarse) en www.ciudad-derechos.org

Exposición

Una exposición compuesta básicamente por siete vídeos cortos, con guión y dirección de seis directores cinematográficos (Pedro Barbadillo se encarga de dos de ellos, el de introducción y el final) recorrerá una docena de ciudades de tres continentes a lo largo de 2006 y 2007. Con el título de “La ciudad en ciernes” se reúnen las piezas breves que Lucrecia Martel, Gracia Querejeta, Joaquim Jordá, Miguel Albadalejo, Chus Gutiérrez y Pedro Barbadillo han preparado para poner de manifiesto la necesidad urgente de repensar radicalmente la ciudad bajo otros parámetros diferentes de los habituales. Más allá del discurso habitual de carácter funcionalista o economicista, e incluso con mayor profundidad y alcance que el reclamado por las argumentaciones de la ecología urbana. La sostenibilidad es necesaria, pero no basta para hacer una ciudad de todos, se dice en los textos de presentación de la exposición.

¿Quién no ama la ciudad? “No es de manera metafórica como se tiene derecho a comparar una ciudad con una sinfonía o un poema; son objetos de la misma naturaleza. Más preciosa quizá, la ciudad se sitúa en la confluencia entre la naturaleza y el artificio” (Claude Lévi-Strauss, en Tristes trópicos).
¿Quién no aspira a la universalización de los derechos humanos? Constituyen el gran tema de nuestro tiempo. Caracterizan nuestra época, y se han considerado como el logro del siglo XX. Un núcleo de derechos que tiene que ver con lo más radicalmente profundo del hombre y de la mujer, con su dignidad. Parecen “de las pocas cosas que se interponen entre nosotros y las tinieblas” (E. Hobsbawm). Se reivindican con la democracia, pues “ningún país democrático permite el hambre” (Amartya Sen). Dos análisis optimistas, de distintas culturas, que confían en completar la tarea en el siglo que empieza.
¿Por qué no vincular de nuevo ambos logros para que el urbanismo, la disciplina trata de construir la ciudad, se funde en los derechos? Pues ¿no es en la ciudad donde los derechos humanos encuentran su espacio, su dimensión y su historia; su realidad efectiva?


Una imagen de los itinerarios ciclistas de Lyon

En los intersticios
En el hueco circular que al levantar un poste queda en el pavimento, crece un micropaisaje verde, vivo. La ciudad en ciernes es un proyecto que quiere estar atento a la ciudad que brota en los intersticios. Para identificarla, para impulsarla, se levanta esta exposición.

Repensar el urbanismo: un propósito fácil de enunciar, difícil de practicar. Porque se encuentran muchas más preguntas que respuestas. 245 interrogantes aquí, en esta publicación; 70 preguntas en las pantallas de la exposición, y habrá más de 1000 en la página web. Pero, una cuestión por delante de todas. ¿Qué es lo radicalmente prioritario en el urbanismo, lo que garantiza el buen orden urbano: la economía, la estética, la funcionalidad, el medio ambiente, o tal vez el derecho?

1- La ciudad sin horizonte

Director y guionista: Pedro Barbadillo
Vídeo documental. 7 min.

Entre nosotros y las tinieblas. Una ciudad de nuevo cuño

¿Está en ciernes la ciudad? ¿Brota de la ciudad una nueva ciudad? ) ¿Más justa, más saludable? ¿Se impondrá en ella la racionalidad (es decir: la dignidad y la decencia) sobre la exclusión?
El mundo cambia en sus más sólidos cimientos. Nada es ya como hasta ahora ha sido. La biología, la tecnología, la ciencia toda impulsa un mundo radicalmente diferente. ¿Ha de servir la misma ciudad?
Por todas partes, y en todas las ciudades, se oye decir: “la ciudad está mejor que nunca”. Mejor, ¿para quiénes?, ¿para todos? ¿No hay nada que cambiar, nada que debamos o podamos lamentar? ¿Sabemos dónde nos estamos metiendo, qué futuro estamos favoreciendo? ¿Prestamos atención suficiente al largo plazo? ¿Cómo responden nuestros políticos?
Porque otros consideran que nuestras ciudades están en situación crítica. Con demasiados problemas medioambientales. Con clamorosas carencias sociales. ¿Por qué las calles que unos pasean son hermosas y atractivas, e infernales y peligrosas las de otros? ¿Tenemos que aceptar sumisos esta dualidad?
Todos los datos parecen indicar que en las últimas décadas las diferencias económicas entre ricos y pobres se han incrementado, que la globalización ha ensanchado la brecha entre países ricos y pobres, con una incidencia demoledora en el mundo urbano. ¿Engañan los datos? Si los datos no engañan, si nuestra percepción es correcta, prolifera la exclusión y se multiplican las gentes sin sitio en el mundo, ¿qué puede decir la ciudad, qué puede decir el urbanismo a los excluidos?
Si la situación es crítica, ¿por qué no volver al origen de lo urbano, al proyecto de ciudad como espacio de libertad y derechos? ¿No ha estado siempre el derecho asociado a la ciudad, no ha nacido en ella? Ciudad y ciudadanía son términos hermanados. ¿Por qué no atacar directamente el problema de la exclusión y la insolidaridad, y poner en primer plano el fundamento del derecho, siempre presente en la historia de las ciudades?
¿O es que ahora sólo podemos contar con una ciudad dura, de lucha y competición por la supervivencia? Frente a un urbanismo depredador e inhumano, ¿no cabe pensar en un urbanismo con rostro humano, en un urbanismo de ciudadanos?
¿Estamos condenados a mantener pautas urbanísticas de un pasado aristocrático, que han resistido y se han deslizado, como las iglesias, por debajo del manto de modernidad? La ciudad barroca se construía para la mayor gloria del príncipe. ¿Se sigue haciendo hoy de la misma forma, para otros nuevos príncipes ?
Los príncipes utilizaron la estética urbana y el lujo suntuario para afianzar, en su propio beneficio, el orden social. ¿Sigue vigente esa técnica de adhesión social en las grandes obras de monumentalización urbana de nuestros días? Se habla de los señores de la guerra. ¿Puede hablarse de los señores del suelo?
¿Qué ha sido de la ciudad de las mayorías? Frente a la ciudad del príncipe (del uno), la sociedad industrial reivindicó la ciudad de los ciudadanos (al menos de una parte representativa de ellos), y un urbanismo preocupado por la funcionalidad y el interés general. ¿No ha funcionado?
Aquel ¿viejo? urbanismo moderno, confiado y seguro de sí mismo, que prometía vivienda y servicios para todos sin exclusiones, ¿ha sido un experimento fallido y engañoso? ¿Ocultaba acaso privilegios no confesados que ahora ya no requieren de su oficio? ¿O es que no está ya a la altura de nuestro mundo globalizado?
¿Pero puede un urbanismo fundado en el derecho, en el respeto de los derechos urbanos, ser una alternativa creíble? ¿Qué puede aportar respecto de aquellas políticas públicas que procuraban empleo estable, educación y salud a cambio de impuestos?
Los derechos exigen totalidad. No basta planificar para una mayoría, por amplia que sea. ¿Cuáles serán entonces los objetivos básicos del urbanismo para garantizar a todos una vida urbana decente?
¿Cómo conseguir que la ciudad actual llegue a ser la ciudad de cada uno , incluso del último ciudadano ? El problema de la dignidad se agudiza en los náufragos de la ciudad. ¿Cómo garantizar el reconocimiento de la dignidad urbana del último ciudadano? ¿Cómo hacer un urbanismo de las personas?
Planificamos pensando en lo normal. Pero, ¿qué es lo normal? Si sabemos leer, tenemos empleo estable, seguridad social, libertad política y gastamos más de 2 euros al día, no somos normales: menos del 4% de la población mundial tiene esos atributos. ¿Es lo normal lo que creemos que es lo normal? ¿No se toman demasiadas decisiones de política pública urbana sobre una idea de lo normal equivocada? ¿No se confunden con demasiada frecuencia ideales con realidades?
No se trata sólo de una miseria “dickensiana”, sino la que destruye progresivamente las relaciones existentes entre los individuos y el resto de la sociedad. ¿Puede contribuir la ciudad a aliviar o agravar esa confrontación del individuo a su impotencia?
¿Cuál es el retrato del último ciudadano? ¿Será mujer? ¿Tendrá hijos? ¿Estará en paro? ¿Será inmigrante?
La dignidad es e se afán por exteriorizar, sin tregua, la nobleza de condición que compartimos todos los ciudadanos. ¿La ciudad colabora a reconocer esa nobleza en todos sus ciudadanos? ¿A qué condiciones urbanas, qué aseo, qué compostura, nos obliga pensar en una vida decente para cada ciudadano?
¿Puede hablarse de una ciudad mínima ? ¿No debe la ciudad garantizar unas condiciones materiales mínimas a cada uno, por debajo de las cuales resulta impúdico seguir hablando de la dignidad?
¿Cuáles son los rasgos urbanísticos de la dignidad? ¿Preservar la autonomía de cada uno? ¿Evitar el trato adocenado? ¿Actuar contra todas las formas de pobreza, sabiendo que la miseria es el grado cero de la dignidad? ¿Favorecer la integración, contra cualquier forma del gueto, contra cualquier estigma? ¿Promover la igualdad esencial, básica, para vivir entre iguales? ¿Evitar cualquier discriminación (de la mujer, del anciano, del niño, del extranjero,...)? ¿No es también algo tan simple como el cuidado de las calles y evitar la sensación de abandono?
Los derechos humanos constituyen el gran tema de nuestro tiempo. El logro del final del milenio: “de las pocas cosas que se interponen entre nosotros y las tinieblas” (Hobsbawm). ¿Cómo no implicarlos en el urbanismo? Pues ¿no es hora ya de cerrar un ciclo urbano que nos tiene anclados, complacientes, en una desigualdad que es cada vez más visible?
¿Está la ciudad en ciernes de un cambio profundo, o hay que conformarse, una vez más, con palabrería y depredación?

2-SOBRE EL DERECHO A LA SEGURIDAD Y EL DERECHO A LA MOVILIDAD

En torno a Buenos Aires
Guión y dirección: Lucrecia Martel
Duración: 6 minutos
Cámara: Chaski
Sonido: Guido Beremblum
Producción: Santiago Leiro
Localizaciones: Capital Federal y Gran Buenos Aires

La seguridad de todos es la nuestra. La movilidad de cada uno es la de todos

Si las libertades individuales son el valor más preciado, ¿no debería ponerse este valor, la libertad, como primer objetivo urbano? Moverse libremente y hacerlo con seguridad en la ciudad, multiplicar la accesibilidad y reducir las ocasiones de peligro, ¿son cuestiones íntimamente relacionadas de las que el urbanismo ha de dar cuenta?
En algunos barrios que ofrecen el angustioso panorama de un tejido social y urbano agonizante, ¿de qué seguridad hablamos? Se dice que “las ciudades son campos de batalla”. ¿Es una metáfora o lo son literalmente ?
¿Por qué inconfesables razones el principio de cautela no se aplica siempre en la construcción de la ciudad? A pesar de que los riesgos aumentan en los túneles o en los rascacielos, a pesar de tragedias recientes en unos y otros, ambas construcciones se multiplican en la ciudad moderna. ¿Por qué?
La asombrosa conformidad social frente a las estadísticas de los accidentes de tráfico, ¿subraya el estado irracional de la ciudad? Tanta preocupación por unos riesgos y prácticamente ninguna por otros, que se asumen mansamente como inevitables , ¿depende de los intereses en juego? ¿Son estos riesgos urbanos, aun socialmente aceptados, crueles por innecesarios?
En las ciudades se despliegan las nuevas formas de la guerra civil: una violencia autista, sin objeto y sin sentido, una agresión sin contenido. Si se alimenta el odio difuso y generalizado, ¿cómo podemos hablar de seguridad?
Sectorizar la ciudad, aislar y segregar los barrios sospechosos , ¿es una tentación siempre irresistible para los gobernantes? ¿Se criminaliza la pobreza para enclaustrar a las clases desheredadas? ¿Puede decirse que de algún modo la ciudad reparte cárcel ?
Aplicar la mayor dureza en la aplicación de la ley, ¿puede ser una respuesta a los movimientos sociales, un rechazo a la demanda negra de igualdad? En urbanismo, ¿cuándo la tolerancia cero llega a ser intolerancia?
Si los poderosos se encierran en ciudadelas acorazadas en un territorio que consideran hostil, ¿es que retrocedemos a la peor Edad Media? ¿Por qué regresan las murallas, cuando ya las creíamos despedidas para siempre? ¿Son las gated communities el paradigma antiurbano?
Los crustáceos están endurecidos, protegidos, por fuera; los vertebrados por dentro. ¿Puede servir su comparación como metáfora de dos formas de entender la seguridad urbana, bien (la ciudad clásica) amurallándose y acorazando el perímetro, o bien (la ciudad moderna) presentando al exterior una superficie blanda, vulnerable, pero armada interiormente con una estructura ósea fuerte y duradera? ¿Es la ciudadanía el esqueleto que puede armar la ciudad?
¿Hay más inseguridad en la ciudad de hoy que en la de ayer, o es sólo una percepción equivocada, un espejismo? La palabra seguridad es un tótem. Pero ¿son admisibles soluciones sectoriales, parciales, el sálvese quien pueda, o sólo cabe una seguridad universal y equitativa? En definitiva, ¿la seguridad de todos es la nuestra?
Hace décadas (siglos, ya), la ciudad se despojó de dramatismo. ¿Podemos seguir creyendo que la ciudad abierta es paradójicamente la mejor forma de defensa? Hay que romper los círculos viciosos, paradojas y dilemas que lastran el razonamiento. ¿Hay soluciones de seguridad que crean nuevas inseguridades? ¿Tiene esto que ver con esa solidaridad del miedo de que habla Bauman? ¿Cómo habrá de ser un armazón de calles libres que estructure la ciudad?
¿Es indiferente a la seguridad la organización de la movilidad urbana? El tráfico es un bien. Pero puede ser una pesadilla. ¿Cómo articularlo para que no ahogue incluso la misma movilidad que le da vida? ¿No se trata de movernos todos y, en consecuencia, de traficar ?
La ciudad mima a los conductores . ¿Lo merecen? El conductor suele ser agresivo respecto a los no conductores. ¿Un diseño pacifista (“calmar el tráfico”) ayuda a bajar los humos ? Ante el comportamiento adictivo (como si de una droga se tratase) de los automovilistas, que siempre quieren más: más vías, más cruces, más velocidad, más accesibilidad, llegar más cerca, siempre más aparcamientos; ante esa dependencia que destruye la calidad de vida de la ciudad, ¿no habría que pensar ya en medidas de desintoxicación?
Sebastian Mercier escribió en 1771, en los Tableaux de Paris : “Basta caminar por las calles de París para darse cuenta de que no es el pueblo el que hace las leyes: ningún resguardo para el peatón, nada de aceras. Parece que el pueblo fuera un cuerpo separado de los otros órdenes del Estado: los ricos y los grandes, que poseen carroza, parece que tienen el bárbaro derecho a mutilar y aplastar a la gente por la calle”. Convenientemente actualizado, ¿sigue siendo un diagnóstico acertado

3- SOBRE EL DERECHO A LA VIVIENDA Y EL DERECHO A LA CULTURA

La plaza de DJEMMA EL-FNA (lugar de encuentro)
Directora y guionista: Chus Gutiérrez
Duración: 3 minutos
Otros datos.....
Localizaciones: Marraquech

Sinopsis: La pieza que pretendo realizar para la exposición aborda el tema del espacio público. En nuestra cultura occidental, capitalista y por naturaleza destructiva, el espacio público como lugar de encuentro tiende a desaparecer. El espacio público de la Plaza de Djemma el-Fna en Marrakech expresa de una forma contundente y creativa lo que representa una plaza como esta en el corazón de una ciudad (...). En la cultura occidental la plaza se interpreta como una amenaza (...). Mirar. Esa parte fundamental de un lugar de encuentro. Mirar al otro (...). Esta plaza me trasmite la sensación más viva y más generosa que jamás he sentido en un lugar público y hasta el ultimo habitante de la tierra, el más pobre, el más solitario, el más incapacitado, puede pasar una tarde agradable sin consumir nada. La pieza pretende recrear este espacio. Introducir al espectador en un lugar que trasmita la sensación de estar sumergido en el centro mismo del corazón de la plaza. En su ritmo. En su luz. En su sonido. Utilizaremos cuatro pantallas ocupando la totalidad del espacio y creando la sensación de transportación que pretende la pieza.

Una habitación con vistas. El imparable mestizaje del mundo


Favela Prazares en 2002, Río de Janeiro.

¿Por qué la vivienda sigue estando en cuestión?, ¿por qué una y otra vez, y siempre, se habla de ella como un problema?¿Podría el derecho a una vivienda digna y adecuada fundamentar una práctica urbanística más sensata, más racional y más justa?
Las políticas públicas de vivienda en la Europa de entreguerras, y las posteriores de los años 1950-1970, ¿fueron alentadas únicamente por las sucesivas penurias, o hubo algo más? ¿Por qué han fallado tantas veces las políticas de vivienda cuando han pretendido hacer experimentos sociales?
En los ambientes profesionales, las cuestiones del alojamiento siguen viéndose con excesiva frecuencia de forma ensimismada: se vuelve a plantear una forzada puesta al día de la vieja investigación tipológica, ahora en términos de flexibilidad, innovación tecnológica, personalización. ¿No va siendo hora de dar prioridad a discusiones más centradas en cuestiones ambientales y ciudadanas, hora de sustituir el problema de la vivienda por el problema de la ciudad?
Ya la distinción entre viviendas buenas en barrios malos y viviendas malas en barrios buenos lo deja claro: se buscan las últimas y se rechazan las primeras. ¿La cuestión de la vivienda es un problema de ciudad? Cuando el fuera no es atractivo se vive el alojamiento como un problema de segregación. Si dentro se da por supuesta, ¿la dignidad de la casa está fuera?
¿Interesan, al hablar de la vivienda, las peculiaridades de los espacios intermedios, la fuerza de los lugares que configura identidades? La ventana abierta sobre la ciudad, desde la propia vivienda hacia un espacio urbano exterior, unívoco, público, sin mediaciones, ¿puede ser una imagen adecuada de la relación básica entre ciudad y vivienda, algo más que un símbolo? ¿Es el derecho a la vivienda el derecho a una ventana viva?
La decencia del espacio público también puede medirse: infraestructuras adecuadas, aceras decentes, evitar el mobiliario roto o descuidado, etc. ¿Podría hablarse de una ciudad mínima ? ¿Dependería de la calidad del espacio público?
¿Hasta qué punto es necesaria para la vida urbana la “productividad invisible” de los espacios urbanos cargados de historia? ¿Tiene la ciudad que ofrecer a sus habitantes, además de la posibilidad de ganarse un sustento, un escenario donde representar el drama que se llama vida? En la ciudad moderna la productividad tiende a hacerse invisible y lo visible tiende a sistematizarse, a hacerse museo. ¿No es demasiado reductiva esta ciudad?
¿Ha pecado la gran ciudad contra la plaza, prescindiendo de ella o echándola a perder al extenderla en demasía? La verdadera ciudad tiene necesidad de historia: sólo mediante la historia deviene ciudad. ¿Cómo dar historia a esas grandes extensiones del suburbio?
¿Cómo hacer todo centro? ¿Cómo conseguir una integración espacial fundada en las múltiples relaciones, en todas las direcciones, con el mismo valor de todas las referencias, sin concesiones de clase o de riqueza? La ciudad es el lugar en el que se realizan todos los comercios (en todos los sentidos del término). ¿No es un delicado sistema de dispositivos de conmutación, a fin de que sus habitantes se eviten, se codeen o se encuentren cuando sea conveniente, que no puede reducirse a ingenieriles y banales sistemas de transporte y telecomunicación?
Al afrontar el problema del slum, ¿hay otra apuesta posible, viable, que la rehabilitación, el aprovechamiento de una riqueza que muchas ciudades no se pueden permitir dilapidar? Contra la visión y los errores de muchos de los grandes organismos centralizados, ¿hay otra solución viable distinta a la de “legalizar” los asentamientos, dignificarlos con políticas de integración, mejorar sus servicios?
¿No es urgente frenar radicalmente los desalojos forzosos? ¿Es viable otorgar a las favelas los atributos de la urbanidad: infraestructuras, servicios sociales y espacios públicos, y lograr así eliminar la estructura de gueto?
Las bolsas de pobreza están presentes en algunos barrios tradicionales de la ciudad histórica, centrales, y en determinados polígonos de bloques en proceso de degradación. Son las “áreas vulnerables”, las “zonas urbanas sensibles”, que sufren, cuando interesan, la expulsión de sus pobladores; y cuando no, la falta de inversión que acrecienta la pobreza. Hacia ellas se dirige la inmigración no reconocida. ¿Reside aquí el principal problema de la pobreza urbana en las ciudades ricas?
Es imparable el mestizaje del mundo y la individualización de las conciencias. ¿Cómo reconstruir espacios donde se conjuguen, con vistas a este encuentro sin precedentes, “el sentido del lugar y la libertad del no lugar ”? Cuando hablamos de la necesidad de acoger al otro para fundar la ciudad, ¿debe respetarse su alteridad inquietante, su alteridad radical?

4 SOBRE EL DERECHO AL TRABAJO Y EL DERECHO A LA SEGURIDAD SOCIAL

¿La ciudad mata?
Directora y guionista: Gracia Querejeta
Duración: Alrededor de 7 minutos
Director de fotografía y cámara: Jordi Abusada
Producción (2): Goyo Hebrero-José Gago
Ingeniero de sonido: Marcos Salso
Montador: Nacho Ruiz Capillas
Músico: Luis Mendo
Localizaciones: Madrid

El espíritu de la nueva frontera

Fundar (o refundar) una ciudad era siempre una llamada. Se llamaba a la gente para que acudiese, se la requería, se facilitaba su instalación, se ofrecían tierras, trabajo, toda clase de ventajas. Los dos materiales con que siempre se ha construido la ciudad han sido la inmigración y los derechos. Con gente que venía de fuera (“las ciudades fueron creadas por emigrantes”, escribió Zambrano) y con el establecimiento de un conjunto de derechos que finalmente desembocaron en lo que se ha dado en llamar precisamente la ciudadanía. Recibiendo gente y reconociendo derechos, las ciudades han desplegado todo su atractivo. Florencia se desarrolló en los siglos XIV-XV “introduciendo el tema de las relaciones entre ciudadanos autóctonos y forasteros” (Franchetti). La taracea del Estambul otomano fue un ejemplo de convivencia pacífica entre personas y grupos de origen y credos diversos (De Nerval), con una voluntad de “vivir con el Otro, en medio del Otro” (Hichem Djait). La principal virtud de San Francisco, su carácter neutro sobre las colinas, es “una estructura de base para acoger los miles de nuevos residentes que se instalaron en un tiempo muy corto” (Reps). El arquitecto Hobrecht diseñó en 1858 un plan para hacer de Berlín una capital-metrópoli, afirmando que “por motivos de orden moral y, por tanto público, me parece que se debe aspirar no a la segregación sino a la integración”. Lo que daba a la Alejandría de principios del siglo XX “un algo especial era su población cosmopolita: griegos, italianos, británicos, franceses, armenios, rusos, mezclándose unos con otros” (Haag).

La Nueva York a la que llegaban decenas de miles de inmigrantes detrás del sueño americano (el sueño de una ciudadanía y oportunidades de mejora material) se convirtió en modelo urbano del mundo. Y así cuantas ciudades se quiera, vivieron o viven sus mejores momentos abriéndose a la gente de aquí y de allá, dándoles fuero.

Sorprende que el urbanismo actual parezca ajeno a este que es su principal asunto: gente y derechos. Y pues ya que “nadie tiene más derecho que otro a estar en ningún lugar del planeta” (Kant), es de ley favorecer la llegada del otro. Y las ciudades tendrán que dar la cara en su defensa. Es su responsabilidad y su interés. La tardanza en este reconocimiento sólo añade sufrimiento innecesario (una noticia habitual de los periódicos). El urbanismo y las ciudades vivieron momentos de renacimiento cuando se demolieron las murallas que las constreñían y lastraban. ¿No ha llegado el momento ya de demoler otras murallas y dibujar un urbanismo hospitalario que lleve a unas ciudades y un urbanismo nuevamente revivido?

Un derecho más, un problema menos. Hacia la libertad de asentamiento


Vista de Bergen, Noruega.

¿Por qué es el derecho al trabajo el más incomprendido de los derechos económicos, sociales y culturales? ¿Por qué tan a menudo queda rebajado al derecho a tener un puesto de trabajo y a la obligación de garantizar el pleno empleo?
¿No es la ciudad el lugar privilegiado donde se plasma ese equilibrio conflictivo y frágil entre lo económico y lo social? ¿Entre el respeto de las condiciones para producir la riqueza y la exigencia de protección de quienes la producen? ¿Qué tiene que decir el urbanismo?
Karl Polanyi entendía la organización de la economía apoyada en dos soportes: el mercado y la protección social. No compartía la convicción neoliberal de que el miedo, el temor garantiza un mejor trabajo. ¿Por qué quienes defienden esa pretensión cuentan con contratos blindados ?
Políticos y administradores destinan cada vez más recursos a promover políticas activas y belicosas para promover la ciudad en la escena internacional. ¿Eso justifica dejar aparcadas las competencias urbanísticas tradicionales de distribución de recursos o de previsión de servicios para sus ciudadanos? Con estilo empresarial y políticas especulativas, arriesgando fondos públicos, favorecen determinados lugares de la ciudad para lograr un supuesto efecto cascada. ¿Eso justifica abandonar la distribución de los recursos en el territorio?
Una ciudad centrada en “crear un buen clima para los negocios”, ¿es una ciudad buena para la mayoría de la gente que vive en ella? ¿Por qué siempre se trata de actuar en favor de ciertos intereses en detrimento de los demás?
¿Qué es lo primero, crear riqueza o erradicar la pobreza? ¿Es admisible un urbanismo que no reaccione contra la progresiva reducción de algunos ciudadanos a parásitos? ¿Por qué ahora los derechos y las protecciones del empleo son considerados como un obstáculo de la competitividad?
¿Por qué no favorecer un empowerment municipal en favor de todos, integrador? ¿Basta con el mercado para que la pobreza urbana acabe desapareciendo? ¿A qué plazo? ¿Puede ponerse un plazo? La idea de una distribución diferida de la riqueza, ¿es una opción política urbanística aceptable?
Las medidas contra la pobreza se basan hoy en la transferencia de recursos públicos mediante políticas redistributivas, pero también en la represión y ocultación (de los “sin techo”, los antiguos vagamundos), y caridad pública y privada. ¿Es admisible a estas alturas del siglo?
Los pobres de la ciudad no son sólo los mendigos. También son familias que sufren deshaucios, mal nutridas, con hijos sin escolarizar o con trabajos mal pagados, precarios e ilegales, cuyos insuficientes ingresos deben unir a la asistencia pública y la caridad privada. ¿Es admisible?
La libertad de asentamiento es un derecho que no puede soslayarse. Tarde o temprano pasará a formar parte del listado básico de derechos. ¿Cómo contribuir, desde el urbanismo, al acceso a otros derechos de los “sin papeles”? ¿Cómo conseguir la visibilidad de estas personas en la ciudad? ¿Cómo que puedan tener nombre, cómo iniciar la integración sin tener que esperar dos generaciones de sufrimiento?
¿Se es realmente consciente del enorme porcentaje de recursos públicos que se lleva la construcción de nuevas infraestructuras? ¿Se es consciente de que habitualmente el diseño de las infraestructuras tiene su propia lógica, tantas veces ajena a toda política urbanística integradora? ¿Se es consciente del potencial reformador que se pierde?
Para evitar abusos del estatuto de los trabajadores, ¿no habría que promover la transparencia de los lugares de trabajo, como antaño se hizo con la vivienda, planteando su visibilidad desde fuera, su control público directo?
¿Cabe defender desequilibrios urbanísticos (por la calidad del espacio público, por las dotaciones, por las relaciones) entre distintos espacios de trabajo en las ciudades? ¿Cómo podría actuar un ayuntamiento para promover la equidad entre las áreas de trabajo? Si somos “seres con cerebro y manos” (Tomás de Aquino), ¿por qué sobrevaloramos los espacios de trabajo intelectual e infravaloramos los ámbitos de trabajo manual?
El respeto, la dignidad de la persona, se ven afectados por el trabajo y los servicios sociales. ¿Cómo universalizar los equipamientos, en un nuevo estado del bienestar, más allá de un dudoso sistema de correlaciones entre usos y tipo de dotaciones? ¿Cabe plantear un estándar universal de suelo para equipamientos, sea cual sea el carácter de cada zona? ¿Tiene razón Bauman, citando a los promotores británicos del estado del bienestar, de que deben plantearse los elementos de éste sin investigación de ingresos ?
¿Qué significa la fraternidad en el urbanismo? ¿Cuál es la situación crítica del trabajo en las ciudades de países pobres? Una violación particularmente atroz del derecho a la libre elección del empleo es el trabajo forzoso, el trabajo exigido mediante amenaza de algún tipo de castigo, ya sea penal o la pérdida de derechos o privilegios. ¿Puede pensarse en alguna implicación urbanística, al menos basada en la información?
Las mujeres se concentran, incluso hoy, en los segmentos peores del mercado del trabajo. ¿No debería ser ese el primer asunto de un urbanismo de género?

5- SOBRE EL DERECHO AL ORDEN Y EL DERECHO A LA PARTICIPACIÓN

Lo que no se ve
Dirección y Guión: Miguel Albadalejo
Duración: 6 minutos
Actriz: Silvia Micó
Jefe de producción/ayudante de dirección: Javier Mori
Ayudante en Nueva YorK: Juanjo Martínez
Localizaciones: Museo Tiflológico de la ONCE en la C/La Coruña (Madrid), Aeropuertos de Barajas y Nueva York y Aviones, Ferry y Estatua de la Libertad en Nueva York, Paseo en helicóptero por NY

La ecología, amigos, la ecología

En poco más de un siglo hemos logrado una contaminación masiva antes desconocida del aire que respiramos ( smog ), hemos ensuciado hasta extremos insospechados nuestras fuentes de agua dulce, hemos producido residuos radiactivos intratables, ¿somos unos inconscientes o preferimos mirar para otro lado (un suicidio lento)?
Pero por otro lado existe desde hace años una corriente popular en favor del medio ambiente que apoyaría medidas profundas y comprometidas. ¿Qué impide aprovechar este impulso? ¿Por qué nada parece avanzar suficientemente?
El derecho a la salud es el derecho a un ambiente higiénico. Y sin embargo, ¿por qué los avances del progreso higiénico sólo benefician a una parte de la sociedad, mientras parecen alejarse del resto?
Disponemos de medios que no existían hace tan sólo 50 años, pero ¿por qué se distribuyen de manera terriblemente injusta? El viejo urbanismo sanitario proyectaba los avances en agua y saneamiento para todos . ¿Se ha perdido ese espíritu del ingeniero? ¿No está de moda el imperativo de la salud pública?
Hoy la salud en la ciudad está en gran parte en el aire. Disponemos de mucha mejor tecnología, pero ¿por qué la contaminación atmosférica nos acecha cada vez más peligrosamente? Disponemos de mejores medios para suprimir ruidos, y sabemos que l os actos ambientales ruidosos, como stressores , perjudican la salud cardiovascular y a la larga la salud mental. ¿Por qué aumentan? En este contexto, l a frase de Hölderlin: “allí donde crece el riesgo crece también lo que salva”, ¿es ingeniosa o estúpida?
La depresión y el estrés ganan terreno. ¿Ha llegado el momento del elogio de la lentitud?
El concepto de ecosistema urbano aúna informaciones y criterios sobre la salud, el aire, el flujo de materiales o la energía. ¿Para cuándo la conciencia de los límites? Los discursos sobre el medio ambiente son de exasperante uniformidad: los datos se acumulan y nos explican que así no podemos seguir. Una y otra vez. ¿Debe ser el miedo a catástrofes sanitarias el motor del cambio hacia un urbanismo más sensato?
El transporte es la principal dolencia de los ecosistemas. Pero la economía es dependiente del transporte y la propensión cultural a moverse en automóvil parece irresistible. ¿Son tan grandes los intereses del petróleo y los automóviles como para envenenar la ciudad y la Tierra? Cuando llega la congestión, es imposible hacerla desaparecer. Más y más vías nunca pueden con un tráfico que se multiplica más deprisa aún. ¿Hemos de comenzar a eliminar infraestructuras?
En 2000, la Organización Mundial de la Salud estimó que 1.100 millones de personas carecían de acceso a un suministro que pudiera proporcionarles el agua limpia potable necesaria para vivir con dignidad. La falta de agua limpia provoca la enfermedad y la muerte de millones de personas cada año (en su gran mayoría niños). ¿Cómo aumentar los recursos hídricos sin comprometerlos? ¿Cómo promover su cosecha ?
Hay que inventar una nueva gestión del agua. La doctrina de la confianza pública es aquí fundamental. En muy pocos ámbitos existe un desfase tan enorme entre las políticas y la realidad como en los temas del agua. ¿Cómo combatir a los señores del agua?
Somos totalmente dependientes del capital biológico. ¿La diversidad cultural humana podría considerarse como parte de la biodiversidad?
Pero sobre todo, el asunto clave es la huella ecológica. Tolstoi se preguntaba: ¿cuánta tierra necesita un ser humano? Ahora hemos de decir, ¿cuántas tierras necesitamos?
¿Cuántas veces hay que cuestionar el modelo de consumo? ¿Hasta dónde hay que forzar la convergencia en un valor medio sostenible? Como si hablásemos de un nuevo comunismo. ¿No es éste el desafío, repartir equitativamente el espacio ambiental disponible por habitante en el planeta?
La ecología de la pobreza, ¿no exige actuar frente a la pobreza como ante la imposibilidad ecológica de la riqueza? Walter Benjamin dejó escrito que “en la historia de la humanidad no hay pieza o elemento civilizatorio que no haya sido también un elemento de barbarie”. ¿No ha llegado el momento de una rectificación radical del concepto lineal, ilustrado, de progreso? ¿No debe descartarse el punto de vista eurocéntrico (luego euro-norteamericano) que ha caracterizado incluso las opciones económico-sociales tenidas por más avanzadas en el último siglo? ¿No debe avanzarse hacia un nuevo laicismo basado en la autocrítica de la ciencia y la crítica del complejo tecnocientífico que domina el mundo?
Se precisa el cultivo de la austeridad (imprimir esa cultura). Y sin embargo, ¿vivimos una vez más la idolatría del gigantismo? ¿Hasta dónde hemos de llegar para ver la necesidad de algún principio de autolimitación?
¿Es razonable enfrentar al eslogan: “la economía, estúpido, la economía”, este otro: “la ecología, amigos, la ecología”?

Unas prácticas mejor que buenas


Ciudad Bolívar, Plaza de los Sasamanes

Están de moda, desde hace algunos años, los listados de buenas prácticas . Tienen mérito: ilustran de soluciones que son reales, que se han llevado a cabo con éxito. Pero también tienen sus límites: con demasiada frecuencia no pueden despegarse del caso concreto, y su generalización o traslado, en consecuencia, es difícil. Buscamos, por tanto, experiencias que ilustren no sólo un correcto planteamiento y una posibilidad real (buenas prácticas), sino que sean críticas, que supongan otra ciudad. Y así, entre otras: Ejemplos de apertura de gated communities . Ejemplos de medidas activas y pasivas para la promoción urbanística del pacifismo, frente a la agresividad creciente del espacio urbano. Ejemplos de reequilibrio entre las condiciones urbanísticas de los diferentes lugares de trabajo. Ejemplos dirigidos a corregir la deriva de los equipamientos públicos. Ejemplos de peatonalización del territorio. Ejemplos de apertura pública de los denominados “no lugares”, para frenar la privatización en el acceso y uso de ámbitos tan cruciales en la definición urbana. Ejemplos de urbanización del slum . Ejemplos de vinculación de la rehabilitación y regeneración urbana de áreas vulnerables con los desarrollos del crecimiento urbano. Ejemplos de interurbanización , entendida en el sentido de impulsar el multiculturalismo en el diseño urbano. Ejemplos de actuaciones dirigidas al fomento de la mezcla (de todo tipo: usos del suelo, edificaciones, tradiciones, etc.) como forma de cultura típicamente ciudadana. Ejemplos de adecuado tratamiento urbanístico del derecho a la democracia paritaria. Ejemplos de discriminación positiva en el tratamiento del espacio urbano respecto a personas con discapacidad. Ejemplos de tratamiento de las fronteras y los espacios fronterizos de cara a un mundo futuro en el que llegue a establecerse el “derecho a la movilidad universal que incluye el derecho de toda persona a migrar y establecer su residencia en el lugar de su elección”. Ejemplos de aplicación de un modelo urbanístico austero, en lo que se refiere al consumo de suelo, a las tipologías más sostenibles, al tratamiento de la movilidad. Ejemplos de aplicación de un urbanismo poético, no reduccionista ni mecanicista, sino abierto al entendimiento del mundo y la ciudad como espacios de libertad y liberadores. Ejemplos de impulso de la participación de la población en la formulación de los planes urbanísticos mediante el recurso a los “planes paralelos”. Etc.

 

6- SOBRE EL DERECHO AL ORDEN Y EL DERECHO A LA PARTICIPACIÓN

Fora de dins (Fuera de dentro)
Guión y dirección: Joaquim Jordà
Duración: 5 minutos
Cámara: Anna Sanmartí
Sonido: Amanda Villavieja
Localizaciones: Barcelona ciudad

Tres ciudades. De la ciudad del príncipe a la del último ciudadano

La ciudad antigua se construía a imagen y semejanza del príncipe. Era la ciudad del orden, la que muchos tienen todavía en la cabeza como ideal. Se construía mediante un proyecto.
La ciudad moderna es la de las mayorías. La del bien común y la técnica de la estructura urbana. Que utiliza con profusión la metodología científica, la matemática, la estadística. De lo que se trata en ella es de adecuar el conjunto urbano a las necesidades de la mayor parte de la población.
Las diferencias entre una y otra no se explican sólo por la evolución del diseño o del gusto. Los cambios han sido más profundos. De hecho, desde principios del siglo XVIII a finales del XX había cambiado por completo el modo de pensar la ciudad. Dicho en lenguaje grandilocuente, hubo una sustitución del paradigma urbanístico.
Ahora se intuye un cierto agotamiento del modelo de ciudad de las mayorías que ha tenido una extendida vigencia. Los derechos económicos y sociales, que constituyen el núcleo del “derecho a la ciudad”, no prosperan: hay evidencias aplastantes en todas las ciudades, del 2º al 4º mundo. Y los instrumentos urbanísticos al uso no sólo no atajan la injusticia, no la dulcifican, sino que puede decirse que contribuyen a acentuarla. El urbanismo no se mueve, no progresa. Atascado en su mundo, parece ensimismado.
Hace falta una nueva idea de ciudad. Si la primera apuntaba al orden, y la segunda a la democracia, ahora parece necesario centrarse en el derecho. Pues no cabe sacrificar ningún derecho de ninguna persona, por mucho que tal privación pudiese beneficiar a la mayoría.
Y así, cuando no bastan las declaraciones bienintencionadas, se ha de pensar en un nuevo paradigma, una tercera idea de ciudad. Definir un “urbanismo del derecho” para que el último ciudadano, aquél que antaño era menos que súbdito, y que hoy queda fuera (por abajo) de las mayorías, pueda usarla con dignidad, vivirla con descanso. Cerrar un ciclo: de la ciudad del príncipe a la del último ciudadano.

Contraplanes, presupuestos participativos, técnicos de oficio


Foto de los eco-guerreros subidos a los árboles para evitar la construcción de la variante de circulación de Newbury, uno de los proyectos viarios más polémicos de los últimos años (Berkshire, Inglaterra, autor: Andrew Testa, 1996

¿Por qué este término, participación, reaparece una y otra vez de todo intento de supresión o falseamiento; sobrevive a su afirmación demagógica; resurge tantas veces como es abismado?
Lewis Mumford entendía que la ciudad se ha hecho para el diálogo entre los ciudadanos: “Acaso la mejor definición de la ciudad –escribió-, en sus aspectos más elevados, consiste en decir que es un lugar destinado a ofrecer las mayores facilidades para la conversación significativa”. ¿Cabe pensar un urbanismo decente que no sea radicalmente democrático, que no suponga un resurgir enérgico de la participación?
¿Quién tiene derecho a participar ? Y de quienes lo tienen, ¿lo poseen todos en el mismo grado? ¿Tienen el mismo derecho a participar quienes viven en el barrio hace décadas y los inmigrantes que acaban de llegar? Más aún: ¿tienen el mismo derecho quienes pretenden (o no tienen más remedio que quedarse a vivir en él por mucho tiempo y quienes esperan la primera oportunidad para abandonarlo?
¿Es la participación en el proceso general público un signo de clase (un indicador de pobreza)? ¿No van los poderosos directamente a los despachos?
¿Cómo no sublevarse contra un urbanismo cuya única preocupación parece ser, demasiadas veces, el reparto de los beneficios del negocio inmobiliario? ¿No se presta excesiva atención a un aspecto que debería ser muchísimo menos relevante?
¿No se participa sólo en las migajas? ¿No debería incluir la democracia el acceso abierto, la participación voluntaria, la libertad para expresar opiniones y para discutir; pero también la de criticar el modo en que el poder gubernamental está organizado?
Si la exposición pública del urbanismo no es bastante, ¿qué formato adoptar para la participación? ¿No son necesarios nuevos “espacios de encuentro”, tanto lugares físicos, donde pueden interactuar urbanistas y ciudadanos, como espacios de debate donde centrar la discusión?
De hecho, ¿no son los presupuestos participativos, la asignación abierta de recursos públicos municipales, el mayor impulso de este tipo de procesos? ¿No acabarán integrando a los demás procesos participativos de todo orden?
¿Al hablar de participación, hablamos siempre de lo mismo? ¿A qué responde tanta literatura sobre la participación, a qué ese rechazo del caso único, cada ciudad es única, singulares son las circunstancias de cada caso, si siempre derivamos en fórmulas de participación muy parecidas?
La participación, ¿siempre obliga a poner por delante el corto plazo sobre el largo plazo, menos pensamiento que sentimiento? ¿Cómo incorporar novedades cuando la herramienta de la gente es el sentido común?
¿Puede contribuir la participación a reaccionar frente a la tiranía del pensamiento único? ¿Cuál ha de ser el motor? ¿El coraje cívico?
¿Cómo participar en algo que requiere a la vez compromiso técnico e implicación poética? Pues ¿cómo se argumenta la belleza?
¿Somos conscientes de los riesgos del exceso de información visual? La información visual de los nuevos medios, que asalta el corazón de masas y minorías, ¿perturba el conocimiento, transmitiendo una imagen del mundo y un repertorio de conductas sin necesidad de largas declaraciones ni de pasar por la aduana de las facultades raciocinadoras, discursivas y abstractas? Los efectos del discurso verbal varían enormemente según el bagaje cultural de los receptores, pero los efectos de la información visual sacuden de una manera infinitamente menos diferenciada. ¿Son preferibles para el urbanismo?
Dijo Fellini: “La televisión, en lugar de dar información o cultura, lo destruye todo, como una inundación, como una tempestad”. ¿Qué nos cabe esperar? En un mundo disuelto en una lluvia de insignificantes fantasmagorías, ¿qué suelo nos queda firme? Entre un piélago de imágenes y una continua oleada de palabras, bajo una avalancha de información, pero sin tiempo para reflexionar, ¿qué razón nos queda?
El sistema planificador, ¿depende de la tecnoestructura? Si es harto conocida la capacidad del sistema para adaptar los fines de la sociedad a los suyos propios, ¿cómo defendernos? ¿No es signo de cultura y razón ahondar al máximo el vacío entre pregunta y respuesta, demorándose?

La estupidez urbana

Podrían parafrasearse los cuatro tipos de personas que estableció Carlo M. Cipolla en su Allegro ma non troppo , aplicándolos al urbanismo. Y hablar así de un urbanismo ingenuo (aquel que causa perjuicio a sus promotores, beneficiando a los demás); inteligente (aquel que beneficia tanto a sus promotores como a los demás); malvado (el que obtiene beneficios para sus promotores, perjudicando a los demás); y estúpido: el que causa pérdidas a unos y otros, incluso a sus promotores. Muchos piensan que el problema del urbanismo es que está dominado por envilecidos especuladores. Pero se ven algunas actuaciones que nos hacen dudar. ¿Realmente domina el urbanismo malvado, o hay razones para pensar que es el estúpido el que más se extiende?

7- El horizonte de la ciudad

Director y guionista: Pedro Barbadillo
Vídeo documental. 7 min.
otros datos....

Qué significa en ciernes

El título ciernes responde a varios motivos, que se corresponden a los diversos significados de la palabra. Expresa a la vez algo que está naciendo y algo que se está fecundando, que resulta de la colaboración de instancias diversas, todas positivas. En cierne o ciernes se dice de la vid, el olivo o el trigo cuando están en flor. Cuando está fecundándose la flor. Y también se dice, unido a un nombre (“abogado en cierne o en ciernes”), cuando se encuentra en sus principios, lejos aún de la perfección, pero en camino de ser lo que el nombre indica. Aquí nos interesa hablar de este último aspecto de la ciudad: lejos de su perfección pero en camino de ser lo que la ciudad siempre ha prometido. Pero nos interesa también la idea de fecundación entre términos distintos: entre esos derechos que, pareciendo a veces contradictorios, sin embargo se potencian.

¿Es pedir mucho? Cómo definir un urbanismo básico

¿Acaso no tenemos ya suficientes “señales de los tiempos” para volver a empezar? Y ese recomenzar, ¿no ha fundarse en la razón? Si la razón es la médula de la dignidad, ¿cabe pensar un urbanismo de los derechos humanos que no sea rigurosamente racional?
¿Puede definirse un urbanismo básico , un conjunto de pautas urbanísticas que contribuyan a la materialización esencial de los derechos humanos en la ciudad? ¿Es posible definir algunos criterios básicos que cualquier plan deba respetar para contribuir al cumplimiento de los derechos del último ciudadano?
Poder andar la ciudad con dignidad, ¿es pedir mucho? ¿Es posible, tiene sentido plantear cualquier ordenación urbana que no garantice una buena circulación a pie de todos los que por allí puedan moverse?
Evitar riesgos innecesarios: ¿es pedir mucho? ¿Es posible un urbanismo no entregado al tráfico rodado?¿No es radicalmente exigible la aplicación generalizada del principio de precaución en el urbanismo?
Estimular la confianza en los vecinos: ¿es pedir mucho? ¿Qué razones hay para desconfiar de la “vigilancia natural”, de esos miles de ojos de los vecinos sobre la calle? ¿No debe defenderse, precisamente por razones de seguridad, la ciudad abierta?
Reequilibrar los atractivos de la ciudad: ¿es pedir mucho? ¿Sería legítimo entender que un propósito básico del urbanismo es el de hacer atractivos, igualmente apetecibles, todos los espacios urbanos? ¿No es una finalidad del urbanismo reequilibrar permanentemente el interés de unos y otros espacios, rompiendo el gueto? ¿No es el gueto la máxima expresión de anticiudad y la síntesis de todas las formas de segregación?
Reequilibrar la dignidad pública de los espacios de trabajo: ¿es pedir mucho? Las ciudades son sede de la riqueza. ¿Es razonable promover un empowerment de los municipios, para que puedan actuar como agentes respetados en defensa de sus ciudadanos menos poderosos, y no limitarse a ser espectadores pasivos de un mercado que les deja fuera?
Distribuir equitativamente los equipamientos públicos: ¿es pedir mucho? Los servicios de los pobres ¿son unos pobres servicios? Distribuir las escuelas o los hospitales como se distribuye el agua, sin vincularlos a las condiciones económicas de los ciudadanos o los barrios. ¿Hay otra forma de evitar el estigma y la deriva de lo público?
Reducir, en lugar de aumentar, la huella ecológica: ¿es pedir mucho? ¿No es hora de pensar en una naturaleza que no sea de plató, un mero decorado, incorporándola como elemento estructural básico de su diseño? ¿Cuántos argumentos serán necesarios para reducir el consumo urbano e incorporar la austeridad como principio crítico?¿No se impone ya, con urgencia, la exigencia de reducir la agresividad con la tierra, como un principio urbanístico básico?
Sentir que se participa efectivamente: ¿es pedir mucho? ¿Cómo hablar en urbanismo c on voz de roble y con palabras simples, de arroyo, que en vez de separarnos, nos acerquen? ¿Podría contarse en el urbanismo con el apoyo de técnicos de oficio, tal como se da en el mundo del derecho?
Un poco de dignidad. ¿Es pedir mucho? ¿Cómo conseguir un urbanismo de todos, sin exclusiones? ¿Qué técnica habrá que aplicar? ¿Qué organización? ¿Qué política llevar a cabo? ¿Cómo hacer una ciudad abierta, sin fronteras, hospitalaria, igualitaria, mestiza, cosmopolita, defensora de una cultura universal? ¿Qué urbanismo para construir una ciudad hospitalaria con la inmigración que llega?
Si el ombligo no es un órgano tan importante, ¿por qué tanto tiempo mirándolo? ¿No habrá que dirigir la vista alguna vez a la ciudad real que nos rodea? En definitiva, ¿podemos esperar que algún día, no demasiado lejano, todo el mundo, o por lo menos una gran parte del mismo, acabe poniéndose de acuerdo en que esos derechos son nuestra única salida; que es necesaria menos competición y más sensatez compartida? Si no se consigue captar la atención de los ciudadanos, estamos perdidos. ¿Cómo mantener la tensión de mejora para todos en la ciudad que, como la democracia, nunca está ganada?

Proyecto, estructura, bases

Ile de Gorée
Foto de Valerie Durand, de la Ile de Gorée

Seguramente no es posible pensar un nuevo urbanismo sin enriquecer los viejos instrumentos. La ciudad del príncipe se construía mediante el proyecto, y la ciudad de las mayorías añadió un plan basado en la técnica de la estructura urbana. Con la primera se pretendía cercanía, con la segunda elegancia.

Ahora que se propone una ciudad del derecho, con el propósito de la dignidad de todos los ciudadanos, la técnica que necesitamos, ¿puede mejorarse con el establecimiento de unas bases que hayan de cumplirse, como normas o principios, en cualquier plan, en todo proyecto, en cualquier actuación que se pretenda sobre la ciudad?

 

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