FESTIVAL DE LA GUITARRA...Y DEL PIANO

FESTIVAL DE LA GUITARRA... Y DEL PIANO

Egberto Gismonti, piano.

6 de julio de 2005.

21:30h.

Gran Teatro de Córdoba.

Aforo: casi lleno.

“No, si París es también una ciudad bonita, pero... ¿qé tiene qe ver con Córdoba?” le dijo Egberto Gismonti por teléfono al encargado de la compañía aérea, cuando éste le acababa de explicar qe habían enviado sus guitarras a París. Las guitarras de Gismonti y su hijo Alexandre, un par de guitarras cuya construcción había llevado cinco años y qe iban a ser tocadas aqella misma noche a dúo en el Gran Teatro de Córdoba, estaban dando vueltas por el mundo. Así pues, la organización propuso a Gismonti dar el concierto con piano. “¿Piano en un festival de guitarra?” . Era la única manera de salvar el concierto: elegir uno, ensayar un programa improvisado y tocar por la noche. Ningún problema para él, virtuoso también de este instrumento.

Y así fue. Salió al escenario entre aplausos con un público cálido pero un tanto disgustado por no poder verlo con su guitarra. Se sentó al piano, pensó unos instantes y tocó, vaya si tocó. Un hombre así de curtido está siempre preparado para todo. Gismonti bebe de la música popular brasileña, del jazz, de la música clásica, de la armonía contemporánea, y una amalgama de todo eso fue precisamente lo qe ofreció.

Al término de cada tema el público se calentaba más y más viendo y escuchando a este enorme compositor e intérprete, tierno a veces, agresivo otras, rápido de pensamiento, veloz con las manos, nunca falto de ideas. El programa improvisado nos llevó a un fluir sin fin en el cual iba desarrollando piezas propias, a veces enlazando una con otra, a veces citando una en medio de otra. Jugó mucho con sus fans anunciando sus temas antes de llegar a ellos, dándoles lo qe esperaban en el momento, negándoselo para dárselo después... Incluso citó a Piazzolla en medio de su propia música.

De repente, terminó. No llevaba una hora. El público, completamente enloqecido, lo sacó con sus aplausos otra vez al escenario. Gismonti tocó de nuevo, saludó y se fue. El fervor del público volvió a sacarlo. Él saludó y se fue sin tocar, pero el público obviamente qería más. El gesto de un sudoroso Gismonti al salir de nuevo fue revelador, como aceptando un hipotético reto de la audiencia, y volvió a tocar. El teatro se vino abajo.

Un concierto qizá excesivamente breve, pero tremendamente intenso. Tanto, qe por una noche Córdoba se olvidó de la guitarra.

 

- Trabas.

 

01-PRESENTACIÓN Edición 2005

04-NOCHE DE BRONCE EN CÓRDOBA

02-FESTIVAL DE LA GUITARRA... Y DEL PIANO

05-BROUWER, HONORES DE VUELTA AL GRAN TEATRO

03-CUBA, ARGENTINA Y BRASIL EN EL PATIO BARROCO

 

06-crónicas completas de otras ediciones del festival

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